Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
LA CARRERA HACIA LA CASA BLANCA | Segundo debate presidencial

Bush y Kerry entran en el cuerpo a cuerpo

Los dos candidatos muestran de nuevo profundas discrepancias sobre Irak en el segundo debate

San Luis
La carrera hacia la Casa Blanca está más abierta que nunca. El presidente, George W. Bush, y el senador demócrata John Kerry libraron un enfrentamiento sin cuartel en su segundo debate electoral televisado. Irak, los impuestos, el empleo y la sanidad dominaron la discusión que terminó con una ligerísima ventaja, según los sondeos, del candidato demócrata. Bush mejoró su actuación de la semana pasada en Miami, más cómodo con el formato de este debate en el que participaba el público y que le permitió desplegar su estilo campechano. Kerry, en un tono más profesoral, atacó sin descanso al presidente y mostró su dominio de los principales temas. La próxima cita tendrá lugar en Arizona.

John Kerry ganará o perderá las elecciones dentro de 22 días, pero el viernes por la noche, en San Luis, volvió a demostrar que es mejor que George W. Bush en los debates. El presidente se recuperó notablemente de su pobre actuación en Miami y los dos candidatos mantuvieron un enfrentamiento sin cuartel, especialmente sobre Irak. Demostraron que no se gustan nada y trataron de transmitir ese sentimiento al electorado. Kerry fue agresivo y argumentó con claridad y brillantez, pero Bush logró esta vez introducir sus argumentos. Los dos cumplieron uno de los objetivos: gustar a sus bases. En cuanto al resultado del debate, los sondeos oscilan entre la victoria ajustada de Kerry y el empate. La carrera sigue abierta.

"El presidente ha transformado su campaña en un arma de ocultación masiva"

Bush necesitaba atacar, y lo hizo, pero en esta ocasión pareció más presidencial y más sólido. Kerry necesitaba ponerlo de nuevo a la defensiva, y lo hizo en varias ocasiones. La diferencia con Miami es que el presidente controló más en esta ocasión la irritación que le produce el senador, casi no puso caras raras y se concentró en la doble estrategia de defender su historial y criticar la credibilidad del demócrata. Además, Bush no olvidó mencionar por su nombre a las personas que le hacían las preguntas y no tuvo prácticamente silencios embarazosos o dudas (aunque en una de las respuestas le sobró tiempo).

Kerry acusó en su expresión algún golpe directo de Bush, pero quedó claro su dominio de los temas y que es un maestro del debate; quizá en exceso, para aquellos estadounidenses que aprecien más el tono de predicador convencido y campechano de Bush que la manera profesoral y poco emocional de Kerry. Prácticamente en todos los temas que surgieron -Irak, guerra contra el terrorismo, economía, empleo, seguro médico, medio ambiente y el aborto- los dos chocaron sin concesiones.

Irak fue rápidamente al primer plano, cuando Kerry tuvo que responder a la pregunta de por qué se dice que es un chaquetero. "Bush quiere hacer creer que yo no puedo ser presidente, quiere que la gente piense que he cambiado de opinión sobre Irak (...). El presidente no ha encontrado las armas de destrucción masiva, así que ha transformado su campaña en un arma de ocultación masiva". Bush no fue menos contundente: "Si hubiera dependido de mi adversario, Sadam Husein aún estaría en el poder". En varias ocasiones el presidente dijo, refiriéndose a las votaciones de Kerry en el Senado en 20 años: "Uno puede correr, pero no esconderse (...). Y no sé cómo alguien quiere dirigir este país en tiempos de guerra e incertidumbre si cambia de opinión por politiquerías".

Bush recibió una pregunta directa que cada vez preocupa más a los norteamericanos, en vista del panorama en Irak y del descenso en la afiliación a las Fuerzas Armadas: "¿Cómo mantener nuestro papel en el mundo sin recurrir de nuevo al servicio militar obligatorio?". "He oído los rumores sobre eso", respondió. "No va a haber servicio militar. Punto".

