Columna
i

Hacia la caja única

Hace cinco años, Manuel Chaves quiso poner en marcha una medida política de extraordinario alcance: la fusión de todas las pequeñas cajas de ahorro, con sus más pequeñas mitologías provinciales, en una gran caja de Andalucía. Algo falló en el intento. Cuando se quiso dar cuenta, se había metido en un campo de minas y no podía dar un paso sin grave riesgo de más explosiones. Dos rebeldes del propio partido, en Sevilla, le crearon un problema del copón de la baraja. Y la Santa Madre Iglesia se atrincheró en su caja de Córdoba y le pegó al Gobierno andaluz un revolcón de mucho cuidado, con la colaboración del PP, naturalmente. En virtud de un juego de carambolas vaticanas del más fino estilo, y por increíble que parezca, aquello acabó elevando a monseñor Amigo a la púrpura cardenalicia y a Chaves metiéndolo hasta el cuello en un pantano judicial. En otras provincias, como Granada, donde los poderes fácticos del partido no habían visto con buenos ojos la iniciativa de una sola caja, también vieron el cielo abierto. ¿Error de cálculo de Chaves, falta de cintura política de la consejera Álvarez? Probablemente ambas cosas.

El pasado día 4, el presidente de Caja San Fernando, Alfredo Pérez Cano, sorprendió a propios y extraños con un nuevo pronunciamiento en pro de la caja única andaluza. Un asunto que ni siquiera figura en el programa electoral del PSOE. Pero la pertenencia de este prudente y eficaz gestor al núcleo duro del Gobierno, desde siempre, impide pensar que se trate de una ocurrencia personal. Más parece un mensaje de aviso, como para que se vayan haciendo a la idea los que tengan que hacérsela. También Braulio Medel, el presidente de Unicaja, aludió hace poco a que en esta legislatura podrían producirse "importantes acontecimientos". Y la verdad es que el momento no puede ser más oportuno, si bien nadie previó una situación tan óptima.

Con el mapa político que se ha creado después del 14-M (Zapatero en Moncloa y Chaves con mayoría absoluta), sería de poca visión no aprovechar a fondo esas condiciones para recuperar el gran proyecto. Tal vez sobre nuevas bases; pasando por sumas parciales o yendo directamente a la fusión total. Ya se verá. Lo importante es retomar aquella feliz idea y aprender del rubicón pasado -ahora quizás más lento, pero más seguro; sin prisas, pero sin pausas-, para llegar a tener una entidad financiera de primera magnitud (sería la quinta de España), con la que afrontar mejor el ambicioso programa del nuevo gobierno, especialmente en materia de innovación e investigación. Y a ver si es posible, de una vez por todas, retener en Andalucía los capitales que siempre fueron a crear riqueza en otras regiones. Eso sí que sería histórico.

Chaves tiene una ocasión de oro, además de por la cuestión financiera, para asestarle un duro golpe a los rencores provincianos que tanto daño están haciendo a la unidad social de Andalucía. Nunca se vio más triste contienda. Tendrá el presidente que pegar algún que otro bastonazo. Pero para eso el pueblo andaluz le ha dado el instrumento adecuado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 11 de mayo de 2004.