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La Liga Árabe se compromete a realizar reformas democráticas

Los cambios se llevarán a cabo según las posibilidades de cada país

La Liga Árabe cerró ayer su cumbre ordinaria con un documento en el que se compromete a adoptar reformas democráticas en los países árabes, pero anticipa que éstas se realizarán según las condiciones y posibilidades de cada país. Las reformas sociales, políticas y culturales constituían el nudo gordiano de esta reunión, al más alto nivel, de los estadistas árabes, un tanto deslucido por la ausencia de casi la mitad de los jefes de Estado de los 22 países miembros.

De acuerdo a su tradición, la cumbre se saldó con una serie de resoluciones muy ambiciosas, pero cuya realización está por ver, para demostrar que los árabes irán esta vez más allá de su habitual dialéctica. Los dirigentes árabes se declaran dispuestos a profundizar las bases de la democracia y de la shura, en alusión a las tradiciones islámicas; ampliar el campo social de la participación política; garantizar la justicia y la igualdad y respetar los derechos humanos. Si todo ello se realiza, la Liga Árabe, cuyo secretario general es Amro Musa, habrá abierto las puertas de una verdadera revolución en el seno de unas sociedades marcadas por el atavismo, dado que entre las promesas figuran la libertad de expresión y la participación en un plano de igualdad de hombres y mujeres en la vida pública.

Condena de la violencia

"Los dignatarios árabes fueron en esta ocasión más lejos que nunca en términos de promesas, pero la gran cuestión es saber si están dispuestos a ir hasta el final del camino", señaló un miembro de una de las delegaciones magrebíes. Otra decisión, calificada de histórica por los presentes, llevó a los mandatarios a condenar, por primera vez, tanto la violencia israelí contra los palestinos como la que practican las facciones radicales palestinas "contra los civiles sin discriminación" de Israel. Hay, en esta frase del comunicado final, una voluntad de imparcialidad que podría aportar a los árabes el aplauso de Occidente, al dar ahora prueba de pragmatismo en el difícil contexto que atraviesa la causa palestina.

El proceso de paz en Oriente Próximo es indisociable de las resoluciones de las Naciones Unidas, aunque Israel las incumpla. Tal fue también la voluntad expresada en esta cumbre, en la que se reiteró la validez del plan de paz presentado por Arabia Saudí hace dos años. También el presidente palestino, Yasir Arafat, que se vio obligado a asistir a la cumbre por medio de una videoconferencia transmitida vía satélite, insistió en la necesidad de que Israel acepte "la paz de los valientes", como hiciera el general francés Charles de Gaulle durante la guerra de Argelia. Arafat se comprometió a hacer cesar el terrorismo e implantar la seguridad en los territorios si Israel deja de obstaculizar el deseo de los palestinos de ser dueños de su propia tierra. El principio del intercambio de la tierra por la paz y las bases de referencia de la conferencia de Madrid volvieron a ser evocados, al tiempo que se apelaba a la UE, EE UU, Rusia y la ONU a no desmayar en sus esfuerzos por la paz. Todos estos aspectos de las resoluciones de la cumbre tienen una carga de moderación de la que se felicitó tanto Marruecos, como Egipto y Túnez, quienes hicieron lo posible para que el encuentro no hostigara en exceso a EE UU. La excepción vino con Irak y las torturas en Abu Ghraib. La resolución condena "los crímenes y actos inmorales e inhumanos perpetrados por los soldados y las fuerzas de ocupación", haciendo asumir a los ocupantes la plena responsabilidad de los hechos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 24 de mayo de 2004