Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Necrológica:

Ramón Margalef, el primer ecólogo

Ramón Margalef ha controlado su propia vida hasta el último momento. Cuando hace un año se le diagnosticó el cáncer de hígado que a mediodía de ayer le causó la muerte, él mismo hizo un cálculo que ha resultado casi certero: "Será para junio", comentó a algunos de sus discípulos en la Facultad de Biología de la Universidad de Barcelona. Ha sido un poco antes, tres días después de cumplir los 85 años. Sus allegados aseguran que ha mantenido la entereza hasta el final. Esta tarde será enterrado en el cementerio de Montjuïc.

Hombre religioso de firmes convicciones, Margalef no ha querido recibir tratamientos que le impidieran llevar una vida activa hasta el final. Hasta el mes pasado siguió acudiendo a su pequeño despacho de la facultad, en la Diagonal barcelonesa, y mostrando que su espíritu crítico no había disminuido un ápice. En 1987 le había llegado la jubilación forzosa, pero él nunca dejó de trabajar. El pasado abril aún dio una charla en la que reflexionó sobre cómo las obras públicas están cambiando demasiado deprisa el paisaje. "Nuestro enfoque de la ecología debe cambiar mucho", afirmó, según comenta Narcís Prats, uno de sus más apreciados discípulos.

Ramón Margalef se hizo cargo en 1967 de la cátedra de Ecología de la Universidad de Barcelona, la primera que se creó en España. Para entonces ya llevaba un cuarto de siglo de intensa actividad científica, en aguas del interior y, sobre todo, en el océano, al que dedicó sus esfuerzos desde que ingresó en 1949 en el Instituto de Investigaciones Pesqueras, ahora Instituto de Ciencias del Mar. Desde este centro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Margalef contribuyó decisivamente a que se conociera la importancia del plancton. El investigador canadiense Kenneth Mann lo explicó así hace unos años: "Él nos hizo comprender que los organismos microscópicos que forman el plancton y que parecen flotar pasivamente en los lagos o en el océano forman parte, de hecho, de comunidades muy organizadas en respuesta a patrones de viscosidad y de turbulencia de las aguas".

Más allá del análisis aislado de las comunidades de seres vivos, Margalef las estudió conjuntamente con el medio físico que las rodea y ayudó a que se entendiese esta interrelación. Así, este científico barcelonés fue probablemente el europeo que más decisivamente contribuyó a sentar las bases de la Ecología, la ciencia de síntesis por excelencia.

"Los sistemas existentes están hechos de materia, energía e información", solía explicar el científico fallecido, que cuando hablaba de sistemas se refería a los ecosistemas y a los seres vivos, pero también a las máquinas. Los individuos vivos mueren, pero la información genética burla la muerte y hace de puente entre las diferentes generaciones. El puente entre ecosistemas lo establecen la "multitud de gérmenes" que rodean la Tierra. "Hay una gran reserva de información, que es la biodiversidad", decía.

Él fue uno de los primeros científicos que incorporó a la Ecología aportaciones de la Física teórica. En fecha tan temprana como 1957 escribió ya sobre La teoría de la información en Ecología. Su libro en inglés Perspectives in Ecological Theory (1968), basado en un curso que había impartido en la Universidad de Chicago, lo situó entre la élite científica. Casi un cuarto de siglo después la Universidad de Barcelona publicó su Teoría de los sistemas ecológicos (1991). Entre uno y otro publicó dos tratados monumentales, Ecología (1974) y Limnología (1983), libros básicos para los estudiantes de estas materias de España y América Latina.

A lo largo de su vida recibió numerosos galardones, entre los que destaca el Premio Huntsman, el más prestigioso entre los oceanógrafos. Lo obtuvo en 1980 por su contribución al establecimiento de las bases de la Oceanografía moderna. Sin embargo, aunque el océano fue su gran laboratorio, fue mucho más que un oceanógrafo. Su curiosidad ha sido universal, como la de los grandes sabios del Renacimiento.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 24 de mayo de 2004