Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
Entrevista:Eva Amaral y Juan Aguirre | Componentes de Amaral | TALENTOS CON ÉXITO

"Cuesta respetar a las discográficas"

Acaban de terminar una prueba de sonido bajo el sol inmisericorde de Córdoba, donde a medianoche volverán a llenar un concierto. Eva Amaral y Juan Aguirre, juntos el alma bifronte del grupo Amaral, amarran los últimos detalles del espectáculo con su banda y bajan pesadamente del escenario. Sobre las tablas, su directo revela una solidez musical que ha sido recompensada con el éxito de sus tres discos y con el premio MTV en 2002. Cuando no suena la música, Eva y Juan hablan casi en murmullos. Se someten amablemente al rito de las entrevistas y no regatean ante preguntas espinosas, pero, aficionados ambos al misterio, guardan para sí las esquinas de su yo íntimo; la piel que protege a la persona de la voracidad de la fama. Cae la tarde y Juan escoge para la charla un rincón umbrío de los Jardines del Alcázar, cuya belleza elogia. Eva se alegra al escuchar croar a las ranas: "Me encantan las ranas". El detalle, como el de no tener edad conocida, como el khol negro con que enmarca su mirada, refuerza su aire de hechicera.

"En Zaragoza había caldo de cultivo para cualquiera que quisiera hacer música, había muchísimos grupos"

"Somos bastante pudorosos a la hora de enarbolar banderas. No creo que un músico tenga que ser un mesías"

Pregunta. Parecen cansados.

Eva Amaral. Qué va. Acabamos de empezar la gira y hemos tenido el mes de junio de descanso. Tenemos toda la energía del mundo.

P. ¿Les gustan los conciertos?

Juan Aguirre. El contacto con el público suele ser un momento muy vital, y vinculado a todo lo que es una gira. No es sólo el estar en el escenario; también es viajar con tu banda, llegar a una ciudad nueva... Tiene algo de mágico el estar continuamente viajando.

P. Dicen que adoran la vida de músicos.

J. A. De pequeños imaginábamos a los grupos llevando una vida muy libre. Cuando la estás viviendo ves que quizá la habías idealizado, pero el caso es que dependes de ti, de si tocas o cantas bien o mal, de si estás o no inspirado, y, también es una vida en la que es muy difícil apoltronarse.

E. A. Desde luego no es una vida rutinaria, y eso es bonito, aunque también hay épocas en que necesitas un poco de estabilidad y no la tienes. Pero a nosotros nos compensa la vida que llevamos. Hacer música es lo que más nos gusta en el mundo.

J. A. De todas formas la vida de cualquier persona que haga música tiene momentos de mucha extroversión, pero también de estar metido dentro de uno. Eso es lo que la gente no ve, pero no puede entenderse una parte sin la otra.

P. Amaral se ha movilizado por las mujeres maltratadas, el movimiento gay o la catástrofe del Prestige. ¿Pretenden ser bandera de algo o es espontáneo?

E. A. Sale espontáneamente. Creo que hay mucha gente como nosotros que quiere hacer cosas, porque ves las noticias y te pasas el rato soltando juramentos. El problema es que a veces no sabes cómo intentar ayudar. Nosotros no tenemos ningún mérito, porque nos surgen ocasiones.

J. A. De todas formas somos bastante pudorosos a la hora de enarbolar banderas. No creo que un músico tenga que ser un mesías. Las opiniones que tenemos son las de dos personas que están en el mundo, pero, como dice Eva, nos han pedido apoyo. La parte cómoda es la de ir y apoyar. La parte incómoda es la de organizar todo eso. Realmente nosotros no tenemos más mérito que cualquier ciudadano que dice lo que piensa.

P. ¿Y eso ha tenido algún coste?

J. A. No creo, porque lo hemos hecho con el mayor de los respetos, y tampoco hemos arremetido contra nada ni somos bandera de nadie. Hemos dicho que la guerra es injusta. Nos sigue pareciendo injusta. Pero eso no es extraordinario.

E. A. Somos afortunados porque vivimos en un país donde se puede decir lo que se piensa. Espero. Quizá soy demasiado ingenua, pero de momento no hemos tenido ningún problema por decir lo que pensamos.

P. ¿Cómo fueron sus comienzos en Zaragoza?

E. A. En Zaragoza había caldo de cultivo para cualquiera que quisiera hacer música, porque había muchísimos grupos, gente haciendo fanzines, programas de radio, y un montón de bares que ponían buena música. La verdad es que el ambiente era propicio.

