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Entrevista:José Luis Rodríguez Zapatero | Candidato socialista a la presidencia del Gobierno | ELECCIONES 2004

"Si la gente que quiere el cambio respalda al PSOE, podemos lograr la mayoría"

Pase lo que pase el próximo domingo en las urnas, José Luis Rodríguez Zapatero, 43 años, licenciado en Derecho, diputado desde 1986, ya ha conseguido al menos disipar las tormentas que algunos, desde dentro y fuera del partido, desataron en torno a su continuidad como líder del PSOE. Las encuestas le auguran un buen resultado, que en el peor de los casos mejorará sustancialmente el de cuatro años atrás. Optimista por talante, está convencido de que la mayoría que se expresa a favor de un cambio de Gobierno puede conducirle a la victoria el 14 de marzo. Ha hecho del diálogo y de la transparencia principios rectores del buen gobierno. Dice haberlo demostrado en la oposición, ahora aspira a confirmarlo desde la gobernación del país. La educación, con su corolario de investigación y desarrollo de las nuevas tecnologías, es su primer argumento de futuro para un país que necesita mejorar sus índices de productividad para mantener el crecimiento económico y la creación de empleo. Una ley integral contra la violencia doméstica y un plan de choque en materia de vivienda completan su agenda para los cien primeros días, junto a la decisión de retirar a las tropas españolas destacadas en Irak. Decidido a desclasificar los papeles elaborados por el Centro Nacional de Inteligencia sobre las armas de destrucción masiva, considera que los ciudadanos exigen y merecen una explicación de por qué Aznar, secundado por Rajoy, tomó el rumbo de las Azores, que aparte de involucrar a nuestro país en el conflicto bélico le ha dejado en el limbo dentro de la Unión Europea. Reconoce los éxitos del actual Gobierno en la lucha antiterrorista, cuyas líneas generales piensa mantener, y cree que una actuación concertada de los Gobiernos de Madrid y Vitoria, con el apoyo pleno de los principales partidos, puede llevar a ETA a sus últimos estertores en la próxima legislatura. Rechaza sin vacilaciones el plan Ibarretxe, pero está dispuesto a dialogar sobre reformas de los Estatutos de Autonomía dentro de los límites de la Constitución. En su programa económico hay innovaciones que sorprendentemente el PSOE apoyó por unanimidad: marcada reducción del impuesto sobre la renta, incorporación del equilibrio presupuestario a su contrato de gobierno... Una melodía de raíces autóctonas que sintoniza con el Nuevo Laborismo de Blair, del que admira su propuesta de bienestar activo, aunque critica su posición sobre la guerra.

Pregunta. ¿Qué significa el cambio que usted propone?

Respuesta. El cambio significa convivir, colaborar y cooperar. Convivir es libertad y democracia con otro talante; colaborar es un país dinámico, y cooperar es un país solidario.

P. ¿Se deduce que considera que ha habido un serio daño a la convivencia en este país?

R. Hace falta recuperar de manera primordial el instinto del diálogo.

P. Usted se compromete a mejorar la calidad de la democracia. ¿En qué se traduce ese compromiso?

R. El cambio que propongo es diálogo y transparencia. No más mentiras. Lo urgente hoy es incorporar a la vida política la responsabilidad de los gobernantes. Se acabaron las campañas de propaganda. No habrá nunca más, si yo presido el Gobierno, una campaña de propaganda de pensiones. La transparencia es acceso a la liquidación del impuesto de la renta y una ley específica de acceso a los datos de la Administración. Transparencia es que todos los procedimientos urbanísticos sean públicos, la posibilidad de que la mayoría absoluta no vete comisiones de investigación; todo eso es transparencia.

"España es una nación con más de cinco siglos de historia, que tiene una fortísima voluntad de vivir en común. Lo único que me preocupa son los separatistas y los separadores"

"En Euskadi no hace falta ni 'plan Ibarretxe' ni 'plan Mayor Oreja'; hace falta un plan de todos, una renovación del compromiso estatutario que permita desarrollo y, a medio plazo, reforma"

"Si todos los partidos políticos democráticos, especialmente el PP y el PSOE, trabajan en una dirección con toda su energía política, podemos estar en los estertores de ETA"

"El Parlamento podrá investigar. Tengo el compromiso de desclasificar los papeles del CNI sobre Irak y el 30 de junio daré la orden de que las tropas españolas vuelvan a casa"

