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Editorial:
Editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

A peor

Tres años después de aquel fatídico 11-S, ¿es el mundo más seguro? ¿Se está ganando la batalla contra el terrorismo? La respuesta es en ambos casos negativa. Es evidente que pueden repetirse otros ataques como aquél. España lo sufrió el 11-M en Madrid, tragedia de la que hoy se cumplen seis meses. Estos tres años están jalonados por similares atentados en Bali, Casablanca, Estambul o Yakarta. Y no cabe admitir que fueran inevitables. Durante todo el verano de 2001, como advirtió el entonces director de la CIA George Tenet, las alertas "parpadearon en rojo". El propio Clinton, para el que Bin Laden y Al Qaeda fueron una preocupación primordial en sus dos mandatos, ha venido a reconocer que fue un error no mencionarla por su nombre ni subrayar su carácter letal. Y el mayor error es no sacar lecciones de lo que ha ocurrido. No se combate al terrorismo escondiendo su identidad, sobre todo porque conviene movilizar a los ciudadanos, algo que se ha mostrado muy útil en la persecución de los asesinos de Atocha.

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Pese a los indudables esfuerzos realizados, los informes de la propia ONU han venido a confirmar que la lucha contra este terrorismo no ha dado frutos suficientes. Sus finanzas siguen prácticamente intactas. Puede que Bin Laden, escondido en algún lugar de Asia Central, y su organización hayan perdido operatividad, pero Al Qaeda ha avanzado como marca, y su fuerza como ideología, por sanguinaria que sea, gana adeptos. Tiene una componente ideológica e incluso emocional que no se debilitará mientras siga sin visos de solución el conflicto entre israelíes y palestinos -que la Administración Bush ha dejado pudrir- y prosiga la guerra en Irak. La propia invasión ha dado alas a este terrorismo global que se nutre de guerras locales y ha alimentado el intento de enfrentar Occidente y el mundo musulmán en un conflicto de civilizaciones.

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El 11-S despertó una ola de simpatía y solidaridad europea hacia Estados Unidos, que Bush no sólo no supo aprovechar, sino que despreció. Tres años después, justamente a causa de Irak, la brecha transatlántica se ha agrandado de forma preocupante, poniendo así en peligro una relación que es esencial para la estabilidad del planeta. El mundo cambió con el 11-S porque el ataque hizo cambiar a Estados Unidos, pero con su "guerra contra el terrorismo" Bush se ha adentrado en una nueva forma de imperialismo unilateralista, ha debilitado la ONU y el derecho internacional, y ha fragilizado las libertades civiles en un país que ha sido tantas veces su abanderado. Si el 11-S ha tenido un efecto devastador, no ha sido sólo por la acción terrorista de Bin Laden.

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