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Reportaje:

Se subió la parra

Una gigantesca vid ocupa la fachada de una casa en ruinas en la calle de Antonio Grilo

Una parra de más de sesenta años de vida y treinta metros de despliegue horizontal por ocho de altura afronta este mes de enero su presumible último invierno.

Su tronco leñoso, que florece vigoroso cada año, presenta la particularidad de surgir desde el interior mismo de una casa de la madrileña calle de Antonio Grilo, bocacalle de San Bernardo, de cuyo portal sale por una de sus jambas para encaramarse hasta la balconada de su tercera planta.

Luego, ocupa con sus ramaje hasta diez de los doce miradores con los que cuenta el inmueble. La casa, de un siglo de antigüedad, aproximadamente, se encuentra en situación de ruina, según reza un cartel fijado en una de sus ventanas. Sus antiguos propietarios dicen que les ha sido expropiada por una cifra irrisoria -más de medio millón de euros- para construir un ambulatorio.

"Ya estaba esa parra ahí cuando yo nací", dice la vecina adulta de una casa contigua. La presencia de esta parra cabe explicarla por hallarse en un paraje de huertos históricos, del que queda una encina centenaria, de 18 metros, en la cercana calle de Amaniel.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de enero de 2004