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Reportaje:UN PAÍS DE CINE 2

'El perro del hortelano', de Pilar Miró

Mañana, con EL PAÍS, la adaptación al cine del texto de Lope de Vega por 1,95 euros

En 1995, Pilar Miró acabó la adaptación al cine del texto de Lope de Vega El perro del hortelano, un filme rodado sin modificar lo más mínimo la obra clásica en verso, para lo que tuvo que exhibir uno de los rasgos fundamentales de su carácter: la constancia. Superó todas las dificultades de una industria timorata que no tuvo más remedio que rendirse ante la evidencia: consiguió siete goyas y un notable éxito de taquilla.

"Estoy absolutamente convencida de su eficacia y de su actualidad"

Tozuda en sus propuestas, Pilar Miró se había empeñado contracorriente en adaptar al cine una comedia en verso de Lope de Vega. "Es un proyecto arriesgado -reconoció en una entrevista-, porque en España hay mucha prevención hacia lo que aún no se ha hecho aquí, aunque haya funcionado previamente en otros países". En una conversación que Eduardo Haro Tecglen ha relatado en la revista Nosferatu, la Miró le insistió: "Los ingleses hacen todo Shakespeare en su cine, los franceses hacen su Cyrano con todos sus versos... ¿Por qué no vamos nosotros a hacer a nuestros clásicos?".

Convencida de que también era posible en España este tipo de películas, Pilar Miró, "buscando una obra que fuera transgresora a la par que moderna", eligió El perro del hortelano porque "estoy absolutamente convencida de su eficacia y de su actualidad. El perro del hortelano trata de un tema insólito en el siglo XVII: el de la condesa de Belflor, una mujer que lucha por el hombre que le gusta, comportándose con él de mil maneras engañosas, mintiéndole incluso. Una mujer dueña y señora de voluntades que utiliza su ingenio y su posición para conseguir lo que quiere y como quiere. Una comedia palatina, corrosiva, maliciosa, inteligente y divertida".

A pesar de su entusiasmo, no le fue fácil a la ex directora general de Cine y luego de RTVE poner en marcha una producción tan compleja. Y una vez avanzado el rodaje en Portugal, hubo que interrumpirlo por problemas financieros; sólo meses después la unión de tres productores en un "comité de salvación", Enrique Cerezo a la cabeza, logró que el filme se terminara de rodar, aunque con un aplazamiento tan largo que Pilar Miró tuvo tiempo para dirigir entretanto otra película, Tu nombre envenena mis sueños, con los mismos actores, Emma Suárez y Carmelo Gómez. "Todo el mundo le dijo que estaba loca", escribió Juan Tébar: "Pero sin esa cabezonería de terminar El perro del hortelano, cayera quien cayera, al cine español le faltaría hoy una de sus mejores obras, y si su autora no hubiese fallecido dos años después, tendríamos la esperanza de una nueva filmografía en quien estaba empezando a hacer su mejor cine".

Tu nombre envenena mis sueños y El perro del hortelano se estrenaron a la vez en el Festival de San Sebastián; la primera, a concurso, no gustó lo suficiente a la crítica, y la segunda, en consecuencia, fue ignorada. Presentada más tarde en el festival argentino de Mar del Plata, obtuvo allí el máximo galardón y las más entusiastas críticas. A su regreso triunfal a España, El perro del hortelano, a cuyo estreno madrileño incluso acudieron los Reyes, se transformó en una de las películas de mayor éxito de 1996, logrando además siete de los premios Goya: mejor dirección (Pilar Miró), mejor actriz (Emma Suárez), fotografía (Javier Aguirresarobe), maquillaje y peluquería (Juan Pedro Hernández, Esther Martín y Mercedes Paradela), vestuario (Pedro Moreno), dirección artística (Félix Murcia) y mejor guión adaptado (Pilar Miró y Rafael Pérez Sierra), "y demás bordadores de este precioso juego que nos han regalado entre todos", en elogio de Ángel Fernández-Santos.

La crítica francesa Silvia Balea escribió: "La película es un deleite para la mirada y el oído, ante todo por la calidad de sus actores, los dos protagonistas, naturalmente, pero también Ana Duato y Fernando Conde, mucho más valiosos todos por su sabiduría en decir los deliciosos versos del Siglo de Oro". Miguel García-Posada opinó en la citada revista Nosferatu: "Con un texto menor, Pilar Miró ha hecho un prodigio de espectáculo, alado, lleno de color, habitado por la gracia y sin tragarse una sola coma del texto; lo que parecía imposible fue cierto". "Una belleza. Consigue que el verso se vuelva aire y acción. Lope de Vega se hubiese entusiasmado", aseguró Tébar. "En fin", como dijo Eduardo Rodríguez en Cinerama, "una deliciosa película que reconciliará al espectador con sus olvidados clásicos".

Así pues, Pilar Miró resultó triunfadora en su arriesgada apuesta. "Mi victoria es haber demostrado que un clásico no es algo rancio. El éxito que está teniendo la película tanto aquí como fuera de España, los siete premios Goya, y especialmente la acogida del público, son una de las mayores satisfacciones profesionales que he tenido en mi vida. Para mí, El perro del hortelano era una cuestión de principios", confesó la directora a Javier Rioyo. Pilar Miró había sufrido tres años atrás un proceso judicial por supuesta malversación de fondos, que se había transformado en espectáculo orquestado, del cual había sido absuelta, pero por cuya experiencia quedó herida. Con Beltenebros (1991), rodada antes del juicio pero en situación de encausada, había logrado el Oso de Plata en el Festival de Berlín. Con El pájaro de la felicidad (1993), el fotógrafo José Luis Alcaine había obtenido un Goya y Mercedes Sampietro, el Premio Ondas a la mejor actriz. Pero ella insistió en un más difícil todavía. Javier Rioyo lo resumió así: "Esta dama lista se obsesionó, se peleó como gato panza arriba por conseguir terminar una de las películas más hermosas y singulares del año. La fuerza, la razón y la belleza de la película de Pilar Miró están más allá de la trama. Está en una perfecta dirección de actores, en la inteligencia cinematográfica de saber contar una liviana historia del Siglo de Oro como si fuera una comedia intemporal. Los sentimientos no tienen siglo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 26 de marzo de 2004