"El PP ha dejado a nuestro país en el limbo. Estamos convencidos de que si hay un cambio de Gobierno el 14 de marzo, España recuperará una posición fuerte en Europa"

"Con el programa del Partido Popular, un trabajador que gane 12.000 euros al año y tenga dos hijos pagará el 12% en el IRPF; con el programa del PSOE, no pagará"

"Este país necesita más ordenadores, más becas, más investigadores, más dinero para laboratorios y planes tecnológicos. Eso es lo que necesitamos y no programas de tanques"

"Propongo un cambio tranquilo porque soy tranquilo y porque me gusta que la vida pública reúna unas condiciones de buena convivencia, de colaboración y de diálogo"

"Hemos presentado un amplio programa con vocación de permanencia para hacer de la cultura uno de los motores de nuestra economía, de nuestro perfil como país"

"Además de la ley contra la violencia de género, me propongo aprobar en los primeros 100 días un plan de choque para el acceso a la vivienda y un plan de apoyo a la educación pública"

"En inmigración quiero un gran acuerdo de Estado. Si no damos una solución ordenada, será pasto de explotación de inmigrantes irregulares y de discursos bastante lamentables"

P. ¿Cuál sería el marco de funcionamiento de las comisiones de investigación?

R. Mi propuesta es que las comisiones de investigación no puedan ser vetadas por la mayoría absoluta y que cuando no haya acuerdo entre los grupos parlamentarios arbitre la Mesa y el presidente del Congreso, que tendrá un estatuto de independencia.

P. Pero la Mesa del Congreso se rige también por la ley de la mayoría...

R. Creo que las comisiones de investigación no pueden ser una cosa mecánica, porque las hay de distinta naturaleza. Alguien tiene que marcar el criterio último y mi propuesta es que sea el presidente del Congreso, dotado de un estatuto de independencia.

P. ¿Cree que la unidad española está en peligro?

R. En absoluto. España es una nación con más de cinco siglos de historia, que tiene una fortísima voluntad de vivir en común. Lo único que me preocupa son los separatistas y los separadores. Es decir, aquellos que quieren provocar desunión en España y aquellos que son incapaces de conseguir la unión a través del diálogo y la cooperación.

P. En este momento hay varias demandas de reformas estatutarias que se proyectan sobre la próxima legislatura. ¿Se puede plantear un marco global desde el Gobierno central?

R. La reforma es consustancial a los estatutos, forma parte de su propia naturaleza. Todos ellos se aprobaron con un amplio consenso y su reforma exige dos requisitos: primero, adecuación total y absoluta a la Constitución; y, segundo, el más amplio consenso posible.

P. ¿No se plantea un nuevo pacto constituyente para replantear el modelo territorial?

R. No, bajo ningún concepto. Puede haber reformas de estatutos y puede haber una reforma de la Constitución para el Senado, pero lo que son los principios básicos del título octavo no pueden verse sometidos a ninguna reforma.

P. ¿En qué consiste esa España plural que propone?

R. Es la España de las autonomías y la España constitucional actualizada 20 años después del funcionamiento de las comunidades autónomas. Esto exige participación y cooperación: reforma del Senado, conferencia de presidentes, mejorar las competencias en materia de justicia en las comunidades autónomas, en materia de inmigración, en materia de nuevas tecnologías. Porque hay muchos fenómenos que cuando se hicieron los estatutos no existían.

P. ¿La reforma del Senado es una pieza clave de este esquema para la próxima legislatura?

R. Es conveniente hacer la reforma del Senado. Sería bueno como factor de participación y de integración de las comunidades autónomas. No es urgente, tenemos toda la legislatura por delante. Es una reforma que exige el máximo consenso posible y, desde luego, también la opinión favorable de las comunidades autónomas.

P. ¿Se puede reconducir el plan Ibarretxe hacia cauces constitucionales?

R. No sólo se puede sino que se debe, y la mejor forma de reconducirlo es su retirada. Es un plan que divide a los vascos, que fractura la convivencia y que no respeta las reglas de procedimiento del Estado de derecho, ni del Estatuto ni de la Constitución. En Euskadi lo que hace falta no es ni plan Ibarretxe ni plan Mayor Oreja; hace falta un plan de todos, una renovación del compromiso estatutario que permita desarrollo y, a medio plazo, reforma. Eso es lo que necesita Euskadi.

