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Reportaje:

El Ayuntamiento inventa la casa hinchable

El municipio diseña y entrega nuevos y modernos modelos de vivienda pública

La idea consiste en que la casa parezca de noche el camarote de un barco y de día un gimnasio; o de noche un domicilio familiar y de día un salón de baile (o al revés). En una palabra: que la vivienda sea tan versátil como una gabardina reversible y que para ampliar las habitaciones no haga falta preparar la cartera y llamar a una cuadrilla de obreros. La Empresa Municipal de la Vivienda (EMV) entregará dentro de un mes 64 casas protegidas, esto es, baratas (de 90.000 a 114.000 euros), con paredes extensibles y camas escondibles, todas ubicadas en el nuevo barrio del Ensanche de Carabanchel.

El diseño pertenece a los arquitectos María José Aranguren y José González Gallegos y se resume así: a base de paredes de paneles de madera con estructura de biombo (ver gráfico), la casa se repliega en sí misma convirtiéndose en una residencia de 90 metros cuadrados de salón o, si se prefiere y si se descorren los paneles-paredes, en una casa convencional de dos habitaciones y un comedor.

Las camas se esconden en el hueco de un falso pasillo para dejar espacio libre

Para que las camas tampoco estorben, los arquitectos han ideado un sistema novedoso y cómodo que recuerda a aquellas camas plegables que se ocultaban en falsos armarios de los tiempos del Cuéntame. En la casa de Aranguren y Gallegos las camas, con ruedas, se esconden en el hueco de un falso pasillo. De forma que si los habitantes de esta vivienda del futuro así lo desean, toda la extensión de la casa queda tan diáfana como la de una cancha de baloncesto.

Sigfrido Herráez, concejal delegado de Vivienda (PP), asegura que las paredes extensibles, a pesar de su apariencia, son "aislantes desde el punto de vista acústico". "No se trata de un simple biombo como el de las oficinas: son paneles con doble revestimiento de madera y un aislante acústico en el medio. Impiden el paso del ruido más que una pared de ladrillo", añade.

En 1949, Mies van der Rohe levantó a 50 kilómetros de Chicago, en medio de un bosque de cuento, una casa de una belleza descomunal: sin muros interiores, con paredes de cristal, la idea del arquitecto era que nada se interpusiera entre su clienta, Edith Farnsworth, y la maravilla verde que la rodeaba. ¿Todo perfecto? Pues no: la cosa acabó mal. La vivienda resultó inhabitable, entre otras cosas, porque atraía, de noche, a miles de insectos debido al resplandor que despedía su estructura de enorme cubo transparente.

¿Puede pasar lo mismo con las viviendas de Herráez? "Hombre, no creo. Están pensadas para gente moderna, joven, de nuestro tiempo, con hijos, que no quieran colgar muchos cuadros en las paredes. Aunque alguno habrá que al final llame a los obreros y acabe colocando muros de ladrillo. Estará en su derecho, aunque no es ésa la idea, la verdad."

Para Herráez, lo ideal es que este tipo de viviendas acaben en en manos de un perfil muy concreto: de 25 a 35 años, con trabajo, con cierto "sentido estético". "No son un loft, porque les falta altura, pero casi casi...", señala el edil.

Dentro de un mes se comprobará si los habitantes de la casa extendible del Ayuntamiento viven encantados en ella o si, como Edith Farnsworth, se acuerdan de la madre del arquitecto que diseñó su hermosísima casa cada vez que entren en ella.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 24 de enero de 2004