RADIOGRAFÍA DE LAS CARRETERAS DE ACCESO A LA CAPITAL / 1

Dos mundos paralelos en el tren Las Rozas-Atocha

Es hora punta y en el tren de Cercanías de Las Rozas a Atocha viajan mocasines, abrigos y portafolios. A la misma hora, en el tren que hace el recorrido inverso viajan

zapatillas, cazadoras y mochilas. Dos mundos paralelos que sólo convergen en la estación de Las Rozas, donde unos esperan a que llegue el tren y los otros a desembarcar para trabajar en labores fundamentalmente domésticas y de la construcción. Cerca de 66.000 pasajeros hacen a diario este trayecto en ambos sentidos, por el que pagan 1,55 euros.

El pasado lunes, a las 8.00, el tren arrastraba un retraso de 15 minutos. "Una avería entre Atocha y Chamartín", justifican en Renfe. "Siempre que hace frío sucede lo mismo", explica Juan Carlos, un universitario que espera aterido en Las Rozas. Cuando por fin arranca, el Cercanías tarda media hora en llegar a Madrid, como es habitual.

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El aparcamiento disuasorio de Las Rozas -concebido para promover que los conductores abandonen su coche y usen el transporte público- rebosa de automóviles. En este alto grado de ocupación influye, según un policía municipal que patrulla la zona, que el estacionamiento es gratuito, a diferencia de los de Majadahonda y El Barrial, en los que hay que abonar un euro por día. Sin embargo, el aparcamiento de Las Rozas será adjudicado en breve a una empresa, que empezará a cobrar.

El jazz y la música clásica se alzan sobre cualquier otro sonido por la mañana en los vagones del Cercanías. Apenas hay conversaciones; a lo sumo, la de un grupo de cuatro búlgaros que discuten como si fuesen ocho sobre cuál de sus mujeres es más guapa. Son muchos más los que dedican su tiempo a hojear el periódico o echar una última cabezada. Estos últimos son afortunados: encontrar un sitio es tarea casi imposible.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0025, 25 de noviembre de 2003.

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