J. A. El problema es que desgraciadamente todo está muy centralizado y es un poco difícil grabar discos desde allí. Para nosotros, dos chavales de barrio, era casi más fácil emigrar a un campo muy abierto que intentar recibir apoyo allí mismo.

P. Y emigran a Madrid.

E. A. Sí. En aquella época había un circuito en Madrid de salas donde podías ir con tu guitarra y cantar aunque nadie te conociera de nada.

J. A. Y todavía lo hay, a pesar de que Álvarez del Manzano se propuso machacarlo.

P. Con tanta carretera ¿cómo ven los lanzamientos discográficos tipo canción del verano?

J. A. Yo respeto mucho a cualquier persona que se suba al escenario a cantar. Lo que me cuesta más es respetar a las discográficas, que nos están acostumbrando a que un disco lo hace cualquiera. Y lo que está pasando es que se está haciendo una pompa de jabón que va a explotar, y los responsables de que explote son los que la están inflando, porque si acostumbras a la gente a creer que la música no tiene ningún valor, acabará no teniendo ningún valor.

E. A. Acabará estando en una manta.

J. A. Pero no es cosa de la gente, que canta lo que siente, lo que puede o lo que le dejan. Nosotros en el fondo no hacemos los discos que queremos. Ya me gustaría a mí hacer el Sargent

Peppers, pero hacemos lo que podemos. El problema son los que venden la jugada; las compañías discográficas, que salvo honrosas excepciones están teniendo un comportamiento bochornoso hacia la música.

P. ¿Se consideran a salvo de esa presión?

E. A. La gente de nuestra compañía siempre nos ha entendido y nos ha dejado hacer.

J. A. Desde luego, y sentimos una gratitud enorme, lo cual no impide que creamos que la música en este país se merece una mejor consideración, empezando por la gente que la graba y la vende. Para mí sería más fácil decir que nos va muy bien, que somos muy felices y que la vida es de color de rosa, pero como amante de la música me encantaría que otros grupos tuviesen la misma suerte que nosotros.

P. Ustedes componen todo a medias. ¿Qué empatía se necesita para eso?

J. A. Más que empatía se necesita respeto por lo que la otra persona hace. Si te gusta, te apetecerá adornarlo de alguna manera.

E. A. En el grupo todos hacemos de todo. Además de que nosotros somos dos componiendo, lo que ya nos obliga a hacer de todo, nuestra banda aporta cosas también.

P. Me intriga el nombre del grupo, que además es el apellido de Eva. ¿De dónde viene y por qué lo eligen?

E. A. Creo que Amaral es un apellido portugués, y fue Juan quien se empeñó en que nos llamásemos así. A mí no se me hubiera ocurrido escoger mi apellido para nombre del grupo, porque me sonaba a cuando te llamaban a la pizarra en el colegio.

J. A. Pues yo lo tuve claro desde que nos conocimos. Es un apellido que tiene música dentro y un poco de misterio. Me gusta que las cosas no sean obvias.

P. Cuénteme quién es Juan Aguirre.

J. A. Pues nací en San Sebastián. Soy hijo de inmigrantes aragoneses y desde los 12 años supe que me iba a dedicar a la música. Me gusta también el deporte, me gusta leer y alguna vez me gustaría tener un hijo, además de seguir haciendo música siempre. Al menos eso pienso ahora.

P. ¿Qué libro está leyendo?

J. A. Vuelta al mundo en 80 días, de Jean Cocteau.

P. ¿A qué ha renunciado por vivir esta vida?

J. A. A la cercanía de algunas personas que quiero y al mar Cantábrico.

P. ¿Qué hay de Eva?

E. A. ¿Desde el principio? Pues nací en Zaragoza. Mi madre sigue viviendo allí. Éramos dos hermanas. Mi hermana es mucho mayor que yo, y ella fue la que me puso los discos de los Beatles y de Simon y Garfunkel. Cuando me vengo abajo no pongo música, porque me afecta tanto al estado emocional que me puede doler. También hago deporte, me gusta leer, me gusta mucho ir al cine y los cómics. Ahora acabo de leer 4 Botas, de Keko. Al cine hace mucho que no voy, pero me gustan las películas de ciencia-ficción, Drácula, el cine japonés y el más allá. Siento atracción por el misterio, las cosas sobrenaturales y tal. Sé que es un poco infantil, pero es que soy así.

P. Dicen que es buena cocinera. ¿Cuál es su especialidad?

E. A. Hago una crema de calabaza que está muy bien y una fritada de chuparse los dedos. Y Juan hace unas lentejas estupendas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de agosto de 2003