P. ¿Quiere decir que, si gobierna, la primera condición para el diálogo con Ibarretxe será la retirada del plan?

R. No, el diálogo es independiente. Una cosa es dialogar -yo estoy siempre dispuesto al diálogo- y otra es entenderse y llegar a acuerdos. Defiendo el diálogo del Gobierno central con el Gobierno vasco, como con todos los gobiernos que están legítimamente constituidos; y de manera muy específica, creo que ese diálogo es imprescindible para la lucha contra el terrorismo, para lo que hay que recuperar de manera prioritaria la cooperación más intensa posible entre Gobierno central y Gobierno vasco.

P. ¿Se puede mantener un pacto de Gobierno con un partido que se proclama independentista y cuyo objetivo es la creación de un Estado en Cataluña?

R. Un pacto de gobierno entre fuerzas políticas democráticas es un compromiso para gobernar, no para alcanzar los objetivos máximos de cada partido, y lo pactado es lo que figura en un acuerdo. Eso forma parte de las reglas de la democracia, igual que en su día el PP pactó con el independentista PNV. No se hacían esas preguntas entonces.

P. Pero este pacto ha causado divisiones en su partido.

R. No, en absoluto. Eso es falso. El pacto ha sido apoyado por todo el mundo, por unanimidad del comité federal.

P. ¿Y qué opina del modelo de financiación autonómica que propone el PSC?

R. Que es un modelo sobre el que hay que dialogar. Ha habido cuatro modelos de financiación autonómica desde que tenemos Estado de las Autonomías, incluido el actual, que impuso el PP. Llegará un momento en que sea revisable. Nuestro objetivo es que se garanticen tres principios: autonomía y suficiencia financiera, delimitación más nítida de los espacios fiscales y solidaridad.

P. ¿Qué elementos de solidaridad es imprescindible preservar?

R. Esencialmente, dos. Desde el punto de vista personal, la igualdad de derechos fundamentales debe estar garantizada, porque el Estado es el único que legisla para todo el territorio nacional, y la igualdad de prestaciones básicas en lo que conocemos como Estado de bienestar. Es decir, igualdad de oportunidades en la educación, sanidad, protección por desempleo y Seguridad Social. Ésos son los cuatro ejes de la solidaridad personal. Luego, hay un principio de solidaridad territorial que me propongo aumentar y que en la Constitución está definido básicamente en el Fondo de Compensación Interterritorial, un fondo que ha perdido peso y que hoy tiene un volumen de inversión muy reducido. Mi propuesta es aumentar el Fondo de Compensación Interterritorial para reforzar la solidaridad y reducir la parte inversora del Estado que es de libre disposición.

P. ¿Qué competencias son intocables, qué cosas no pueden ser repartidas o transferidas?

R. Las que dice la Constitución en su artículo 149. La lista de competencias exclusivas.

P. En la campaña ha propuesto ampliar el Pacto Antiterrorista, pero algunos partidos nacionalistas, y no sólo el PNV, lo entendieron en su día como un pacto antinacionalista. ¿Se puede reconstruir la unidad frente al terrorismo?

R. Lo que he propuesto en política antiterrorista es mantener el pacto entre el PP y el PSOE y abrir un nuevo instrumento de diálogo en el seno del Parlamento, concretamente en la comisión de secretos oficiales, donde el Gobierno se comprometería a informar a todos los grupos parlamentarios y a escuchar. Pero no es abrir el pacto como tal, sino que el Gobierno tenga un escenario de diálogo, que en estos momentos no existe, y un cauce de comunicación con todos los grupos parlamentarios en materia de lucha antiterrorista.

P. Esta campaña ha sido pródiga en referencias a ETA a pesar del compromiso que obliga a PP y PSOE a no utilizar la lucha antiterrorista con fines electorales...

R. Me ha parecido muy negativo, sobre todo el día que Rajoy y Aznar no tardaron ni 15 minutos en salir con toda su intención, y no buena, con el comunicado de ETA en la mano, cosa que no había pasado nunca en democracia, para arrojárselo encima a otro partido político democrático, más concretamente al partido de Enrique Casas, de Fernando Buesa, de Ernest Lluch, de Joseba Pagazaurtundúa y de tantos otros; al partido que propuso el pacto por las libertades y que ha apoyado siempre al Gobierno en la lucha antiterrorista. Es una escena que me costará olvidar.

