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ELECCIONES EN CATALUÑA | Séptimo triunfo consecutivo

CiU promete administrar la victoria con "humildad"

La cúpula de la federación muestra su preferencia por un pacto nacionalista

Los dirigentes de Convergència i Unió (CiU) pasaron ayer, en menos de dos horas, del abatimiento a la euforia. Allí donde los sondeos a pie de urna y los primeros resultados pronosticaban una amarga derrota, horas después se producía una clara victoria, la séptima del partido y la primera con Artur Mas como candidato. La alegría tan sólo se tradujo en palabras de agradecimiento por parte del tridente de CiU, que evitó en su comparecencia regodearse por el resultado y cualquier crítica sangrante a sus contrincantes. Consciente de la pérdida de apoyo electoral, Mas aseguró que asumía esta victoria "con humildad, porque de todos podemos aprender". La cúpula nacionalista confía en poder formar una mayoría nacionalista con ERC.

La noche en la sede electoral de CiU, el hotel Majestic de Barcelona, fue similar a la vivida recientemente en la Comunidad de Madrid por el Partido Popular (PP). Unas primeras horas en que los resultados parecían adversos, un recuento desfavorable al inicio y un remonte espectacular hasta conseguir una distancia de cuatro escaños respecto del Partit dels Socialistes (PSC). Este desarrollo tenía su correlato con el estado de ánimo de los asistentes, que pasaron de un tenso silencio a la euforia absoluta cuando en las pantallas de televisión se anunció que CiU había sobrepasado al PSC en número de diputados; todavía más cuando se confirmó que CiU y Esquerra Republicana podían sumar la tan anhelada mayoría absoluta nacionalista. De ahí hasta la fiesta que se montó delante del hotel, con los dirigentes convergentes arropando a Mas y todos cantando Els segadors, medió la comparecencia del tridente, hacia las 23.30.

Cuando la cúpula de CiU -Artur Mas, Jordi Pujol y Josep Antoni Duran Lleida- hizo acto de presencia, los asistentes, que se repartían como podían entre las dependencias del hotel y en sus alrededores, irrumpieron en aplausos y vítores coreando "Mas, president!". Los tres dirigentes coincidieron en que estas elecciones eran las más disputadas desde 1980, en que CiU ganó contra pronóstico ante el PSC, y agradecieron la gran movilización conseguida.

Un Pujol que se declaraba "inmensamente feliz" tuvo que pedir a gritos e irritado a los asistentes que se callaran para que él pudiera acabar de hablar. El todavía presidente de la Generalitat recordó satisfecho que éstas eran unas elecciones ganadas a pesar de los pronósticos, las "mofas", el "menosprecio" y la "petulancia" con que "algunos" sometían a su delfín. Pujol dirigió sus agradecimientos, por este orden, a CiU, Duran Lleida y a Mas. Pero fue al líder de Unió Democràtica (UDC) a quien dirigió mayores elogios. Pujol dijo: "Sin él, la victoria no habría sido posible", y apeló a la federación a movilizarse con el mismo entusiasmo en las generales de marzo, cuya lista encabezará Duran.

Pero a quien se esperaba con más fervor era a Mas, candidato que ha pasado la reválida de sus primeras elecciones y de sustituir a un líder tan carismático como Jordi Pujol. En sus primeras palabras, Mas afirmó que su victoria "abre una etapa que llevará a Cataluña hacia nuevos horizontes nacionales" y repitió sus tres compromisos adquiridos durante la campaña: "Defender el modelo de país, asegurar que Cataluña sea presidida por un partido que no dependa de Madrid y trabajar por el proyecto de futuro". Mas se congratuló de la "mayoría nacionalista" surgida de las urnas para poder "liderar" el proceso de redacción de un nuevo Estatut.

Minutos antes de su comparecencia, los dirigentes de CiU y todos los simpatizantes habían escuchado con atención -primero, con aplausos; más tarde, en un significativo silencio- las contundentes declaraciones del candidato de Esquerra Republicana, Josep-Lluís Carod, con quien esperan poder formar mayoría nacionalista. Carod no se pronunció de forma clara por esta opción, sino que abogó por un gobierno de "unidad nacional". Es una idea que ha venido repitiendo a lo largo de la campaña y que se basa en la formación de un gobierno de todos los partidos que en su programa incluyen la reforma del Estatut, es decir, todos menos el Partido Popular. Carod dijo que cualquier pacto en Cataluña entre ERC y CiU es incompatible con un acuerdo de convergentes y populares en Madrid.

Pero el tridente también puso condiciones. CiU se muestra favorable a una coalición nacionalista, pero advirtió de que no renunciará a negociar con el partido que gobierne en España a partir de las elecciones legislativas de marzo de 2004. Pujol y Duran recordaron que la actitud negociadora de CiU en el pasado les ha provocado un desgaste electoral, pero alertaron de que están dispuestos a repetir.

El resultado echó por tierra las encuestas, pero no los pronósticos de los nacionalistas, que en los últimos días confiaban en dar el vuelco dada la movilización de su militancia, tanto en Barcelona como en Girona, donde se preveía un gran trasvase de votos hacia ERC, Lleida y Tarragona, donde se temían los efectos del apoyo nacionalista al polémico Plan Hidrológico Nacional. De hecho, en las tierras del Ebro, CiU obtuvo 27.000 votos más que en 1999.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 17 de noviembre de 2003