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Reportaje:

El deslumbrante exorcismo de Halle Berry

La actriz presenta 'Gothika', una película de terror en la que arruina su espectacular belleza para encarnar a una endemoniada

Endemoniada, con los ojos extraviados, muy cachas pero bastante feúcha, el pelo como recién salido del enchufe, unas llagas espantosas en el cuerpo, pálida y desfigurada. Así de desmejorada aparece la deslumbrante Halle Berry (Cleveland, Ohio, 1966) en Gothika, película de terror dirigida por el francés Mathieu Kassovitz y ambientada en un presidio psiquiátrico.

La película se estrena el viernes en España y la ganadora del Oscar en 2002 por Monster's ball copa el 99% del embrollado metraje: Berry empieza la historia felizmente casada con su gordo jefe negro (Charles S. Dutton), levemente acosada por su agitado compañero blanco (Robert Downey Jr.) y ejerciendo de psiquiatra mona y voluntariosa de Penélope Cruz (asesina y a su vez poseída, demacrada y llena de llagas), y acaba el filme hecha unos zorros, viuda, acusada de asesinato, oyendo voces como Moisés y viendo fantasmas por doquier.

Ayer, en cambio, la actriz, que de joven fue Miss Ohio y hoy es Miss Revlon, compareció en Madrid para promocionar su thriller hecha un brazo de mar (¡qué brazos tan largos tiene!), enjoyada pero sólo lo justo, tan guapa como si fuera de mentira: los labios de mentira, la nariz de mentira, el cuello de mentira, la piel evidentemente falsa, el mentón y la barbilla dibujados y un moño que realzaba el óvalo perfecto de su cara. Todo ello, con un modelazo negro de verano (sólo nevaba fuera del Ritz), unas medias de rejilla grande y unas botas-andamio desde las cuales saludaba con sonrisa Revlon-Profidén. Sólo una larga observación, con la boca abierta dejó ver el defectillo: su ojo izquierdo mira mucho hacia Connecticut.

Como la película es Sony-Columbia, Berry se hizo los dos minutos de fotos de rigor ante una ferretería de cámaras y recibió la ya típica zamarra del Atlético de Madrid (aunque no se la puso) de manos del delantero Velko Paunovic, que en la Liga no juega ni a tiros pero que resulta ideal para estas actividades paralelas del show-business: "Confieso que no me gusta nada el deporte, pero he disfrutado mucho con lo de la camiseta, especialmente por el caballero que me la ha entregado", dijo Berry fingiendo ruborizarse. "Es más guapa de lo guapa que sale en el cine", dijo él.

La actriz se sometió a preguntas durante media hora. Seguía sonriendo, pero estaba tensa: su silla no dejaba de saltar arriba y abajo. Pese a todo, soltó con encanto envidiable, inteligencia aparente y simpatía a raudales los tópicos habituales de las estrellas en gira promocional, subgénero que Truman Capote llamó el género ínfimo del periodismo.

Contó que le gustaría mucho rodar en Europa, afirmó que Penélope Cruz es "una actriz maravillosa, soberbia, bella por dentro y por fuera" y que en Gothika hace una actuación "hard-core"; anunció que está muy recuperada del accidente que sufrió en el rodaje (se rompió un brazo en uno de los numerosos forcejeos con los enfermeros), y cuando se le preguntó por esa moda hiperfeísta que acecha últimamente a las actrices más guapas de Hollywood (ella, Nicole Kidman, Charlize Theron, la propia Penélope Cruz...), dijo que es sólo "el precio que hay que pagar por obtener buenos papeles y no hacer siempre de niña guapa: en efecto, hay otras actrices que podrían hacer estos papeles, pero nosotras queremos demostrar que somos más que niñas guapas, que podemos ofrecer más cosas que belleza". Claro que, siendo tan guapa, las sesiones de maquillaje para salir tan fea serán una pesadilla, ¿no? "No, no, todo consiste en levantarse un poco antes para maquillarse un poco más".

¿Y cómo ha afectado el Oscar a su carrera? (esto se lo preguntaron dos veces): "El Oscar fue un momento estupendo y un estímulo para mucha gente de color, pero sigo siendo la misma de antes, sigo corriendo riesgos y eligiendo los guiones que más me inspiran, sigo actuando como si no lo hubiera ganado. Lo contrario sería un suicidio artístico. Recuerdo a muchos actores con Oscar que se subieron a un pedestal y desaparecieron del mapa esperando un papel a la altura de su Oscar. A mí no me pasará eso. Sé que mi Oscar vino de mis compañeros, actores, productores, cineastas. Soy una artista que adora su trabajo, muchos de mis momentos más alegres los vivo actuando y siempre busco textos que me emocionen y personajes a los que pueda alimentar de pasión".

Berry se explayó menos sobre la ola de censura que recorre su país. Dijo que es una cuestión delicada, que las televisiones tienen derecho a decidir cómo quieren emitir la gala de los Oscar porque dependen de sus apoyos financieros, y remató: "En general, no me gusta la censura y creo en la libertad de expresión siempre que no dañe los derechos de los demás".

Dado el alto contenido espiritual de la película, no faltó la pregunta esotérica esperada: "Sí, creo en lo paranormal", dijo Berry. "Algunas veces he sentido que algunas personas que han muerto están conmigo de alguna manera. Me parece que de vez en cuando nos visitan los espíritus". Y se largó a Alemania.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 25 de febrero de 2004