Cartas al director
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Incumplimiento

Ruiz-Gallardón, en un simple gesto de aparente soberbia muestra mucho de lo que aquella dulce apostura progre decían algunos, progre en el PP. Me refiero, a modo de ejemplo, al tema de la reestructuración de la M-30 de Madrid: renuncia a cumplir los plazos de si debe hacer la declaración de impacto. O dicho de otra manera: no cumplirá sus promesas del programa electoral si debe cumplir la ley. Y no es ya, tan sólo, la actitud de presionar para poder saltarse una legislación local, autonómica y estatal, además de todo acuerdo internacional (europeo o no). No es tan sólo eso.

Es que, además, presiona para cambiar opiniones públicas y éticas personales, haciendo labor de zapa contra una educación que tanto cuesta que llegue a la gente: la educación ambiental. Una educación que no representa ni más ni menos que el respeto a los demás y a la vida ajena: esto es lo que escondía la sostenibilidad, el respeto a todos, a los que existen y a los que existirán.

Y en un breve alegato, este prócer líder de la patria suya, con el largo dedo que le señalaban hace un par de días el resto de las formaciones políticas, señala una zona del mapa de Madrid a devastar.

Y voy más allá: dentro de su talante democrático, nos esconde que las declaraciones de impacto significan algo más que los estudios puramente científicos, significan la posibilidad de hacer alegaciones a los proyectos por parte de la ciudadanía toda, sea a través de sus asociaciones, u organizaciones, o de manera individual, de afectados y no afectados, de perjudicados que quieran medidas correctoras...

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 19 de febrero de 2004.