La ampliación de la jornada laboral es ya un hecho en Alemania

Los alemanes trabajan ahora una media de 43 horas semanales

Trabajar 40, 45 y hasta 50 horas semanales. Eliminar festivos. Renunciar a una semana de vacaciones. Los llamamientos a trabajar más y más son la última vuelta de tuerca en el tortuoso psicoanálisis colectivo al que desde hace meses se somete Alemania. Pero incluso los partidarios de alargar las jornadas dicen que el debate está mal planteado. Los alemanes trabajan ahora 43 horas a la semana, en lugar de las 38,4% de los convenios.

Estos últimos datos han sido facilitados por el Instituto Alemán de Investigación Económica (DIW). Los expertos y el propio Gobierno coinciden en que lo más importante es posibilitar un máximo de flexibilidad.

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"Me extraña la virulencia de este debate. Sólo me lo puedo explicar con lo atormentados que se sienten muchos alemanes. Si vamos a los hechos, la ampliación de la jornada laboral avanza de manera solapada desde hace años", afirmó en conversación con este periódico Klaus F. Zimmermann, presidente del DIW. La polémica estalló por primera vez hace dos semanas, cuando se supo que la multinacional Siemens y el poderoso sindicato industrial IG Metall habían llegado a un acuerdo para ampliar la jornada de 35 a 40 horas semanales (sin compensación salarial ) en dos fábricas de teléfonos móviles que estaban a punto de ser cerradas y trasladadas a Hungría.

"Es la primera vez que el IG Metall aceptó una ampliación y quizás sea esto lo que haya asustado a la gente", reflexiona Hilmar Schneider, experto del Instituto para el Futuro del Empleo (IZA). El impacto psicológico se explicaría por el hecho de fue precisamente el IG Metall que en 1984, con una huelga que hizo historia sindical, impusó las 35 horas en parte de la industria automovilística y metalúrgica.

Reducir costes

Es un símbolo, por tanto, que está a punto de vaciarse de contenido: sin muchos aspavientos y gracias a una amplia gama de modalidades contractuales, cada vez más empresas en los últimos años han vuelto a ampliar sus jornadas y a reducir de esta manera unos costes laborales fuertemente lastrados también por las ingentes aportaciones a la Seguridad Social.

De ahí que el panorama laboral sea mucho más complejo de lo que sugiere la polémica mediática. "Un 60% de los empleados a tiempo completo ya hoy día trabaja más de 40 horas semanales", resalta Zimmermann. En otras empresas, en cambio, se trabaja bastante menos, pero no por intransigencia sindical, sino porque sencillamente la demanda de los correspondientes productos no da para más.

Volkswagen, por ejemplo, este verano cerrará sus fábricas alemanas durante un mes, una semana más de lo acostumbrado. "Lo importante no es de fijar un determinado número de horas semanales, sino posibilitar un máximo de flexibilidad para poder reaccionar a los pedidos de los que se dispone. Eso es lo importante", afirmó este fin de semana el canciller, Gerhard Schröder.

Lo cual no quiere decir que no tenga sentido fijar también en los convenios sectoriales una ampliación de la jornada laboral. Esto, al menos, es lo que cree Hilmar Schneider, del IZA: "Si bien es cierto que ya en la actualidad se trabaja más de lo que está previsto en los contratos, en la mayoría de los casos estas horas suplementarias se cobran extra. Por ello, una modificación de los convenios supondría un importante ahorro para las empresas".

Tanto Schneider como Zimmermann están convencidos de que, al menos a medio plazo, la ampliación de las jornadas genera más empleo: "Al volver más barato el factor trabajo, las empresas pueden aumentar su producción, reducir los precios de sus productos, vender más, y contratar a nuevos trabajadores", resume Zimmermann.

Receta alemana

"La idea de que la reducción de las jornadas a 35 horas semanales crea empleo definitivamente ha sido desmentida por la realidad. En Francia tampoco ha funcionado. No estamos ante un pastel que se pueda partir en trozos cada vez más pequeños para dar de comer a un mayor número de comensales", sostiene Schneider.

Pero no todos están convencidos de que ésta sea la receta adecuada para el caso alemán, un país cuya parálisis económica en gran parte se debe a la debilidad del consumo interno. Desde esta perspectiva, la de la demanda, argumenta Peter Bofinger, uno de los cinco sabios que asesoran al Gobierno en materia económica: "La ampliación de la jornada puede ser una alternativa viable para determinadas empresas, pero para el conjunto de la economía crea el peligro de afectar la capacidad de compra y abrir una espiral deflacionista [caída de precios con una fuerte contracción del consumo]", manifestó en declaraciones a la prensa alemana.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 11 de julio de 2004.

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