NUEVO GOLPE TERRORISTA EN MADRID

Más de un centenar de familias desalojadas

Decenas de vecinos esperaban anoche en la calle que se les permitiese regresar a sus casas

"Va para largo", era la única respuesta que a las doce de la noche podían tener los vecinos del bloque con el portal número 13 de la calle de Ana Fernández, en el barrio Norte de Leganés. Llevaban desde las seis y media de la tarde fuera de sus casas. Y desde las nueve y cinco minutos de la noche, cuando los supuestos terroristas islamistas se inmolaron con sus propias bombas, preguntando angustiados cuándo podrían volver a ver si sus pisos estaban afectados. Más de un centenar de familias fueron desalojadas de este bloque y algunos pisos aledaños.

Los vecinos de las casas colindantes comienzan su relato con un tiroteo pasadas las seis de la tarde, que pudo escucharse en toda la calle. Manuel Ramos y Luisa Moñino cuentan cómo a partir de ese momento todos los vecinos que se asomaban para mirar lo que estaba pasando se encontraban con la Policía Nacional que les gritaba y les hacía señas con los brazos para que volvieran a meterse en su casa y cerraran las ventanas.

"Yo estaba fuera y la niña estaba sola en casa. Se ha pasado a casa de unos amigos"
"Alguien está jugando a indios y vaqueros con los niños en el patio", pensó Concha
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Concha presenció la escena desde la ventana de su casa. Estaba en una ventana que da al patio interior del edificio, con jardines, dos zonas infantiles y una pista de pádel. A esa hora jugaban allí unos niños. Oyó tiros y pensó que eran petardos. "Uno nunca piensa que hay un tiroteo en su casa", dice con las piernas aún en puro temblor. Se asomó y vio a unos adultos con pistolas en el patio. Y siguió durante unas décimas de segundo instalada en las tesis más optimistas. "Alguien está jugando a indios y vaqueros con los niños en el patio", pensó.

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Pero los hombres con pistolas eran 14 policías a los que disparaban a su vez desde un primero con la persiana bajada. "Los niños se echaban al suelo y los policías empezaron a gritar a los vecinos que se metiesen en casa y bajaran las persianas. Los gritos de la policía se mezclaban con gritos en árabe".

A esa hora muchos vecinos, como Luisa, empezaron a darse cuenta de que ocurría algo muy grave. "Yo tenía preparada una bolsita y todo por si nos tenían que desalojar", aunque no fue necesario en su caso.

Ángel Tajuela, que vive en el número 71 de la calle de Carmen Martín Gaite, y cuya ventana da a la fachada siniestrada, vio los primeros dos coches de policía cruzados frente a la puerta del garaje de la casa de enfrente.

"En seguida empezaron a venir los geos, y de pronto los helicópteros. La policía dijo que teníamos que abandonar la casa, pero mi madre, de 89 años, está impedida, y no pudimos salir corriendo, así que nos dejaron quedarnos, pero nos dijeron que nos pusiéramos en la habitación más lejana a la explosión". Tajuelo fue testigo de excepción de la confusión que siguió a la "tremenda explosión" y pudo ver desde su ventana que "todo el primer piso estaba destrozado".

Eran las doce de la noche y Ana Serena, vecina del mismo bloque, se desesperaba frente al cordón policial porque no podía entrar a buscar a su hija. "Yo estaba fuera y la niña estaba sola en casa. Se ha pasado a casa de unos amigos". Ana escuchó la explosión desde el cordón policial. Y entrada la noche, ya llevaba horas oyendo a su hija de 13 años llorar por el teléfono móvil desde su casa, a penas a 50 metros. "Yo lo único que quiero es estar con mi hija y como no me dejen pasar, me cuelo".

El cordón policial, que afectaba a casi una decena de bloques se mantenía aún a esas horas, según explicaron fuentes de los servicios de emergencia porque se seguía trabajando con el dispositivo necesario cuando se teme una segunda explosión.

En las calles aledañas se mezclaban decenas de vecinos y curiosos con los equipos de emergencia. La mayoría de estas personas estaban pegadas a su teléfono móvil. Alguno de los chavales reconocían a alguno de sus vecinos y gritaban: "Por favor, dile a mi madre que estoy bien".

Las calles de esta parte de Leganés están dedicadas a mujeres famosas. Nuria y Javier viven en la de María Guerrero. Anoche explicaban que el perfil medio del barrio son matrimonios jóvenes con hijos, como ellos. "Aquí casi todos tenemos por lo menos un niño, por lo que la gente desalojada debe ser el número de pisos por lo menos por tres".

Las 16 familias que residen en el bloque de la calle de Carmen Martín Gaite, 40 probablemente tardarán días en poder entrar en sus pisos. Y eso si no se derriba el edificio de cuatro plantas y cuatro viviendas en cada una, seriamente dañado en su estructura por la explosión que provocaron los supuestos terroristas islamistas.

La Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de Leganés han montado un dispositivo para tratar de realojar a las aproximadamente 40 personas que residían en el edificio más afectado, si bien al cierre de esta edición se barajaba dar cobijo a habitantes de inmuebles colindantes.

La alcaldesa en funciones de este municipio de la periferia del sur de Madrid, Margarita Pedruelo, del PSOE, reunió a los vecinos en plena calle para pedirles el mayor civismo y solidaridad. Pedruelo informó a los afectados de que ya se había puesto en contacto con un hotel de Leganés y que podrían permanecer en ese establecimiento todo el tiempo que fuese necesario de manera gratuita. Asimismo les ofreció pisos de alquiler.

El regidor, José Luis Pérez Ráez, del PSOE, estaba de vacaciones en Jaén, de donde emprendió anoche el viaje de regreso. "Le ha tocado la china a Leganés, pero podría haber sido cualquier otra ciudad", dijo el regidor y subrayó que lo ocurrido ayer "no tiene nada que ver con el aumento de la inmigración en la zona sur, ya que el terrorismo no tiene religión".

El Ayuntamiento de Leganés cuenta con 11 ediles socialistas y otros tantos del PP, que fue la lista más votada. El PSOE gobierna con IU (cinco concejales).

Vecinos de los inmuebles afectados por la explosión esperan en la calle que la policía les comunique si pueden volver a sus casas.
Vecinos de los inmuebles afectados por la explosión esperan en la calle que la policía les comunique si pueden volver a sus casas.CLAUDIO ÁLVAREZ

Sobre la firma

Pablo Ximénez de Sandoval

Es editorialista de la sección de Opinión. Trabaja en EL PAÍS desde el año 2000 y ha desarrollado su carrera en Nacional e Internacional. En 2014, inauguró la corresponsalía en Los Ángeles, California, que ocupó hasta diciembre de 2020. Es de Madrid y es licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense.

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