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OPINIÓN DEL LECTOR

Vivir en Hortaleza

Quien no protesta, se la lleva puesta. Ésta debe ser la máxima del Gobierno regional. Casco antiguo de Hortaleza: en un 1,5 kilómetros de radio contamos con un centro de atención a toxicómanas, otro de acogida de menores, de atención a inmigrantes, de jóvenes con problemas...

No pasa nada, los vecinos aceptamos: son centros de atención social muy necesarios. Pues eso deben de pensar en la Comunidad: como éstos no protestan, más caña. Un centro más: un reformatorio para jóvenes con antecedentes. Situación del centro: previo acuerdo Iglesia-Comunidad, se ubica en el antiguo edificio de los Padres Paúles. Éste tiene las celdas habitación de los chicos/as a escasos tres metros de las casas de los vecinos, ventanas frente a ventanas, separadas por dos estrechísimas calles muy concurridas; las broncas son frecuentes y violentas y los insultos de todo tipo a cualquiera que pase.

Llega un momento en que los vecinos no saben si viven en el reformatorio o son los chavales los que viven en sus casas. Analicemos la operación: beneficiados, curas y Comunidad. A los curas les arreglan el edificio -que por su estado no pasa, seguro, la ITE- y se soluciona su problema con Urbanismo.

Y la Comunidad justifica el expediente habilitando más plazas de internamiento, eso sí, en ambos casos a costa de lo que sea. Perjudicados: chicos/chicas internos y vecinos. Los primeros porque igual que aislarlos supondría marginarlos, la extrema y, recalco, extrema cercanía no favorece ni el trabajo de los educadores ni la reinserción de los chicos, que por su actitud (broncas, insultos, etcétera) con los vecinos no se granjean precisamente ni su respeto ni su simpatía. Aunque, por otro lado, no conviene olvidar que estos chavales son víctimas del sistema, proceden en su mayoría de familias desectructuradas, con muchas carencias y falta de valores. Y en cuanto a los vecinos, sin comentarios: sólo póngase en su lugar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 17 de septiembre de 2004