P. ¿No es demasiado optimista cuando dice que en esta legislatura podemos asistir al final de ETA?

R. ETA está débil. En los últimos años ha sido seriamente acosada. Creo que se ha hecho un muy buen trabajo por parte de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. No regateo ningún mérito al Gobierno. He contribuido con el pacto a fortalecer la reducción del apoyo a la violencia con el esfuerzo internacional, con la Ley de Partidos, con la ilegalización de Batasuna, y estoy muy satisfecho de haberlo hecho. Creo que en la próxima legislatura, si todos los partidos políticos democráticos, especialmente el PP y el PSOE, y el Gobierno vasco y el Gobierno de la nación trabajan en una dirección con toda su energía política podemos estar en los estertores de ETA.

P. ¿Es partidario de que el próximo Parlamento abra una comisión de investigación sobre el papel de España en la guerra de Irak?

R. Tengo el compromiso de desclasificar los papeles del CNI sobre Irak. El Parlamento podrá investigar; es justo y necesario que la ciudadanía española conozca con qué elementos se tomó una decisión y si se nos dijo la verdad. En las democracias con solera a un gobernante se le puede perdonar que se equivoque, pero lo que nunca se acepta por la ciudadanía y por la opinión pública es el engaño consciente. No es admisible en un gobernante, y estoy convencido de que es una cosa que va a sustanciar la ciudadanía el 14 de marzo.

P. ¿Pudo Aznar basarse en informes del CNI para apoyar la guerra?

R. En mi opinión, todo lo que dijo Aznar, todas sus afirmaciones categóricas no tienen ningún sustento.

P. ¿Qué va a hacer con las tropas españolas enviadas a Irak?

R. El 30 de junio daré la orden de que vuelvan a casa, a nuestro país.

P. Antes lo condicionaba a la decisión de Naciones Unidas...

R. Y sigue condicionado, pero no hay ningún dato que apunte a un mínimo optimismo de que las fuerzas ocupantes den un paso atrás y comprometan a Naciones Unidas. Después de saber que Kofi Annan estuvo sometido a escuchas... Ojalá que Naciones Unidas se hiciera cargo de aquello, pero es muy difícil pensar que eso vaya a pasar. Respetaré el plazo del 30 de junio fijado por el actual Gobierno y explicaré las razones de la retirada a las otras fuerzas ocupantes, pero la decisión la tengo tomada de manera irreversible.

P. ¿Cuál es su modelo de relaciones con Estados Unidos?

R. Aznar, o ahora el PP, ha hecho el discurso de un neoatlantismo sin sustento ideológico, ni histórico ni político para nuestro país, mucho menos en medio de un gran proceso de convergencia y de Unión Europea. Eso es un sinsentido profundo y toda esa construcción teórica se debe a la afinidad política con la Administración republicana, porque son tan conservadores como el PP. Quizás son los dos ejemplos de los partidos más conservadores que tenemos en el mundo democrático.

P. ¿Y qué sensación le produce que junto a esa pareja esté el líder de un partido socialdemócrata, Tony Blair?

R. Pues la sensación de que se ha equivocado. Blair se ha equivocado en su apoyo a la guerra de Irak y en su comparecencia en la declaración de las Azores, pero por lo menos ha dado la cara en el Parlamento y no se le ha escuchado una sola ofensa, una sola descalificación a quienes estuvieron en contra de esa guerra.

P. ¿Qué parentesco hay entre el nuevo socialismo y el nuevo laborismo?

R. Hay cosas de Tony Blair que a mí me parecen muy interesantes. Su apuesta por la educación, por una sociedad innovadora, su concepto de bienestar activo, me parece que es una evolución de la socialdemocracia enormemente interesante. Ahí cuenta con mi simpatía política e ideológica, pero en el caso de Irak desde luego cuenta con mi desacuerdo.

P. Una de las primeras cosas que va a tener que abordar el próximo Gobierno va a ser la conferencia intergubernamental para la Constitución europea interrumpida después del fracaso del semestre italiano. ¿Cuál es la posición del partido socialista?

R. El PP ha dejado a nuestro país en el limbo. Nosotros queremos una Constitución europea cuanto antes, una Europa más comunitarizada, menos intergubernamental. Queremos una Europa que mantenga la cohesión como principio, que aumente su presupuesto para mantener la cohesión y para hacer más política económica. Y estamos convencidos de que, si hay un cambio de Gobierno el 14 de marzo, España recuperará una posición fuerte en Europa.

