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Reportaje:

La sangre tóxica de la comisaria de la UE

Wallström se somete a un análisis para denunciar la exposición a sustancias químicas

Contra la presión de la industria química europea, la comisaria europea de Medio Ambiente ha puesto sobre la mesa un argumento inapelable: su propia sangre contaminada con 28 productos químicos tóxicos, algunos de ellos relacionados con perturbaciones hormonales y reproductivas y con ciertos tipos de cánceres. En la sala de prensa donde se desgranan habitualmente asuntos tan fríamente burocráticos como el Pacto de Estabilidad o la fiscalidad en el ahorro, los periodistas no pudieron por menos que preocuparse por la salud de la comisaria, que aseguró sentirse bien, aunque decidida a cambiar de dieta reduciendo la ingestión de pescado del Báltico y, sobre todo, a sacar adelante la polémica directiva sobre registro, evaluación y autorización de sustancias químicas que lanzó hace sólo una semana.

En la prueba realizada a la responsable europea de Medio Ambiente se encontraron 28 sustancias peligrosas

Margot Wallström, nacida en Suecia hace 49 años, tiene dos hijos, de 17 y 11 años. "Ahora que conozco el resultado del análisis de sangre", dijo ayer, "miro a mis hijos de otra manera. Pienso en la herencia que les vamos a dejar y en cómo utilizo en mi propia casa ciertos productos cuyas consecuencias para la salud desconocemos".

El experimento al que se ha sometido Wallström lo ha dirigido la organización World Wildlife Fund y se ha realizado en la Universidad británica de Lancaster. Junto a la muestra de sangre de Wallström, se han analizado las de 156 personas procedentes del Reino Unido y de Bélgica y los resultados son parecidos en todas ellas, lo que demuestra que todos estamos expuestos a productos químicos y a sus combinaciones de forma alarmante.

Los investigadores buscaban el rastro de 77 sustancias químicas agrupadas todas ellas en tres grupos: polibromo-difenil éter, policloro bifenilos (más conocidos por las siglas PCB) y pesticidas clorados. El resultado: la sangre de la comisaria europea contiene 28 sustancias de los tres grupos y entre ellas está el DDT (dicloro difenil tricloroetano), cuyo uso está prohibido en Europa desde 1983, lo que también demuestra la persistencia acumulativa de estas sustancias.

El polibromo-difenil éter se utiliza como retardador de ignición en tejidos domésticos, como alfombras y muebles, y se ha encontrado en tejidos animales, agua y sedimentos en lugares muy lejanos de donde fueron liberados. Metabolizados por el organismo, algunos de ellos pueden ser muy dañinos para la salud y se acumulan en la grasa y la leche materna. La exposición a estos productos se produce a través de la dieta y, en particular, del pescado graso. La legislación europea prohíbe su uso, que será efectivo a partir de agosto del próximo año.

Los PCB se usan abundantemente en equipos eléctricos, pinturas y plásticos. También suelen estar presentes en el pescado contaminado, y sus efectos para la salud, siempre que haya una alta exposición a ellos, son dañinos para el cerebro, los ojos, el corazón, el sistema reproductivo y el inmunológico, entre otros. Entre los PCB más conocidos está la dioxina, una sustancia cancerígena.

Algunos estudios, según aseguró ayer el doctor Vyvyan Howard, que ha dirigido el experimento europeo, demuestran que la exposición en altas dosis a estas sustancias ha dado lugar a niños con coeficiente intelectual más bajo y más afecciones del oído medio. No están prohibidos en Europa, pero sí lo ha hecho la Convención de Estocolmo en 2001, que 40 países han ratificado. Si se aprueba la directiva sobre sustancias químicas que propone Wallström, bautizada como Sistema REACH, las empresas ya no podrán pedir su comercialización. Este sistema quiere meter en cintura a más de 30.000 productos químicos que hoy utiliza la industria europea sin control ni evaluación suficiente.

Finalmente están los pesticidas clorados, entre los que destaca el DDT, un insecticida muy utilizado en los años sesenta y prohibido en la UE desde 1983. Esta sustancia puede recorrer largas distancias a través del aire y el agua y una alta exposición afecta al sistema nervioso, pudiendo producir agitación, temblores y pérdidas de conocimiento.

La comisaria europea aseguró no pretender sembrar el pánico, pero el líder del grupo liberal en el Parlamento Europeo, Graham Watson, que también se ha sometido al mismo experimento (en su sangre había 31 sustancias químicas), confesó haber sufrido un cáncer de testículos y sus sospechas de su exposición a los pesticidas durante su infancia, transcurrida en un ambiente rural en su Escocia natal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de noviembre de 2003