OPINIÓN DEL LECTORCartas al director
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De las ambulancias

El pasado 6 de junio fue necesario ingresar a mi abuela, de 97 años, en urgencias del hospital de Alcorcón. Hora de entrada: 7.20. Fue atendida, y a las 13.00 recibía el alta médica, hora en la que el hospital solicitó una ambulancia para el traslado al domicilio. Pasaron dos horas y la ambulancia no llegaba; el servicio de urgencias, a tope, con camillas en los pasillos, y mi abuela, que podía estar en casa y dejar una cama libre para otra persona, no podía salir porque la ambulancia no llegaba.

Puse una queja por escrito al servicio de atención al enfermo, discutí con la administrativa de admisión de urgencias, pues argumentaba que no se podía hacer nada, "que hay un teléfono al que nadie contesta y que todos los días es así, que tardan mucho." Y yo, viendo ambulancias aparcadas junto a la entrada de urgencias, pero por no sé qué motivo, esas ambulancias no pueden, sino que deben ser las de una contrata que tiene la Comunidad de Madrid las que hacen este servicio.

Tres horas esperando y la ambulancia que no llega. Entretanto, se acerca una señora que ha escuchado mi discusión con la administrativa y me comenta que el día anterior ella estuvo esperando una ambulancia desde las 11.00 hasta las 24.00 para el traslado de un familiar al domicilio. Yo me desespero. Cuatro horas después, y al fin, a las 17.00, aparece la ansiada ambulancia. Para colmo, me siento afortunado si me comparo con esa otra señora.

¿Es que nadie de la Comunidad de Madrid exige a la contrata unos ratios de espera aceptables? ¿Acaso no hay quien controle el servicio de la contrata desde la Administración? Si no hay suficientes ambulancias para atender la demanda, ¿por qué nadie exige desde la Administración y desde el hospital que se aumente el servicio? ¿Por qué no se investiga esto que es un motivo más de saturación del servicio de urgencias? Si con cada enfermo que es dado de alta y que necesite una ambulancia se demoran cuatro horas, sólo hay que hacer una sencilla cuenta para echarse las manos a la cabeza ¿Quién se está lucrando?

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 11 de julio de 2004.

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