P. ¿Es partidario de un impuesto europeo?

R. Es una propuesta que está muy verde. Soy favorable a que el presupuesto de la Unión Europea se amplíe. Estamos en un mundo competitivo. Competimos mucho con Estados Unidos. Estados Unidos tiene los mismos habitantes que nosotros, el mismo PIB, quitando la Europa ampliada; sin embargo, Estados Unidos tiene un presupuesto que es el 25% del PIB para hacer una política económica y una política fiscal. Esto le falta a Europa y, por tanto, soy partidario de que haya un aumento del presupuesto europeo, fundamentalmente para mantener el principio de cohesión y para dar el impulso que la cumbre de Lisboa marcó como gran objetivo, que es convertir a Europa en una sociedad competitiva basada en el conocimiento, y que no se está cumpliendo.

P. ¿Qué papel debería jugar España respecto de los grandes países de Europa?

R. España, por su tamaño, por ser un país del sur, un país que ha sido beneficiado por la cohesión, debe jugar un papel de intermediación, un papel de puente entre los grandes y los países que están a punto de ingresar en la UE. Creo que es una posición que en su momento tuvimos acertadamente, inteligentemente, y que ahora hemos perdido, porque no estamos en ninguna posición.

P. Por primera vez, el partido socialista se presenta a las elecciones con un programa de reducción de impuestos. ¿Significa esto un cambio estratégico?

R. Tenemos una propuesta reformista tanto de la política del PP como de nuestras políticas desde que salimos del Gobierno. Queremos que haya una fiscalidad mucho más sencilla, que presione menos la renta del trabajo, que se equilibre más con las rentas del capital y que no aumente la presión fiscal, que, por cierto, el PP ha subido tres puntos en relación al PIB. Creo que nuestra propuesta tiene algo de nuevo, y además es lo que conviene si queremos una sociedad dinámica. Eso es perfectamente compatible con un buen nivel de recaudación pública. Si conseguimos hacer más eficiente la recaudación, con menos fraude fiscal, y más eficiente el funcionamiento de la Administración conseguiremos ahorro en muchas partidas presupuestarias. Y hay algo que este país tiene que incorporar como un elemento de modernidad: evaluar las políticas públicas, que no se hace nunca, y contrastar los resultados de los euros que se invierten, y que provienen del bolsillo de los ciudadanos. Una de las cosas en la que más empeño voy a poner es tener una Administración a la cabeza de la modernidad, de las más avanzadas de la Unión Europea.

P. ¿Cuál es la principal diferencia con el programa fiscal del PP?

R. Muy fácil: con el programa del PP, un trabajador que gane 12.000 euros al año y tenga dos hijos pagará el 12% en el IRPF; con el del PSOE, no pagará. Una persona que obtenga en Bolsa una rentabilidad de 400.000 euros pagará el 12% con el PP, y el 30% con nuestra propuesta.

P. ¿Esa reforma fiscal la ha digerido ya su partido?

R. Mi partido ha aprobado el programa electoral por unanimidad, lo que nunca ha pasado en la historia del PSOE; igual que ha ocurrido con las listas o con el candidato a presidente del Gobierno, que ni siquiera en 1982 se aprobó por unanimidad.

P. ¿Y le cuadran las cuentas para financiar sus compromisos de gasto?

R. Por supuesto. Hemos planificado por dónde vamos a acometer el mayor esfuerzo inversor, que en los dos primeros años se centrará en educación, investigación y nuevas tecnologías. Por ahí es por donde vamos a empezar.

P. ¿Y el ahorro?

R. Estimamos que vamos a ahorrar más de mil ochocientos millones de euros en distintas partidas, empezando por todas las campañas institucionales, que este año van a batir el récord histórico de gasto del PP. Vamos a aplicar una reducción lineal del gasto corriente, como ha hecho el Gobierno de Cataluña, que afectará a todos los departamentos.

P. Las encuestas ponen de manifiesto un razonable grado de satisfacción con la evolución de la economía. ¿Por qué cambiar?

R. Porque nuestro país ha tenido un crecimiento con bases poco sólidas. Si no, no estaríamos en la cola de Europa en investigación ni tendríamos un sector exterior con tantos problemas de competitividad ni un sector industrial en retroceso. Eso explica tanto empleo precario y tanto salario bajo y sin derechos. El crecimiento no ha llegado, como podía haberlo hecho al conjunto de la sociedad fundamentalmente porque el Gobierno ha aplicado una política de abandono de los servicios públicos. Eso significa que hay un deterioro de la educación, con cerca de un 30% de fracaso escolar, y eso es desigualdad social. Eso significa que el crecimiento económico no llega a la inmensa mayoría. Como tenemos un modelo económico basado en la construcción y en la hipoteca, las familias españolas están hoy más endeudadas que nunca en su historia. El modelo de Gobierno del PP ha hecho que mucha gente viva del futuro.

