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Entrevista:MARÍA BLASCO | Bióloga molecular | TALENTOS CON ÉXITO

"Quizá el cáncer dice que nos diseñaron para vivir menos tiempo"

Tiene 38 años y es ya una de las científicas más prestigiosas de España. María Blasco es directora del Programa de Oncología Molecular y jefe de grupo de telómeros y telomerasas del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO). Nacida en Verdegas, un pueblecito de la provincia de Alicante, estudiante de matrícula de honor en todo salvo en lengua española ("era valencianoparlante"), hizo la tesis con Margarita Salas y ha probado en ratones la relación entre envejecimiento y cáncer, por lo que acaba de recibir el Premio Josef Steiner.

En plena mudanza desde el CSIC, su anterior trabajo, hasta el ultramoderno CNIO que dirige Mariano Barbacid, Blasco explica con su inteligencia clara y directa cuál ha sido su aportación a la lucha contra el cáncer: una estirpe de ratones que no producen telomerasa, la enzima que ayuda a sobrevivir a las células cancerígenas y a otras, menos malas, que se dividen con parecida frecuencia (piel, intestino, espermatozoides).

"Soy una consecuencia de Margarita Salas. Ella es la pionera, la que inventó esto. Nuestra generación lo ha tenido todo hecho"

Pregunta. ¿Trabaja más en el laboratorio o en el despacho?

Respuesta. En el despacho. Hay que dirigir, pedir dinero, decidir qué línea seguimos, supervisar proyectos, ir a reuniones... No me queda mucho tiempo para el trabajo manual, pero tampoco lo echo de menos; esto es más bonito.

P. ¿Antes era jugadora y ahora entrenadora?

R. Más bien soy directora, aunque a los más jóvenes hay que dirigirlos y a los doctores ya no, tienen sus propios proyectos, sólo les sugieres nuevos caminos...

P. ¿Cuándo y por qué empezó a investigar en los telómeros?

R. En 1985 se encontró la telomerasa en Estados Unidos. Yo fui en 1993, cuando se empezaba a intuir la relación entre cáncer y envejecimiento. El ángulo me gustó, era un campo virgen, no había casi nadie trabajando en ello y me atraía que estuviera todo por descubrir. Así que me fui a hacer el pos doc al laboratorio pionero en encontrar la telomerasa, el Cold Spring Harbor, de Long Island, Nueva York, con Carol Greider y Liz Blackburn. Y estuve cuatro años.

P. ¿Qué hizo allí?

R. Aislé el gen de la telomerasa y lo eliminé en mamíferos. Hice ratones knockout, sin telomerasa.

P. ¿Y su investigación será crucial para la lucha contra el cáncer o sólo secundaria?

R. Espero que sea crucial. En ese ratón modelo hay datos que enseñan que los telómeros, que son los protectores de los extremos de los cromosomas, son muy importantes para el envejecimiento y para el cáncer. Las células tumorales se dividen una y otra vez y, en teoría, al irse acortando los telómeros deberían envejecer y morir.

Sin embargo, sucede lo contrario porque las células tumorales producen telomerasa.

Así que si pudiéramos inhibir la telomerasa, el tumor se detendría.

Sin telomerasa no hay telómeros, y los tumores acabarían consumiéndose. El problema es que todavía no se han hecho ensayos clínicos en humanos, aunque se han creado compuestos y estrategias que inhiben la telomerasa.

P. Y si es mala, ¿por qué la produce el cuerpo?

R. Bueno, la tenemos en niveles mucho más bajos que los tumores. La telomerasa no está presente en la mayor parte de los tejidos, aunque sí en la piel, los intestinos y parece que también en las células madre de los embriones. Pero luego se inhibe de forma natural. Lo que pasa es que la célula tumoral escapa a ese destino mortal de las otras células: se divide de manera inmortal. El 95% de los cánceres tienen telomerasa, pero un 5% no la tienen y utilizan un mecanismo alternativo que los mantiene vivos. En ese 95% restante, la telomerasa es el talón de Aquiles de la célula. Si la matas, matas la célula.

P. ¿Y cómo viven los ratones sin telomerasa?

R. De una manera normal cuando los telómeros son largos. Cuando se van haciendo más cortos, colapsan, envejecen y mueren muy deprisa, de forma prematura.

P. ¿Cómo siguen investigando, entonces?

R. Hacemos cruces para poder mantener la colonia viva.

P. ¿En la telomerasa está el secreto de la eterna juventud?

R. Los ratones con más telomerasa de la normal mueren de cáncer. Eso quiere decir que sólo modificando una cosa no consigues alargar la vida. Afortunadamente son sólo pruebas que demuestran un principio. No habrá humanos transgénicos, knockout. Nos conformamos con fármacos que inhiban temporalmente la telomerasa sin efectos secundarios. Eso sería bastante.

