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Reportaje:

Unas elecciones con pocos testigos

Sólo un centenar de observadores internacionales supervisará las elecciones presidenciales de mañana en Afganistán

"Salvo las fuerzas de seguridad, nadie puede entrar armado en el recinto del colegio electoral", subraya Ehsamtollah ante medio centenar de afganos que se preparan para ser observadores en los comicios presidenciales de mañana en Afganistán. "Si alguien entra armado, ¿tenemos que hacer un informe?", pregunta Heyatollah Nawabi desde el fondo del aula. "Primero, hay que asegurarse de que no es un policía", precisa paciente el monitor. Heyatollah es uno de los 4.000 observadores locales que mañana vigilarán el buen desarrollo de las elecciones. La comunidad internacional apenas ha enviado un centenar.

"Quiero ayudar a mi pueblo", asegura Heyatollah, un joven de 18 años en el último curso de secundaria. Puede que también ayuden los 10 dólares que va a pagarle la Fundación para unas Elecciones Libres y Justas (FEFA en sus siglas inglesas), aunque es un magro sueldo para una jornada que empezará a las siete de la mañana y no concluirá hasta pasadas las cuatro de la tarde. Eso sin contar que en algunas zonas del país los talibanes han amenazado de muerte a cualquiera que colabore en el proceso electoral.

Pocos de los 4.900 monitores llegarán a los lugares más remotos

"Vamos a tener observadores en más de cien distritos electorales", explica Said Niazi, presidente de la FEFA. "Nuestros voluntarios van a cubrir entre tres y cuatro distritos por provincia", añade. Niazi no esconde, sin embargo, su preocupación por el escaso número de vigilantes con que va a contar la elección. Parte del éxito dependerá, no obstante, de que los afganos la perciban como justa, y para ello es fundamental la verificación de observadores independientes.

La FEFA ha acreditado a 2.000 voluntarios ante la Comisión Electoral Conjunta. El resto, hasta 4.103, proceden de otra treintena de organizaciones que van desde el sindicato de periodistas, con 368 observadores, hasta la Asociación de Amas de Casa Afganas, con 4. Frente a este esfuerzo de la naciente sociedad civil afgana, la comunidad internacional apenas ha reunido a 438 vigilantes, de los que sólo 119 tienen estatuto de observadores, en su mayoría miembros de ONG radicadas en Afganistán.

La pequeña misión enviada por la Unión Europea, de 25 personas, se ha bautizado a sí misma como "equipo de apoyo a la democracia", ante la imposibilidad de hacer una tarea de observación creíble con ese número. Algo parecido sucede con los 30 enviados de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE). Además de estas "misiones de apoyo", varias embajadas y agencias de Naciones Unidas han acreditado a 264 "invitados especiales" que observarán informalmente el proceso.

Con 4.900 colegios electorales repartidos en 647.500 kilómetros cuadrados, un 30% más que la extensión de España, y tan sólo 2.800 kilómetros de viejas carreteras llenas de agujeros y parches, pocos de estos monitores internacionales llegarán a los lugares más remotos. Provincias como Helmand u Oruzgán, feudos de los talibanes y donde son más probables los intentos de intimidación a los posibles votantes, se quedarán casi seguro sin testigos.

"Esperábamos más observadores internacionales, pero al parecer Afganistán no ofrece los niveles de seguridad que requieren", lamenta Niazi. "Haber contado con ellos hubiera aumentado la legitimidad de las elecciones", admite, convencido de que esto incrementa la responsabilidad de su propia gente. Los 2.000 voluntarios de la FEFA se han preparado en cursillos intensivos de dos días en diversos puntos del país. Un manual en 18 unidades y la ayuda pedagógica del National Democratic Institute (una oganización no gubernamental próxima al Partido Demócrata de Estados Unidos que se dedica a promover la democracia) han apoyado el voluntarismo de los afganos.Por otra parte dos misiles hicieron explosión esta madrugada a 200 metros de la embajada de Estados Unidos en Kabul, según informa Reuters, sin que hubiera víctimas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de octubre de 2004