La explosión demográfica del pueblo palestino condiciona los planes en Oriente Próximo

Los árabes serán pronto más numerosos que los judíos en Israel y los territorios ocupados

Aunque el Gobierno israelí asegura que la construcción del muro de separación de Cisjordania obedece exclusivamente a una lógica antiterrorista, algunos analistas ven en ella la mejor fórmula para combatir la "bomba demográfica" palestina. Las estadísticas recopiladas por un geógrafo de la Universidad de Haifa, Arnón Sofer, muestran cómo el alto índice de crecimiento de los palestinos les convertirá en mayoría en pocos años en el área de Israel y los territorios ocupados. En base a esto, Sofer lleva años abogando por la construcción de una barrera, llegando incluso a reclamar la paternidad del proyecto.

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Según este profesor, la tasa de natalidad de los palestinos supera con creces a la de los judíos. Mientras los primeros se multiplican a un ritmo del 3,7%, los segundos lo hacen al 1,6%. De acuerdo a sus predicciones, para 2020 los judíos sólo constituirán el 42% del total de habitantes que residen en Israel y en los territorios ocupados. Junto a una población hebrea de 6,4 millones convivirán 3 millones de árabes y otras minorías dentro del actual territorio israelí, así como 3,3 millones en Cisjordania y otros 2,5 en la franja de Gaza.

En opinión de Sofer, el problema trasciende las fronteras aún por determinar entre Israel y Palestina, adquiriendo una dimensión regional. "Oriente Próximo tiene una tasa de crecimiento vegetativo extremadamente alta, especialmente Siria, Jordania, Egipto y la ribera oeste de Israel [término utilizado para referirse a Cisjordania]", dijo en un reciente encuentro de la agencia judía celebrado en un hotel de Jerusalén. "La población de esta zona podría llegar a duplicarse en un plazo de 25 a 30 años, lo que implica la necesidad de hacer frente a nuevas infraestructuras, escuelas, hospitales y demás necesidades", agregó.

Previendo esta avalancha demográfica, Sofer propuso ya hace años el levantamiento de un muro que sirviera de frontera entre la Autoridad Nacional Palestina e Israel. Según ha afirmado públicamente en varias ocasiones, el mismo día en que Ariel Sharon se convirtió en primer ministro (6 de febrero del 2001) sus asesores se pusieron en contacto con el demógrafo para pedirle una reunión de trabajo, a la que acudió con sus mapas y tablas estadísticas, con el objetivo de elaborar una estrategia de separación de los palestinos. Sofer mantiene también que él fue el padre intelectual de la barrera de separación, aunque ya había precedentes dentro de la derecha israelí.

Paradójicamente fue el Partido Laborista, ahora en la oposición, el que comenzó a barajar la idea. Acuñado a principios de 2001 por el diputado Haim Ramón, e incorporado a su programa por el ex primer ministro Ehud Barak, ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo en las negociaciones de Taba y la pérdida del poder en las urnas, "el plan de separación unilateral" se convirtió en el principal asunto de la política israelí. Tras mostrase inicialmente contrario, Sharon ha pasado a ser hoy su principal valedor. Queda por ver cuál es exactamente el contenido de su plan, cuyos detalles están siendo ultimados por el titular del Consejo de Seguridad Nacional, Giora Eiland, y se presentarán en breve ante la Casa Blanca.

La posibilidad de que Israel aplique el plan sin negociación previa ha provocado dos reacciones opuestas entre los palestinos. Algunos dirigentes vuelven a repetir sus amenazas de declarar de forma unilateral su independencia dentro de los territorios conquistados en la guerra de 1967, es decir, Cisjordania, la franja de Gaza y Jerusalén oriental. Sin ir más lejos, el ex ministro de Información y coautor de la iniciativa de Ginebra, Yasir Abed Rabbo, confirmó ayer que "es una de las opciones que contemplamos como respuesta al plan unilateral de Sharon".

El portavoz del Ministerio de Exteriores israelí, Jonathan Peled, se limitó a contestar que "este tipo de declaraciones ni son productivas ni logran acercar a las partes", enfatizando los potenciales efectos contraproducentes que podría tener en la aplicación de la Hoja de Ruta (plan de paz de EE UU, la UE, Rusia y la ONU, que propone la creación de un Estado palestino para finales de 2005).

La segunda posibilidad fue expuesta hace unas semanas por el actual primer ministro palestino, Ahmed Qurei. Viendo cómo el plan de Sharon apunta hacia la creación de una entidad territorialmente discontinua y económicamente inviable, Qurei reclamó un "Estado binacional" en el que los palestinos pasen a tener los mismos deberes y derechos que los israelíes. En este caso, la inversión de la balanza demográfica sería inmediata, algo a lo que se opondría no sólo el establishment político hebreo, sino la inmensa mayoría de sus ciudadanos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0010, 10 de febrero de 2004.