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Crítica:

Ruta de despecho

En La edad secreta, la novela con la que Eugenia Rico se proclamó finalista en el último Premio Primavera, cuando se llega a la mitad del libro uno ya sabe cómo va a terminar la historia. Y no es que en una novela uno espere una sorpresa mayúscula, pero por no esperarlo tampoco se trata de que todo se haga a partir de un momento absolutamente previsible. En el arte novelesco, lo previsible es síntoma de que algo se ha hecho mal. Cuando se llega hacia la mitad de una novela en la que a la protagonista ya le ha pasado todo lo malo que le puede pasar, entonces uno comienza a sospechar que tanta desgracia junta sólo tiene un propósito: dirigirse a un público muy determinado, con unos resortes melodramáticos de baja estofa no menos determinados y con una lista de agravios humanos (da igual que sean a un hombre o a una mujer, aunque en esta novela importa mucho que le ocurran a una mujer) de infalible rentabilidad empática. Me gustaría, al tratar de reseñar esta novela, diferenciar entre instancia narradora y autor (a). Me gustaría hacerlo porque de esa manera no tendría que comunicarle al lector lo terriblemente cursi que escribe Eugenia Rico. Es mejor hacerle creer al lector que en esta novela nadie escribe, sino que hay una voz, que es la de la narradora y protagonista, que nos habla (narra) sobre su vida. Así, la cursilería, los tópicos y demás desmanes narrativos se los apuntaríamos a la pobre mujer de que trata esta novela. Y no es que me gustaría hacer esa distinción, sino que estaría obligado a hacerla, siempre y cuando, claro, su autora se hubiera antes tomado el trabajo ella también de acometer esa diferenciación. La edad secreta nos cuenta (por ella misma) la historia de una mujer de unos cuarenta y cuatro años. Está casada con un hombre de posibles. Pero el marido un día le es infiel con su secretaria (aquí Eugenia Rico no se demoró ni un segundo en pensar algo más imaginativo, porque ya me dirá el lector, maldita gracia les va hacer a las secretarias, y ya no digamos a sus maridos o novios, ser una vez más el escondido reposo del guerrero). Aquí la protagonista dice ahí te quedas y se marcha a los caminos, después, claro, de que se le diagnostique un cáncer. Me olvidaba alertar al lector de que la secretaria es veinte años más joven que su botarate marido. Y como es así, la protagonista se va a hacer ruta con un chico veinte años menor que ella. Dije antes algo sobre la diferencia entre autor y narrador y sobre los síntomas de una mala novela. Si yo fuera secretaria o engañada por un marido de pacotilla, no leería este libro. Y si fuera novelista, procuraría que estos personajes se merecieran una narración.

LA EDAD SECRETA

Eugenia Rico

Espasa. Madrid, 2004

231 páginas. 19 euros

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 26 de junio de 2004

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