P. ¿Cuánto paga usted de hipoteca?

R. Casi mil euros al mes.

P. ¿Cómo se propone mejorar la productividad?

R. La productividad sólo se mejora si hay inversión en nuevas tecnologías, si hay un capital humano más formado. Una de mis preocupaciones esenciales es que los países que se incorporan a la Unión Europea tienen más jóvenes que siguen estudiando después de la educación obligatoria. Nosotros estamos en el 69%. Esos países de la ampliación están por encima de nosotros. Eso es capital humano y eso atrae inversiones. A poco que hagan un esfuerzo para ampliar su base tecnológica, nos llevaremos un susto. Hoy los países reciben inversiones por el nivel tecnológico, por el nivel formativo de su ciudadanía, no por los salarios bajos.

P. ¿Cuál es su objetivo en materia de educación?

R. El objetivo es llegar a 2010 con un 85% de jóvenes de 22 años que tengan estudios superiores a la educación obligatoria. El objetivo es aumentar el 25% en los próximos cuatro años la inversión en I+D y llegar a la media de inversión europea en educación. Desde luego, vamos a hacer que desaparezcan todos los engaños que hay en el presupuesto de investigación, que incluye la compra de tanques. Este país necesita más ordenadores, más becas, más investigadores con estabilidad, más dinero en los laboratorios y en los planes tecnológicos que se dan a las empresas. Eso es lo que necesitamos, y no programas de tanques.

P. ¿Qué va a hacer con el presupuesto de Defensa?

R. Lo voy a congelar y, si puedo, lo reduciré.

P. ¿Por qué la mayoría que se pronuncia en las encuestas a favor de un cambio de Gobierno sigue creyendo que va a ganar el PP?

R. Hay una situación que afecta a la esencia de la deliberación democrática y a la capacidad para que las alternativas aparezcan claras. Simplemente, un dato: soy secretario general del PSOE desde julio de 2000 y he sido entrevistado por TVE una vez. De las dos cadenas privadas, una me ha entrevistado una vez y otra ahora, y en plena campaña he sido sacado de un programa de televisión privado cuando ya estaba comprometido y anunciado. La campaña nos ha permitido tener mucha más voz, que la gente nos pueda escuchar, estar mucho más cerca de la opinión de la gente. Hay una parte del electorado que quiere cambio, que no es un votante de tradición socialista. Pido el voto del cambio y para el cambio, y gobernaré siendo consciente de que he tenido votos mas allá del PSOE. Lo tendré en cuenta de manera prioritaria a la hora de gobernar y creo que la clave del resultado del 14 de marzo es que la ciudadanía que quiere el cambio y que no ha votado al PSOE, o dejó de hacerlo, crea en mis compromisos.

P. ¿Qué va a hacer para cambiar las televisiones públicas?

R. He hecho una propuesta bastante innovadora, como es la constitución de un consejo al que se han incorporado cinco personas -lamentablemente ya cuatro, por el fallecimiento de Fernando Lázaro Carreter- de gran relieve público para que elaboren una propuesta de reforma para tener unos medios públicos independientes, plurales, que sirvan a contenidos culturales, que favorezcan la protección de la infancia, que instalen una cultura de la no violencia. Me he comprometido a aceptar los principios y las reglas que ponga sobre la mesa este consejo independiente. Si ganamos, lo haré directamente desde el Gobierno y trabajarán con independencia. Tengo el convencimiento de que un consejo de reforma independiente irá a una televisión al servicio de la sociedad y no al servicio de ningún partido. La era de la televisión de partido se tiene que acabar.

P. ¿Cómo define el cambio tranquilo?

R. Propongo un cambio tranquilo -fue mi lema para ganar el 35º congreso del PSOE- porque soy tranquilo y porque me gusta que la vida pública reúna unas condiciones de buena convivencia, de colaboración y de diálogo. También, porque quiero cambiar las cosas que funcionan mal y mantener las que funcionan bien. No tengo ningún prejuicio para reconocer que hay cosas que están bien, como la política antiterrorista, salvo su utilización política, y mantendré sus líneas básicas. La estabilidad presupuestaria, no como dogma sino como criterio, también va a formar parte de mis principios de buen gobierno. Cambiaré el talante, el estilo, la transparencia, la renovación democrática que no existe en este país. Si gano, habrá un alivio general con carácter inmediato desde la misma noche del 14 de marzo. Cambiaré las prioridades de inversión, apostaré por la educación pública, por la investigación, y daremos pasos de mejora en la solidaridad social.

