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LA POSGUERRA DE IRAK

Powell anuncia en Bagdad más dinero para la reconstrucción y mano dura con los rebeldes

Mueren 13 civiles en los combates entre insurgentes y soldados norteamericanos en Faluya

En una visita sorpresa, el secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, prometió ayer en Bagdad acelerar el desembolso del dinero para la reconstrucción del país, de manera que haya más trabajo y mejoren los suministros. Al mismo tiempo, amenazó con usar el puño de hierro contra los terroristas y quienes luchan contra la presencia de la fuerza multinacional. Antes de su llegada, 11 civiles perdieron la vida durante los duros combates entre rebeldes y tropas de Estados Unidos ayudadas por la Guardia Nacional iraquí en Faluya, 50 kilómetros al oeste de Bagdad.

Powell se entrevistó con el presidente, Gazi al Yauar, a quien expresó la voluntad de EE UU de facilitar la concesión de contratos para obras de infraestructura con el fin de mejorar las condiciones de vida de millones de iraquíes privados de agua potable y suministro estable de electricidad. El jefe de la diplomacia estadounidense señaló que esto permitirá encontrar trabajo al que lo busque. "Si la población ve que el país mejora y que el dinero llega para facilitarles la vida, confiarán en el Gobierno y darán la espalda a los terroristas", dijo Powell, el funcionario estadounidense de mayor rango que visita Irak desde la transferencia del poder el 28 de junio.

Powell aprovechó la oportunidad para criticar sin rodeos los intentos del Gobierno de Teherán por incrementar su influencia entre la comunidad chií iraquí. "Irán tiene la capacidad de jugar un papel positivo en Irak, pero estamos preocupados por algunos de los movimientos que realiza en el sur del país y la influencia que tratan de ganar allí", dijo. "Confiamos en que las autoridades iraníes comprendan que es de su interés tener como vecino un Irak estable", agregó Powell, tras recordar que los pueblos de ambos países han derramado "demasiada sangre" en los últimos años. Irán e Irak se enfrentaron en una guerra de ocho años (1980-1988) que finalizó en tablas. El secretario de Estado conminó a ambos países a vivir en paz y evitar el enfrentamiento.

Ayad Alaui, desde que es primer ministro, ha reiterado que Siria e Irán deben controlar sus fronteras para impedir el paso a Irak de militantes que alienten la insurgencia, algo que Irán niega con rotundidad. Bagdad, además, asegura que desde que cayó Sadam Husein se han infiltrado numerosos agentes iraníes.

"Ese ejército de las tinieblas está cada vez más desesperado e impotente. Por eso han redoblado los ataques, pero el tiempo lo colocará en su lugar", dijo el presidente Gazi al Yauar al referirse a los secuestros de extranjeros, atentados suicidas y coches bomba que sacuden a diario el país. Al Yauar señaló que durante su encuentro con Powell no se trató la propuesta saudí de crear una fuerza islámica para ayudar a Irak a superar la inestabilidad. Powell también arremetió contra los terroristas: "Son criminales que no tienen futuro. Son nostálgicos del antiguo régimen. No creo que el pueblo iraquí quiera volver al pasado", afirmó.

Mientras, en Bagdad se escucharon ayer cuatro explosiones en el centro, pero no se informó de víctimas. La tarde fue una tensa espera de noticias del camionero indio secuestrado, amenazado de ser decapitado y cuyo tercer ultimátum finalizó. Del rehén indio no se supo nada, pero otro grupo anunció que había secuestrado a dos ciudadanos sirios. Al parecer, se trata del mismo, Brigadas de la Muerte, que tiene cautivos a cuatro jordanos. El jeque Hicha al Dualimi se ofreció a mediar para lograr la liberación de todos los secuestrados, que ya son más de una decena.

En Faluya, en pleno triángulo suní, la batalla comenzó de madrugada, cuando fuerzas de EE UU atacaron una casa en la que supuestamente se habían refugiado rebeldes. La respuesta de los insurgentes fue inmediata. El enfrentamiento duró varias horas. El Ejército norteamericano utilizó helicópteros y carros de combate; los rebeldes, morteros, granadas y ametralladoras. Fuentes hospitalarias dijeron que 11 personas resultaron muertas y otra decena heridas. Asimismo, dos viviendas fueron destruidas, al igual que varios talleres pequeños de reparación de coches.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 31 de julio de 2004