P. ¿Es significativo que su estudio se centre en la pérdida de materia, en la periferia y no en el centro del cromosoma? Resulta curioso que una clave de la vida y la muerte esté en un despojo.

R. Cada vez que una célula se divide, sus cromosomas se vuelven más cortos y lo que pierden es una sección mínima de ADN, los telómeros. No contienen información genética: su función es sacrificarse para que la información no se pierda. Así que son material prescindible hasta cierto punto, una repetición. Pero tener poca telomerasa quizá sea el precio que pagamos por ser mortales. No somos una levadura inmortal. Sólo tenemos los telómeros suficientes para vivir un tiempo determinado.

P. Así que hay relación entre la duración de la vida y la longitud de los telómeros.

R. Sí, se puede establecer una correlación lineal. Aunque no es el único factor predictivo. En el tiempo de vida influyen otros factores, como el estrés oxidativo, la velocidad con la que perdemos los telómeros... Pero son un elemento estructural de mucho impacto.

P. ¿Determinan también la fecha de aparición del cáncer?

R. Sabemos que el cáncer es más frecuente en edades más avanzadas y que cuanto más avanzada es la edad menos avanzan los tumores. Eso puede tener relación con que los telómeros de una persona mayor son más cortos, lo cual disminuye la capacidad de las células para dividirse.

P. Sabemos mucho del cáncer actual. ¿Y de su historia? ¿Sabemos qué edad tiene?

R. Se cree que la misma que el hombre: se han visto momias con tumores. Pero como la vida media del hombre hasta hace poco solía ser de 30 a 40 años, había muy pocos casos. La mayor incidencia es a los 50 o 60 años: en torno al 50%. El cáncer es una clara contrapartida del envejecimiento. Muy cruel, por cierto, porque a veces dura mucho tiempo y no se puede hacer nada.

P. ¿Y no es paradójico que sea tan común y tan intratable?

R. Es la primera o segunda causa de muerte del mundo occidental, y sigue siendo inhumano que la gente siga muriendo de cáncer. Debería estar más controlado, quizá eliminado ya, pero me temo que no es una prioridad. Ver a una persona enferma tanto tiempo y no poder hacer nada quiere decir que no sabemos hacer nada. Pero me imagino un futuro en el que eso no pase.

P. ¿Qué falla?

R. La investigación básica es joven pero muy buena; aunque apenas llevamos 20 años sabiendo cosas, sabemos mucho. Quizá lo menos eficaz es el hallazgo de drogas que ayuden a tratarlo mejor. Hay muchas restricciones políticas a las mezclas, a los cócteles; con el sida se ha hecho y ha dado resultados, quizá falta lobby para que haya una aproximación más agresiva en el cáncer.

P. Parece increíble: mata mucho más que el sida.

R. Hay 200 tipos de cáncer y cada año se curan más. Sería razonable que en 50 años hubiéramos acabado con él. Pero quizá el cáncer es una contradicción de la ley natural; quizá hemos sido diseñados para vivir sólo entre 30 y 40 años, y el cáncer es la expresión de que no podemos aguantar 80 años. Eso se ve muy claro en los ratones: en la naturaleza viven tres meses; si les alargas la vida en el laboratorio hasta tres años, la mitad mueren de cáncer.

P. Si le tocara, ¿usted se iría a Estados Unidos o se quedaría?

R. No soy médico, pero mis amigos médicos dicen que los tratamientos están al mismo nivel que en Estados Unidos, salvo en los ensayos clínicos. De todos modos, antes de decidir, lo que haría sería preguntar a mucha gente. La información es lo primero.

P. Telomerasa, polimerasa. ¿Es usted la nueva Margarita Salas?

R. De ninguna manera. Soy una consecuencia de ella, que es la pionera, la que inventó esto. Nuestra generación no es comparable, lo hemos tenido todo hecho.

P. ¿Qué es lo más importante en un científico?

R. Imaginación y ganas. Si no te gusta, es inútil insistir, pero si encuentras el tema que te gusta, disfrutas mucho. Y si la gente te respeta y tus trabajos se leen...

P. ¿Tiene un componente exhibicionista?

R. ¡No creo! Los exhibicionistas por naturaleza no se dedican a esto. Tiene sentido pensar que has aportado algo, que algo ha cambiado gracias a ti, pero no tanto por exhibicionismo, creo, como por contribuir. Aunque eso suponga que se te vea más y te consideren mejor, siempre está detrás el altruismo. La de científico es una profesión bastante oscura.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 22 de agosto de 2003