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OPINIÓN DEL LECTOR

Denuncia sobre el hospital San Cecilio

Somos un grupo de trabajadores del hospital clínico San Cecilio de Granada, pertenecientes a la plantilla de celadores, que pretendemos denunciar el estado de abandono en el que se halla el hospital y donde la calidad asistencial, de unos años a esta parte, se ha ido deteriorando progresivamente, al canzando niveles lamentables, merced a una cortedad de visión de increíbles proporciones por parte de la dirección de este hospital.

Padecemos una escasez de plantilla denunciada repetidamente. La dirección responde ignorándonos olímpicamente. Buena parte del material con el que trabajamos socava el ánimo del que lo utiliza y causa vergüenza propia y ajena: carros en condiciones deplorables, camillas altas y endebles, camas de un material pésimo y tecnología aún peor. A sumar el grave problema que supone el que no sustituyan más que en un 60% las bajas por enfermedad o accidente laboral. En consecuencia, se trabaja peor, produciéndose, en ocasiones, errores.

La impotencia en la que nos hallamos los trabajadores ha dado lugar a que exista un descontento generalizado, con las consecuencias que de ello se derivan: falta de estímulo, desencanto, estrés y aumento de bajas por la tensión psicológica. Queremos hacer saber:

Primero. La ética no es un concepto que los responsables de este hospital parezcan conocer. Les importa más una gestión económica saneada a que los enfermos reciban la calidad asistencial que merecen.

Segundo. La falta de escrúpulos de los gestores del centro demuestra una desvergüenza y desinterés absolutos.

Tercero. Los responsables hospitalarios son cargos políticos, burócratas que no buscan el beneficio de sus clientes (los enfermos) ni de la comunidad trabajadora. Sólo buscan ahorrar dinero estimulados por una estructura de poder que a finales de año los recompensa con una paga de beneficios.

Cuarto. La atención sanitaria no es un lujo ni un negocio, es una necesidad y un derecho.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de agosto de 2004