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Reportaje:

De la Costa Este a las Fallas

Once estudiantes del Earlham College de Richmond, en Indiana, viven inmersos en la fiesta valenciana para aprender español

Desde Richmond, Indiana, en el condado de Wayne, las fallas pueden ser algo así como un enorme Mardi Gras marciano ahora que la Nasa ha puesto de moda el Planeta Rojo. Y algo de eso hay a juzgar por el estupor y la grata sorpresa que las Fallas han provocado en un grupo de 11 jóvenes estudiantes del Earlham College de aquella ciudad norteamericana.

El caso es que éstos once de Richmond están en Valencia desde el siete del pasado mes de enero conviviendo entre falleros (¿recogiendo pruebas?) como resultado de un programa de aquella pequeña universidad que se marca como objetivo el aprendizaje del español a partir de una experiencia convivencial. El pionero de esta actividad fue Steve Domenick en el año 2000 y desde entonces la cosa ha ido a mayores. El culpable del experimento es un profesor del CEU de Valencia, Jesús Peris, filólogo, especialista en literatura latinoamericana, y claro, fallero conspicuo de la comisión de Ripalda.

"Earlham", comenta Peris, "da mucha importancia a la actividad práctica más allá del aprendizaje de contenidos académicos. Colaboro en el proyecto desde hace años y al principio los estudiantes se integraban en asociaciones antimilitaristas o de amas de casa. Las Fallas sólo eran una posibilidad más hasta que entendimos su potencialidad como laboratorio para un estudio cultural completo... para entender, también, la función de las fiestas tradicionales en el contexto de la modernidad". Estos falleros del otro lado del Atlántico tienen entre 19 y 21 años y estudian el equivalente a un segundo o un tercero de una carrera universitaria en España en especialidades como Ciencias Políticas, Arte, Psicología, Biología, Sociología y Antropología, Lingüística Comparada y Filología Española.

Becca Ethridge, estudiante de Psicología de 19 años, no tenía (al igual que todos sus compañeros) ni idea de qué eran las Fallas. Se enteraron más o menos de la historia después de visionar un breve video. "Es muy fuerte", comenta está joven de Filadelfia, con media sonrisa, "ver a toda esa gente de un barrio unidos durante meses en la organización de la fiesta". Becca, que practica en la comisión En Plom-Guillem de Castro, está admirada con la capacidad socializadora de las Fallas.

"Ojalá", ríe, "hubieran Fallas, o algo parecido, en mi ciudad". Lizzie Wade, estudiante de Filología Española confiesa que lo más parecido en este sentido que ha conocido son las reuniones de su iglesia a la vez que no se le escapa la fuerza de las Fallas como elemento de consolidación de una identidad colectiva. Todo parece indicar que Lizzie se ha integrado a la perfección en su comisión de Peu de la Creu, participando en las coreografías que amenizaron la presentación de las Falleras Mayor y Infantil y en otras muchas actividades. "En las Fallas, todo no es fiesta, se trabaja mucho", explica Becca y confiesa haberse arremangado pintando los decorados para la presentación de su falla.

Adam Noland, un estudiante de Filología procedente de Louisville, fue uno de los autores del llibret de la falla Ripalda, en el que tuvo ocasión de despacharse contra la guerra en Irak. Todos, después de visitar numerosos talleres falleros, se han sorprendido con la proliferación del ninot de George W. Bush y fascinado por la puesta en escena de La Crida. Becca y Lizzie se muestran tan entusiasmadas que advierten que saldrán vestidas de Falleras en La Ofrena. Otros participan en la construcción del monumento de Arrancapins o se han convertido en expertos jugadores de Truc.

Más allá de la anécdota hay una sólida concepción de la idea. De hecho horas, de estudio, conferencias, libros y visitas culturales completan el programa. "Se trata de combinar la alta cultura con la cultura popular a partir de la experiencia convivencial dentro del mundo festivo", apostilla Peris. Todo un reto, difícil, si se piensa bien, incluso para los de casa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de marzo de 2004