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Reportaje:

Schwarzenegger y Bush se necesitan

El presidente de EE UU busca los votos del Estado más poblado; el gobernador quiere dinero para salir de la crisis

Arnold Schwarzenegger compareció en su primera conferencia de prensa como gobernador electo de California para contestar durante casi media hora, y casi sin ayuda de sus asesores o de notas, a las preguntas sobre sus planes. Schwarzenegger reiteró su compromiso sobre los impuestos -"lo dije en la campaña y lo digo ahora: no voy a subirlos"- y anunció un inminente encuentro con el presidente George W. Bush. Los dos se necesitan mutuamente.

Bush, que felicitó telefónicamente a Schwarzenegger el martes, viajará a California la próxima semana. El Estado, que tiene 54 de los 270 votos electorales necesarios para ganar cualquier elección presidencial, es vital para sus aspiraciones. En el año 2000, Gore ganó en California; en el 2004, Bush no quiere que se repita ese resultado y cuenta con Schwarzenegger, que el martes barrió con un 49% de los votos: ganó en 50 de los 58 condados. Todos, excepto los de la bahía de San Francisco.

Pero para que el nuevo gobernador -que tomará posesión en noviembre- pueda hacer una campaña eficaz para Bush, hace falta que mantenga dentro de un año la popularidad que tiene ahora; para eso hace falta que el Estado salga del hoyo financiero en el que está metido sin recurrir a la subida de impuestos ni a grandes recortes del gasto público.

Y ahí es donde entra la simbiosis: si la Casa Blanca ayuda a California, California ayudará a la Casa Blanca, a pesar de que el republicanismo de Schwarzenegger es moderado y avanzado en algunos asuntos sociales, lo opuesto del entorno de Bush. En todo caso, el gobernador lo dejó claro ayer, al referirse a su conversación con Bush: "Me ha prometido que hará todo lo que pueda para ayudarnos, así que estoy deseando trabajar con él y pedirle un montón de favores".

De cara al futuro inmediato, que, por mucho dinero federal que haya, se presenta tormentoso -los demócratas dominan las dos cámaras en Sacramento y controlan casi todos los resortes de poder en California-, el flamante nuevo político repitió su ofrecimiento de la noche del triunfo y volvió a tender la mano a los adversarios.

La senadora Dianne Feinstein, una de las voces demócratas más respetadas en California, aceptó el guante "porque hay mucho que hacer para recomponer este Estado y para curar las heridas de una elección muy difícil", y, sin nombrarle, condenó el comportamiento de su compañero de partido, Cruz Bustamante, al que muchos culpan de la catástrofe del martes: "Yo no podía estar en contra de la elección extraordinaria y al mismo tiempo presentarme como candidata", dijo (que es exactamente lo que hizo Bustamante, para acabar consiguiendo un 32% de los votos).

En cuanto al grado de entrega a la política, Schwarzenegger aseguró que será total, se acabó el cine: "Los californianos quieren que sea su gobernador y eso es lo que haré. No tendré tiempo para películas, voy a dedicarme por completo al trabajo".

El gobernador confía en que su mujer, Maria Shriver -que ha jugado una baza decisiva, al contrarrestar las acusaciones de comportamiento inadecuado que 16 mujeres lanzaron la semana pasada y al atraer, gracias a la imagen de marca Kennedy, al voto moderado e independiente-, vuelva cuanto antes a trabajar como reportera política de la NBC, con una excepción en los temas que cubra: no hará nada que tenga que ver con California ni con su gobernador.

Adiós al cine

Terminator ya no hará más cine. Otros lo harán por él y sobre él: el canal de cable A&E ha empezado a trabajar en una película en la que se filmará el sueño americano del inmigrante llegado a gobernador. El estreno podría coincidir con la convención republicana del próximo verano.

Pero Schwarzenegger no deja los escenarios. Anoche se presentó en el plató de Los Ángeles donde Jay Leno hace su programa The

Tonight Show, el programa en el que el pasado día 6 de agosto anunció su candidatura.

El martes por la noche, Leno hizo de telonero en el discurso de la victoria de Schwarzenegger con un chiste que sólo se le permite a un gran amigo: "Todos los que le critican decían: 'no es un político, es un actor; no es un administrador, es un actor; no tiene experiencia de gobierno, es un actor...'. ¡Y Arnold estaba encantado, porque, por primera vez en su carrera, los críticos decían que es un actor!".

Schwarzenegger le dijo anoche, mientras las cámaras mostraban un primer plano de Jay Leno consultando su reloj en plena juerga de la victoria: "Miraste el reloj. ¡No me lo puedo creer! Acuérdate de lo que te digo, no vuelvas a llamarme para ir a tu programa, y en cuanto llegue a Sacramento, ¡voy a revisar tu declaración de la renta!".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de octubre de 2003

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