Como era de esperar, porque el viernes se conoció el dato de empleo - 96.000 puestos de trabajo, menos de lo esperado-, Kerry acusó a Bush de ser el primer presidente en 72 años que no consigue crear empleo; Bush le replicó diciendo que heredó una recesión a la que se sumó el 11-S y que gracias a las rebajas fiscales la economía se está recuperando. Además, reiteró su compromiso de mantenerlas y dijo que si Kerry ganaba, subiría los impuestos. Mirando a la cámara de frente -porque así se lo pidió el que le hizo la pregunta-, Kerry se comprometió a no subir los impuestos excepto para los que ganen más de 200.000 dólares (unos 160.000 euros) al año. "¡Naturalmente que les va a subir los impuestos!", dijo Bush, que tachó a su adversario de ser "uno de los senadores más liberales de EE UU", con la carga negativa que esa denominación tiene en la política estadounidense.

A Kerry le preguntaron sobre el uso del dinero público para costear los gastos de los abortos. Contestó que es católico, que fue monaguillo y que respeta la vida, pero que la ley es la ley. Bush aprovechó para decir que él firmó una ley contra un procedimiento específico para abortos tardíos y Kerry, no. Los dos discreparon sobre las limitaciones a la investigación con células madre y Bush tuvo que explicar -con poco éxito- por qué está en contra de la importación de medicinas baratas de Canadá, y Kerry le recordó que hace cuatro años dijo que era una buena idea. Ambos discutieron sobre la reforma del seguro médico para personas mayores, los abusos de las responsabilidades penales en los juicios y el medio ambiente.

Varios sondeos dieron la victoria a Kerry, pero sugirieron que hubo un empate. Según Gallup, el balance fue favorable a Kerry (47% contra un 45%). La cadena de televisión ABC dio la ventaja al demócrata (44% contra un 41%). En los actos posteriores al debate, Bush fue aclamado y dijo que estaba "lanzado" a la recta final, mientras que Kerry se atribuyó un 2-0, igual que su mujer, Teresa Heinz, que saludó a los jubilosos demócratas con un "¡Dos a cero, y el miércoles próximo, triple premio!".

La guerra como arma arrojadiza

Irak es el arma arrojadiza de los dos candidatos en estas elecciones. Para Kerry, es la prueba de la incompetencia de Bush. Para el presidente, es la prueba del nueve de que Kerry vota sí y no a lo mismo según el momento y la oportunidad.

A Bush le pidieron que señalara tres errores cometidos en su mandato en la Casa Blanca. Vano empeño. El presidente, que ya ha admitido algunos -pecados veniales-, sólo reconoció haberse equivocado con algunos nombramientos, pero se negó a dar nombres, dijo que "a veces se adoptan decisiones impopulares porque uno cree que es lo adecuado". Acusó a Kerry de falta de credibilidad por votar a favor de la guerra y en contra de su financiación. Kerry aseguró: "Nunca he cambiado de opinión sobre Irak; creo que Sadam Husein era una amenaza y siempre lo he creído", y dijo después: "Yo me equivoqué al decir hace dos meses que volvería a apoyar la guerra sabiendo lo que ahora sabemos, pero el presidente se equivocó al hacerla como la hizo. ¿Cuál de los dos errores es peor?".

Ayer, Bush insistió en su argumento: "Sin inmutarse, Kerry dijo que sólo ha tenido una opinión sobre Irak. ¿En qué planeta cree que vivimos?". Kerry había reiterado el viernes que él habría usado la fuerza "de manera inteligente, no precipitándose hacia una guerra sin un plan para ganar la paz". Kerry repitió que la coalición que hizo la guerra dejó mucho que desear y que ocho países la han abandonado: "Si Misuri fuera un país

[maneos de seis millones de habitantes], sería el tercero en población en la lista de los aliados, después de Estados Unidos y el Reino Unido", dijo, sin tener en cuenta a Polonia, Italia o Australia. Bush se enfadó, mencionó a Blair, Berlusconi y Kwasniewski (los respectivos primeros ministros de estos países) y dijo: "Hay 30 países allí. Es insultante para una alianza decir que somos sólo nosotros, despreciar los sacrificios que ellos están haciendo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 2004

Más información