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La alianza del PSOE con el BNG se hunde en Galicia a los cuatro meses de las elecciones

El líder del PSdeG apela al diálogo mientras los nacionalistas exigen propuestas concretas

El PSOE buscaba ayer el modo de recomponer sus relaciones con el Bloque Nacionalista Galego, indiferente a los llamamientos socialistas al diálogo para restablecer sus pactos. El BNG se ha instalado en una postura de gran firmeza e insiste en dar por rotos los acuerdos suscritos hace sólo cuatro meses para facilitar la gobernabilidad de casi 50 municipios gallegos. Los nacionalistas no están dispuestos a pasar por alto la actuación del alcalde de Vigo, Ventura Pérez Mariño, cabeza de lista del PSOE, que la semana pasada expulsó del gobierno municipal al BNG.

La preocupación va en aumento en el PSOE, que se podría quedar sin su único aliado posible para acabar con el largo dominio del PP en Galicia.

Desde que el BNG desató su ofensiva el pasado fin de semana, como réplica a la crisis de Vigo, el PSdeG-PSOE se ha dedicado a encajar los ataques sin apenas respuesta. Tras varios días de silencio, el secretario general de los socialistas gallegos, Emilio Pérez Touriño, difundió ayer un comunicado con una nueva apelación al "diálogo" y la "responsabilidad", al tiempo que anunciaba para hoy una reunión extraordinaria de su ejecutiva a fin de tomar "las oportunas iniciativas para reconducir la situación". El BNG ni se tomó la molestia de responderle. "Queremos una propuesta, no simples palabras", señaló un destacado miembro de la dirección del BNG, cuyo diagnóstico fue contundente: "La situación está peor cada día que pasa".

Los cuatro meses transcurridos desde las elecciones municipales de mayo han bastado para romper la alianza tácita que PSOE y BNG han mantenido durante casi una década, unidos por el propósito común de derrotar al PP. Esa confluencia entre ambas fuerzas se basaba en el principio de apoyarse mutuamente donde fuera necesario para desbancar a los populares. Ahora, los nacionalistas hablan abiertamente de iniciar "una nueva etapa política", en la que darán al PSOE la misma consideración que al PP.

Pero la crisis de estos días no se ha gestado en sólo cuatro meses. El plazo transcurrido desde las elecciones únicamente ha servido para engrosar el memorial de agravios que acumulaban ambas fuerzas desde que suscribieron el primer gran pacto municipal, en 1999, bajo la euforia de una inesperada derrota del PP en las principales ciudades gallegas. Aquellos acuerdos sirvieron para dar al PSOE las alcaldías de Santiago y de Lugo, y a los nacionalistas las de Vigo, Pontevedra y Ferrol. Los pactos funcionaron donde el PSOE era la fuerza mayoritaria, pero la convivencia resultó muy difícil en las ciudades con alcalde nacionalista. Según los socialistas, porque los regidores del BNG eran demasiado autoritarios. Según el Bloque, porque sus ediles actuaban con más lealtad donde estaban en minoría. El ejemplo más claro de esta turbulenta relación fue Vigo, donde el nacionalista Lois Pérez Castrillo vivió sometido al acoso permanente del ex alcalde socialista Carlos Príncipe.

El BNG recibió un toque de atención en las autonómicas de 2001, cuando sufrió su primer retroceso electoral en 15 años en beneficio del PSOE. Los nacionalistas responsabilizaron de la derrota a sus socios, a quienes acusaban de preocuparse más por ser la primera fuerza de la oposición a Fraga -condición que aún mantiene el BNG por un estrecho margen- que por elaborar una alternativa conjunta al PP. Fue el momento del primer giro estratégico del BNG, cuyo líder, Xosé Manuel Beiras, enterró los improperios contra Fraga e inició una etapa de diálogo personal con él, interrumpida tras la crisis del Prestige.

Ambiente enrarecido

Las elecciones de mayo supusieron un nuevo golpe. Mientras el PSOE rentabilizaba sus alcaldías, el BNG sufrió un descalabro en las ciudades y tuvo que ceder la alcaldía de Vigo al ex juez Pérez Mariño, que encabezó como independiente la lista del PSOE. La renovación de los pactos se firmó en un ambiente enrarecido. En Vigo, no hubo buenas relaciones desde el primer día y en Santiago el PSOE no aceptó las exigencias del BNG para entrar en el gobierno. Cuando Pérez Mariño decidió el pasado jueves prescindir de los nacionalistas, el BNG rompió la baraja.

En el BNG dicen ser conscientes de la gravedad y las consecuencias del paso que están dispuesto a dar. Y aun así aseguran que irán hasta el final antes de que el PSOE les arrincone. "Sabemos que esto tendrá un coste, pero nosotros no somos IU, sino una fuerza con vocación de Gobierno", advierte uno de sus dirigentes.

Los socialistas tampoco olvidan que sin el BNG no podrán desplazar al PP a medio plazo. Pero se encuentran ante un laberinto de difícil salida. La figura de Pérez Mariño no se discute, entre otras razones porque es una apuesta directa de la dirección federal. Y el BNG insiste en que sin una solución en Vigo, la alianza entera se viene abajo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 23 de octubre de 2003