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61ª MOSTRA DE VENECIA

Spike Lee realiza en 'Ella me odia' una comedia irregular con toques grotescos

'Trabajar con lentitud', de Guido Chiesa, evoca el movimiento revolucionario boloñés de 1976

Spike Lee tiene un doble empleo en Venecia. Forma parte del jurado y presenta en Europa su última criatura, Ella me odia. La película, proyectada ayer, fue recibida con tibieza. Tiene más matices y menos filo que sus anteriores trabajos y el desarrollo resultaba irregular. Es, en cualquier caso, una obra muy visible. Dentro de concurso, la italiana Trabajar con lentitud , de Guido Chiesa, una evocación irónica y libre de nostalgias del movimiento revolucionario boloñés en 1976, fue aplaudida durante un par de minutos largos.

Ella me odia es una comedia de ribetes grotescos en la que se mezclan varios temas: la inseminación artificial, los escándalos financieros, los estereotipos raciales y culturales, la política y la hipocresía estadounidense respecto al sexo. El actor Anthony Mackie interpreta con talento a Jack Armstrong, un afroamericano empleado como ejecutivo en una compañía de biotecnología. Armstrong es un negro-blanco, un afroamericano acomodado. Su vida cambia cuando denuncia a sus superiores por un escándalo financiero y es despedido. Su ex novia, lesbiana, le ofrece una tabla de salvación: diez mil dólares por dejarla embarazada. Es el primer paso de un negocio floreciente. Otras 19 lesbianas acuden al antiguo ejecutivo reconvertido en semental.

El cineasta sureño afincado en Nueva York es ya un veterano y maneja con soltura todas las posibilidades técnicas a su alcance. Los flash-back y las secuencias oníricas del filme (hilarante el momento en que el espermatozoide cumple su misión fecundadora) están rodados digitalmente y enriquecen la textura del producto.

Spike Lee (Atlanta, 1957), también guionista de Ella me odia, explicó a la prensa que su intención consistía en contar cómo en su país se podía hacer dinero fácil al margen de cualquier consideración moral. Al final, dijo, lo importante es hacerse responsable de las propias decisiones. "No estoy en contra de la inseminación en parejas homosexuales y opino que una pareja del mismo sexo puede educar bien a un hijo. Sin embargo, me opongo a la clonación humana. Ése es el único tema en el que el presidente George W. Bush y yo estamos de acuerdo", declaró el cineasta.

El filme utiliza estereotipos para darlos la vuelta y mostrar el reverso de la sociedad estadounidense. Jack, un afroamericano sofisticado y muy alejado del gueto y del tópico racial y sexual, es considerado simplemente como un semental negro por un grupo de lesbianas deseosas de maternidad. "En realidad, el personaje es sólo un miembro de la comunidad negra y no nos representa a todos. Me sirve, entre otras cosas, para invertir los papeles y utilizar al hombre como objeto sexual", explicó Lee.

El director insistió en que su película carece de ambiciones políticas, aunque utilice un truco argumental y uno de los fogonazos digitales para evocar a Richard Nixon y criticar la falsedad de la clase dirigente en Washington. Precisó que respeta profundamente el trabajo de Michael Moore. "Creo que mi película no tendrá ningún impacto electoral. La de Moore, en cambio, sí. Sus filmes son inteligentes y se distribuyen en el momento justo".

Radio Alice

La obra presentada a concurso por el italiano Guido Chiesa, Trabajar con lentitud, tampoco tiene ambiciones políticas. Aunque su tema es Radio Alice, la emisora clandestina que galvanizó los ambientes contestatarios de Bolonia durante unos meses críticos de 1976. Después de Radio Alice cayó el diluvio: los años de plomo, la década en que se cruzaron los terrorismos rojo y negro, el choque violento que deslegitimó a las instituciones políticas, Partido Comunista incluido.

Chiesa se queda en aquel breve periodo de efervescencia previo a la primera víctima mortal y lo hace con humor, ternura y buen pulso. Es la enésima batallita de los años setenta, sí, pero se sirve con equilibrio (hasta los carabinieri salen relativamente bien parados), con sentido común (no hay nada más cómico que las gilipolleces proferidas por entonces en las asambleas) y con frescura. Se trata de una obra menor que no amargará la noche a nadie, procurará algunas risas y unos gramos de reflexión. Ya es mucho.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de septiembre de 2004