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Editorial:

Selecciones electivas

La aprobación en el Congreso, con apoyo socialista, de una moción instando a "los poderes públicos" a promover la presencia de las selecciones deportivas autonómicas en competiciones internacionales ha sucitado notable confusión. Si el PSOE estaba en contra de la moción presentada por Eusko Alkartasuna, lo lógico hubiera sido que votara en contra. El empeño por encontrar un punto de confluencia llevó a descafeinar la propuesta en aspectos esenciales, pero manteniendo otros que han permitido a sus promotores alardear de haber "ganado pieza", dado "un paso cualitativo" y "abierto un poco más la brecha" hacia su objetivo.

Ese objetivo no es ningún misterio: la presencia de selecciones de Cataluña, Euskadi o Galicia en competiciones internacionales, enfrentándose incluso a España, según el deseo manifestado por ERC. A tal efecto la moción original planteaba otras reivindicaciones nacionalistas, como la integración directa de las federaciones autonómicas en la entidad internacional correspondiente, la posibilidad de participación de sus selecciones en competiciones internacionales oficiales y la derogación de la legislación estatal que se opone a tales pretensiones. Todo esto ha desaparecido, y lo único que queda es la promoción de la participación en competiciones no oficiales, junto a una críptica referencia al respeto al reparto competencial entre el Estado y las comunidades, que puede interpretarse indistintamente a favor o en contra de la pretensión última de la moción.

Está bien que se aproveche la ocasión para clarificar el asunto, aunque no es seguro que se haya acertado en la fórmula. Ya existen selecciones autonómicas que participan en competiciones no oficiales. Nada puede alegarse contra esa práctica, expresión de uno de los aspectos más arraigados y representativos de la pluralidad de la España autonómica. El problema siempre ha estado en la pretensión de acudir a competiciones oficiales en las que también participe o pueda participar la selección española. Esto sí plantea problemas, no sólo de tipo legal, sino de coherencia del sistema autonómico. El reconocimiento por las instituciones del Estado del autogobierno de nacionalidades y regiones implica el reconocimiento por éstas de ciertos elementos comunes, incluyendo los de contenido simbólico. Así ocurre en los sistemas federales, como el estadounidense o el alemán, con proyección en el terreno deportivo.

La posibilidad de una participación simultánea de la selección nacional y las autonómicas en una misma competición obligaría a los deportistas -e indirectamente a sus seguidores- a elegir una u otra en términos excluyentes. No parece algo deseable, si puede evitarse. La legislación española lo impide, y también las normas internacionales de las principales federaciones y competiciones internacionales. No vale la invocación que suele hacerse a Escocia, Gales e Irlanda del Norte. Esos territorios cuentan con federaciones propias de fútbol y rugby, independientes de la de Inglaterra, desde finales del siglo XIX, y todavía hoy existe una Liga escocesa y otra de Irlanda del Norte (no de Gales); pero ello no impide que en los Juegos Olímpicos participe una única selección del Reino Unido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 3 de junio de 2004