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Reportaje:DIARIO DE PEDRO DUQUE

La despedida

El astronauta deja la ISS con la sensación de haber vivido una experiencia privilegiada

El día de hoy es el último que paso completo en la estación. Sigue habiendo mucho que hacer, pero ya el acento se centra más en terminar todo y empaquetar correctamente los resultados de los experimentos.

Aún hay una buena cantidad de experimentos que se puede aprovechar para hacer antes de volar, y así exprimir las horas de ingravidez para el estudio de líquidos o materiales.

Otros han de mantenerse congelados o a temperatura controlada hasta inmediatamente antes del aterrizaje, para luego no perder los resultados en las horas que estarán en la cápsula, puesto que ahí no tenemos ni refrigeradores ni calentadores para ellos, y se mantienen en termos.

El ambiente en la nave ha cambiado. La tripulación saliente ya tiene la mente en la Tierra y ha pasado el relevo a la tripulación nueva de forma completa.

Algunas pequeñas cosas han cambiado, aunque los nuevos aún tardarán un tiempo, me imagino, en ponerlo todo a su gusto. Hoy me ha llamado también la atención que los nuevos tripulantes quieren saber dónde he dejado todo, para continuar trabajando en ello o guardarlo donde a ellos les parezca.

La sensación del que se marcha después de muchos, muchísimos días aquí no la puedo conocer de primera mano, pero me imagino que ya están listos para volver y tienen ganas de encontrarse con su familia. Ellos dicen que han pasado unos meses agradables en la estación y que no se arrepienten de haber venido, pero puedo imaginarme que cuando lleguen a la Tierra será mucho mayor la felicidad que la nostalgia.

Sólo he conocido un compañero que, el mismo día del aterrizaje, al pie del avión que le traía de la estepa, me dijo: "Lo echo de menos, en la estación estaba yo mejor". Ése fue Valeri Poliakof en 1995, premio Príncipe de Asturias, después de la estancia más larga hasta el momento de un astronauta en el espacio: 14 meses. No sé qué pensará Valeri ahora, no se me ha ocurrido preguntárselo; quizás me diga que fue un pronto y luego se lo pensó mejor. Pero sí hay que reconocer que trabajar aquí un tiempo es un privilegio y la experiencia es inolvidable.

En mi caso, después de sólo 10 días, desde luego me podría quedar más si el ritmo de trabajo bajara a los niveles de mis compañeros, para poder tener algo de sosiego y disfrutar de las ventajas.

Tengo esa sensación del turista que ha estado unos cuantos días en un centro turístico y ve acercarse el último día, esa sensación de que queda mucho más por hacer y disfrutar de lo que da tiempo.

En estos días le he robado al día cinco minutos de aquí y cinco de allá para aprender a moverme con soltura, para mirar por la ventana la Tierra de día, la Tierra de noche, las estrellas.

Hoy he tenido suerte: he podido ver los fuegos en California, impresionantes, y he decidido dedicar unos minutos a meterme en un módulo fuera del camino de los demás y apagar las luces para ver la noche. Allí he visto algo que se ve con frecuencia, una tormenta eléctrica en la que los rayos se propagan de unas nubes a otras. Y, en medio de ese espectáculo, he visto algo pequeño pero muy bonito: una estrella fugaz debajo de nosotros. Una bonita despedida.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 28 de octubre de 2003