P. ¿Cuál es la imagen de España que quiere proyectar en el mundo?

R. En el mundo en que vivimos, tan competitivo, tan globalizado, cada país adopta un perfil y un carácter por el que se le reconoce. EE UU, por su potencial tecnológico; China, por su capacidad de producción en masa. España tiene la cultura como gran potencial. Un país que tiene a tres de los diez mejores pintores de la historia -Goya, Velázquez y Picasso-; que tiene la obra cumbre de la literatura universal, que es El Quijote; un país que tiene el castellano, que comparten 400 millones de ciudadanos, tiene en la cultura, sobre todo en una sociedad llamada de la comunicación, su gran activo en el mundo. Mi proyecto es aprovechar en 2005 los 400 años de la primera edición de El Quijote para un resurgimiento de la cultura española. Hemos presentado un amplio programa con vocación de permanencia para hacer de la cultura uno de los motores de nuestra economía, de nuestro perfil como país. Quiero recordar que en Estados Unidos el sector que más aporta al PIB es todo lo que tiene que ver con la cultura. España, con un potencial impresionante, que está radicalmente infrautilizado, está en el 4%. Por eso apoyo la excepción cultural, por eso quiero convertir a nuestras embajadas en agentes de nuestra cultura.

P. ¿Y a quién va a poner al frente de este proyecto?

R. No voy a anticipar los nombres de más ministros. Si he avanzado algunos ministros posibles es por afán de transparencia, porque quiero llegar a las elecciones con mis compromisos claramente establecidos y porque quiero que los ciudadanos sepan el perfil del Gobierno y las características de los ministros que elegiría.

P. Pero el PP quizá cuenta con un equipo con más experiencia.

R. Yo haré un Gobierno mucho mejor en capacitación política y personal que el Gobierno de los Trillo, Cascos, Arias Cañete, Ana Palacio y compañía. Tampoco la tarea es difícil.

P. Si gana, ¿cuáles serán sus primeras medidas de gobierno?

R. Lo primero que haría es un cambio de relación con la sociedad, con los partidos políticos, con las comunidades autónomas. Habrá puertas abiertas, diálogo y respeto. No consentiré que ningún ministro descalifique ni insulte, que ningún ministro falte al respeto a ningún medio de comunicación. No consentiré que un ministro ataque a un presidente de comunidad autónoma. Seré extraordinariamente exigente con todo mi equipo en el respeto institucional que este país necesita recuperar. Respeto al Tribunal Constitucional, al Poder Judicial, a los Gobiernos de las comunidades autónomas, a los medios de comunicación y al conjunto de la sociedad. Estableceré normas enormemente exigentes. En segundo lugar, me propongo hacer un Gobierno que, además de la ley integral contra la violencia de género, apruebe en los primeros cien días un plan de choque para facilitar el acceso a la vivienda y un plan de apoyo a la educación pública.

En el capítulo de la vivienda, es urgente disponer de suelo público y poner en marcha la agencia estatal para dar ayudas directas al alquiler para jóvenes y familias con rentas más bajas, y ofrecer garantías jurídicas, que avalará el Estado, para movilizar tantas viviendas que están vacías. Y en educación, actuaré en materia de becas, porque no podemos seguir con un 16% de becas en bachiller, un 16% de becas en la Universidad, cuando en Europa la media está en el 40%. Vamos a incorporar, además, otras fórmulas de ayuda, como los préstamos renta para los cursos superiores y universitarios, para que suponga un incentivo a la educación. No quiero ser reiterativo, pero la extensión de la educación es fundamental para no tener serios problemas de competitividad. En esos 100 días se producirá la retirada de las tropas de Irak, haré una visita a Kofi Annan y, desde luego, iniciaré un discurso y un diálogo completamente diferente en relación con Europa.

P. ¿Qué papel otorga a las relaciones con Marruecos?

R. Fundamental. Es imprescindible recuperar una buena relación con Marruecos. Son nuestros vecinos, tenemos muchos puntos en común, culturales e históricos, y muchos intereses económicos. Es un destino importante de la inversión de nuestras empresas (tenemos 800 empresas en Marruecos) y un referente clave para una buena gestión de la inmigración.

