OPINIÓN DEL LECTORCartas al director
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Corte de tráfico en el parque del Oeste

El Ayuntamiento de Madrid ha prohibido el tráfico de vehículos en el paseo de Camoens y Roberto Chapí, situados en el parque del Oeste, los fines de semana desde el viernes por la noche hasta el lunes por la mañana. De esta forma se recupera este espacio para el uso y disfrute de los madrileños. Suena bien. Incluso progresista, ¿no?

El parque del Oeste tiene una bajísima presión demográfica. Linda con Argüelles, con la Ciudad Universitaria y con las vías del tren. Más allá, hay otro parque y, tras una fila de edificios, está la Casa de Campo. Es decir, está casi vacío. ¿Por qué motivo añadir una vía asfaltada a los múltiples caminos, rotondas y lugares de esparcimiento ya notablemente despoblados? Ayer, como era previsible, había más policía que usuarios, y por la noche el aspecto era lúgubre.

Aparentemente, 22.000 coches usan los citados paseos en los fines de semana. Les puedo asegurar que en ningún momento existe sensación de presencia masiva de coches, algo que, por el contrario, sí ocurre entre semana, cuando los atascos son permanentes. Pues bien, si se pretende que los conductores respeten a los viandantes, hay otras formas de hacerlo que no son cortar todo el fin de semana el tráfico rodado molestando a 22.000 usuarios.

He oído decir que el motivo oculto es expulsar a las prostitutas. No sé si sigue habiendo, pero en todo caso no están a las horas de los niños y las familias. Más bien acuden por la noche, a la hora en la que coinciden con sus clientes.

Sin embargo, creo que sí hay un motivo oculto. Desde hace años, el parque del Oeste es el centro de reunión y esparcimiento de muchos suramericanos, especialmente ecuatorianos, que encuentran en el paseo de Camoens un lugar donde charlar con sus compatriotas y olvidarse por unas horas de la dura vida que llevan. Algo que la autoridad municipal nunca ha visto con agrado. Admitimos que existan, parecen decir nuestros alcaldes, pero no que se les vea. Mucho menos en grupo y pasándolo bien. Al parecer, repetidos intentos por evitar estas reuniones han terminado en fracasos. Al fin y al cabo, sus reuniones son pacíficas y respetuosas con la ley.

De modo que la autoridad ha ideado la forma de echarles: cortar el tráfico rodado, aumentar la presencia policial y procurar una mayor asistencia de madrileños de los de verdad que les haga sentir como extranjeros, que es lo que en definitiva son. Así pues, la aparente progresividad de la norma municipal parece esconder motivos restrictivos. No se trata de aumentar el uso y disfrute del parque, sino de restringirlo. Entretanto, 22.000 vehículos nos vemos obligados a cambiar nuestro itinerario entre el viernes por la noche y el lunes por la mañana.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 29 de noviembre de 2003.

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