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FÚTBOL | Muerte de un dirigente que marcó una época en el Atlético

Muere Jesús Gil por un infarto masivo

El máximo accionista del Atlético falleció al sufrir un accidente cerebral y tras permanecer seis días ingresado en el hospital

Jesús Gil y Gil (Burgo de Osma, Soria, marzo de 1933) falleció ayer a las cinco de la tarde a los 71 años tras sufrir un fallo cardiaco a consecuencia de un infarto cerebral masivo. El empresario y máximo accionista del Atlético permanecía ingresado en la clínica Cemtro de Madrid por un accidente vascular que afectó a la arteria cerebral media izquierda desde el pasado día 9 de este mes. Una dolencia que se fue complicando desde la hemiplejia, pérdida de conciencia, necesidad de respiración asistida y afasia hasta provocarle un fallo cardiaco definitivo. Se prevé que la capilla ardiente sea en el estadio Vicente Calderón a partir de las diez de la mañana de hoy. El entierro será esta tarde en el cementerio de la Almudena a las seis de la tarde.

Abrazos, lágrimas, pasos apresurados y palabras de dolor y sorpresa. Jesús Gil acababa de morir en la UCI de la clínica Cemtro. Las personalidades se apiñaban en los pasillos. "Única, irremplazable, carismática, excesiva", los adjetivos rebotaban desde la puerta, donde curiosos e informadores aguardaban, a la planta donde la familia velaba al fallecido. Jesús Gil había dejado de existir a las cinco de la tarde. Un dirigente singular, una personalidad extraordinaria, que entró en 1987 en el mundo del fútbol, como presidente del Atlético y unas elecciones con Paulo Futre bajo el brazo mediante, y revolucionó los despachos y los vestuarios: devoró 40 entrenadores en 18 años y contrató alguna de las mayores figuras del mundo, como Juninho o Vieri. Temido, respetado, admirado, querido...coleccionó casi todos los adjetivos durante su polémico mandato al frente de la entidad rojiblanca. Abandonó la primera fila del palco el año pasado, cuando ya había sido advertido seriamente sobre el deterioro de su salud, aunque conservaba sus acciones.

Empresario imaginativo, estudiante irregular, había vivido en pensiones modestas, en su juventud, y en lujosos hoteles de todo el mundo tras empezar con un modesto negocio de compra venta de automóviles. Poseía un entramado de negocios, principalmente inmobiliarios y había creado un partido político homónimo: el GIL (Grupo Independiente Liberal). Una agrupación que había obtenido numerosas alcaldías de la costa malagueña, entre ellas, su buque insignia, el Ayuntamiento de Marbella, "migente", como le gustaba repetir desde la balconada de la Plaza de los Naranjos. Más tarde acabaría desencantado de la política y aconsejaba a quien le quisiese escuchar que no se metiese "en lios".

La frase que se repetía por el enlozado suelo aséptico de la clínica para definir a Gil era la de "un luchador nato". El dirigente se hizo célebre por sus declaraciones espontáneas y por su permanente actividad. Se enfrentó con otros mandatarios, como el también fallecido Ramón Mendoza, del Madrid, o el del Barcelona, Josep Lluis Núñez, pero al final solían areglar sus diferencias con alguna interminable partida de parchis. Además, era un amante de la naturaleza, en especial de los caballos. Hace pocas fechas falleció su favorito, Imperioso, con quien sostenía que se llevaba "mejor que con los humanos".

Ayer el fútbol decidió que estaba de luto. En todos los encuentros de la jornada se guardará un minuto de silencio. Así mismo, el partido que tenía previsto disputar el Atlético contra el Zaragoza hoy a las diez de la noche, se pospone a mañana. En su lugar, sobre el césped del Calderón reposarán los restos mortales de Gil.. La capilla ardiente estará en el estadio a partir de las diez de la mañana. Esta noche, el cadaver permaneció en la clínica, donde lo veló su familia al completo. Hoy a las seis de la tarde será el entierro en el cementerio de La Almudena.

Jesús Gil sufrió una trombosis cerebral mientras estaba en su finca de Valdeolivas, Ávila, el pasado domingo, 9 de mayo. Se encontró mal y en primera instancia fue ingresado, a la una de la tarde, en el hospital Nuestra Señora del Prado de Talavera, el más cercano a su residencia de recreo. Ese mismo día, y por expreso deseo de su familia, fue trasladado en una UVI móvil y acompañado por su esposa, Mari Ángeles Marín, a las cinco de la tarde a la Clínica Cemtro, de Madrid.

A las 48 horas, una vez aclarada la zona afectada, se descubrió que la zona infartada era más amplia de lo esperado. Una dolencia que le produjo una hemiplejia, paralización completa del lado derecho del cuerpo, y afasia, es decir, que no podía hablar. Además, su estado de consciencia era "estuporoso" y sólo era del 40%. Jesús Gil tuvo que ser intubado y necesitó de respiración asistida y ventilación mecánica a causa de sus dificultades para toser y el cúmulo de secreciones pulmonares que ello le provocaba. Poco a poco, el dueño de la entidad rojiblanca, fue perdiendo consciencia hasta entrar en un estado de coma inducido, en el que ha permanecido las últimas 48 horas. Durante este periodo, Gil se mantuvo sedado. El dirigente no terminó de recuperar la consciencia desde el momento del accidente vascular, aunque en algunas fases de la dolencia era capaz de mover los ojos y hacer señas de afirmación o negación a las demandas de los médicos que le atendieron.

Ayer, entre abrazos, lágrimas, pasos apresurados y ruido, Jesús Gil falleció en la Clínica Cemtro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 15 de mayo de 2004