P. ¿Cómo piensa resolver esa gran bolsa de 800.000 inmigrantes sin papeles?

R. Lo primero es saber qué pasa con la inmigración en este país. Tenemos un Gobierno que ha sido incapaz de ordenar la inmigración. A mí me suena hasta patético oír decir a Rajoy que él no es favorable a los sin papeles. ¡Pero si el PP ha sido una fábrica de sin papeles! Rajoy ha sido ministro del Interior y vicepresidente, y aún nos falta saber si este Gobierno tenía que haber preparado al país para el fenómeno de la inmigración, preparado a su Administración, preparado a su servicio exterior. Yo propuse, pero se rechazó, un pacto de Estado en materia de inmigración, porque es un fenómeno que tiene que ver con la seguridad ciudadana, con Interior, con Justicia, con Educación, con políticas sociales. Y afecta al Gobierno de la nación, a las comunidades autónomas, a los ayuntamientos, a los sindicatos y a los empresarios. Si no damos una solución ordenada, será pasto de demagogia, de explotación, de inmigrantes irregulares y de discursos que han sido bastante lamentables. En inmigración quiero un gran acuerdo de Estado. Lo propondré y dedicaré el tiempo que sea necesario para conseguirlo.

P. ¿Cuándo pensó en la posibilidad de ser presidente del Gobierno?

R. Cuando en mayo de 2000 tomé la decisión de presentarme a secretario general del PSOE sabía que conseguirlo llevaba aparejada la posibilidad de trabajar por ser presidente del Gobierno.

P. ¿Y se ve con opciones de ganar?

R. Puedo ganar. Estoy plenamente convencido de que, si la gente que quiere cambio respalda la opción de cambio del PSOE, podemos lograr la mayoría en las elecciones del domingo.

P. ¿Guarda algún conejo en la chistera?

R. Más que con promesas electorales, los últimos días de campaña tienen que ver con los principios, con los compromisos de cómo gobernarás. Podría resumir mis grandes líneas en cuatro: una España unida, con diálogo; una España europea y no en el limbo; una España moderna, que mira hacia adelante y no hacia atrás, y una España solidaria y competitiva. Ésta es mi apelación al voto del cambio tranquilo. Las encuestas ponen de manifiesto que hay ganas de cambio y la gente nos dará el apoyo si lo merecemos. Pero no tengo ninguna duda de que hay gente más que suficiente para que haya un cambio.

P. ¿Y, pase lo que pase el domingo, buscará el diálogo con el líder del PP?

R. A mí, con mi talante, casi nada me impide el diálogo. Incluso he llegado a acuerdos con este Gobierno, que no ha respetado a la oposición, igual que en su día cuando fue oposición no respetó al Gobierno. Es una pauta de conducta impuesta por Aznar y que Rajoy parece querer seguir: se ha negado a un debate y ése no es un buen principio de hombre dialogante. Después del 14 de marzo, gane o esté en la oposición, voy a estar siempre dispuesto al diálogo.

P. ¿Por qué ha puesto tanto énfasis en el debate cara a cara?

R. El debate hubiera sido bueno para los españoles, bueno para el proceso electoral. ¿Por qué? Porque es el mejor terreno para ver la diferencia entre ideas y proyectos y también para que los candidatos sean consigo mismo lo más exigentes.

P. ¿Habrá debates en el futuro si es presidente?

R. Por supuesto, y espero que éstas sean las últimas elecciones generales sin debates en España. Confío en que eso lo ganemos también el 14 de marzo.

P. ¿Por qué un debate a dos?

R. El debate de los líderes de los dos grandes partidos parece conveniente y necesario. Es el que despierta más interés, porque en él se ponen encima de la mesa los proyectos de quienes pueden ser presidente del Gobierno.

P. ¿Y por qué cree que el PP lo ha rechazado?

R. Rajoy no ha aceptado el debate porque forma parte de una estrategia de campaña que les está haciendo aguas. Ellos querían una campaña plana, rápida, y ¡plas!, a votar. Querían una campaña donde no hubiera movilización y con baja participación, pero el PSOE ha conseguido arrancar la campaña con fuerza, y hoy las expectativas de participación electoral son muy altas.

P. ¿Se encuentra algún parecido con Hitler?

R. Lo que están dispuestos a decir para intentar no perder las elecciones... Me ha parecido patético. Casi prefiero olvidarlo porque me resulta lamentable. Otra buena razón para que el cambio se produzca el 14 de marzo es que no tengamos esos manuales de campaña electoral que denigran el sentido común y agreden la sensibilidad de los ciudadanos. Parece que tratan a la gente como menores de edad. Respetar es la única manera de que te respeten.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de marzo de 2004