Cartas al director
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La verdad oculta del Yak-42

En el doloroso camino hacia la verdad que a diario recorremos los familiares de los militares fallecidos nos encontramos una nueva humillación a su memoria en la falta de respeto debida a sus restos mortales.

Meses después del accidente tenemos conocimiento del hecho de que se enterraron en Turquía sin nuestro conocimiento y, por supuesto, sin nuestro consentimiento "unos pocos" restos humanos aparecidos días después del accidente. Escasos restos, según el Ministerio de Defensa, entre los que se incluía una mano, mano que quizás repartió algún juguete a los niños afganos, reparaba aviones en Manás o quizás ayudó a desactivar una mina enterrada como parte de su trabajo, restos que exigimos sean repatriados para que por fin descansen en paz.

Camino más doloroso aún en el engaño de la falsa identificación de los cadáveres, una dolorosa burla para quien buscó consuelo en la cercanía de sus sepulturas, una burla a quien como a mí se le enseñó documentación falsa acerca de la identificación en la propia sede del Ministerio de Defensa de mi país, y una burla a S. M. el Rey, quien confiadamente depositó una medalla encima del féretro de mi hermano y cuya emoción fue engañada.

La burla a una democracia que sale dañada irreparablemente dejando indefensas a las víctimas ante tanta impunidad bajo un hábil juego de palabras y engaños de nuestro Gobierno.

Parlamentarios que impedisteis con vuestro voto en varias ocasiones la creación de una comisión de investigación parlamentaria, fiscales y jueces que dificultasteis la tramitación de nuestras denuncias, militares y políticos perversos que ocultasteis la verdad. Malditos seáis todos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 06 de marzo de 2004.

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