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Editorial:

El petróleo amenaza

El Banco Central Europeo ha matizado el optimismo relativo de Alan Greenspan, que acompañó su reciente anuncio de la subida de tipos en EE UU con un pronóstico expansionista de la economía estadounidense en cuanto cesen los "factores transitorios" determinantes de los disparados precios del petróleo. La autoridad monetaria europea teme que la incidencia de esos factores sea más duradera de lo previsto y que comprometa los objetivos de inflación y crecimiento de los países de la zona euro.

La escalada continúa y el brent alcanzó ayer el precio récord de 43,92 dólares el barril. Esta desmesura es fruto de una conjunción de factores verdaderamente excepcional. Por una parte, los riesgos derivados de las situaciones de inestabilidad simultánea en países como Irak, Venezuela, Nigeria o Rusia (crisis de Yukos); por otra, la presión de la demanda: la Agencia Internacional de la Energía, dependiente de la OCDE, ha fijado en 2,5 millones de barriles diarios el aumento del consumo previsto para este año como consecuencia del crecimiento de economías fuertemente consumidoras de energía, como la china.

Es la combinación de ambos factores lo que define la singularidad de la situación y dificulta la actuación correctora. La respuesta al crecimiento de la demanda sería un aumento de la oferta, lo que dependería ante todo de la OPEP, cuyos países miembros representan el 40% de la producción mundial de crudo y dos tercios de las reservas. Pero esos países, con la posible excepción de Arabia Saudí, ya están al borde de su capacidad productiva máxima, y para aumentarla se requerirían inversiones (y tiempo).

En todo caso, Europa, cuya dependencia energética del petróleo es demasiado elevada, sólo tiene dos opciones: impulsar medidas de ahorro e incentivar las energías renovables, como sostiene el Gobierno español; o bien decantarse, contra buena parte de la opinión pública y como vienen sosteniendo algunos expertos, por la energía nuclear. En España el problema es más acuciante por la fuerte dependencia del petróleo (el consumo energético lleva varios años creciendo más que el PIB) y por la existencia de una tasa de inflación superior a la de sus competidores.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 14 de agosto de 2004