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Reportaje:TOUR 2003 | Decimosexta etapa

'Euskotour'

Decenas de miles de vascos convierten las etapas de los Pirineos en manifestaciones de afirmación nacional

Las únicas octavillas que se distribuyeron ayer en la meta de Bayona eran del sindicato francés CGT contra el cierre de una fábrica de caramelos de la zona. El temor a posibles disturbios de los grupos radicales vascos resultó infundado, y todo se limitó a lo que pactaran la organización del Tour y los grupos de defensa del euskera: un comunicado con críticas a la situación de la lengua vasca al norte de los Pirineos; un locutor que utilizó ese idioma, con marcada dicción francesa, para narrar las incidencias de la etapa y una enorme pancarta sobre un puente a la entrada de la ciudad con el lema "SOS euskara". Pero el recorrido entre Pau y Bayona, en el corazón del País Vasco francés, volvió a estar erizado de ikurriñas, como en todas las etapas de los Pirineos. Los éxitos del Euskaltel han movilizado a decenas de miles de vascos que, con fervor patriótico-deportivo, han convertido el Tour del Centenario en un verdadero acto de afirmación nacional. Muy pacífico, eso sí.

Del presidente de la compañía Euskaltel, el ex lehendakari José Antonio Ardanza, al director deportivo del equipo, Julián Gorospe, todos proclaman con orgullo: "Este es un equipo ciclista distinto a los demás". Aunque ni Ardanza ni Gorospe lo digan tan claro, las camisetas que portan centenares de aficionados lo pregonan sin rodeos: "Euskal selekzioa bai" ("Sí a la selección vasca"). Por primera vez, los vascos disponen de una especie de selección propia capaz de lucirse en un acontecimiento deportivo de repercusión mundial. Un equipo ciclista atípico, financiado en parte con dinero público y que funciona como un club de fútbol, con socios que aportan sus cuotas para el sostenimiento económico. Un equipo que llegó al Tour como invitado - su clasificación internacional no le daba derecho a participar en la prueba- y que puede ser el único que coloque a dos corredores entre los cinco primeros.

"Yo vengo por el sentimiento. Si esto fuese waterpolo y hubiese unos vascos compitiendo como aquí, vendría igual". David y otros cinco amigos de Amorebieta (Vizcaya) eran parte de los miles de vascos que peregrinaron el pasado lunes a la estación invernal de Luz Ardiden para ver el final de la etapa reina de los Pirineos. "!Y luego dicen por la tele que aquí hay muchos españoles!. ¡Si somos todos vascos!", protestaba uno entre la pandilla. La presencia de vascos en el Tour viene de antiguo. La proximidad de la carrera y la enorme afición por la bicicleta que hay en todo Euskadi propiciaron de siempre los desplazamientos masivos al otro lado de los Pirineos. Pero esta vez la existencia de un equipo propio con el que identificarse ha hecho más abrumadora que nunca la presencia vasca y la exhibición de sus símbolos patrióticos.

En medio del impresionante despliegue de camisetas naranjas y de la bandera que diseñó Sabino Arana, se ha colado inevitablemente la propaganda de los radicales, pancartas a favor de los presos colocadas en lugares estratégicos o pintadas en la carretera con el siniestro anagrama de ETA. Una expresión minoritaria, en todo caso. Y atenuada además por esa grandeza especial que tiene el ciclismo, donde todo el mundo anima a todo el mundo, donde es posible que convivan, a pocos metros de distancia, ikurriñas y banderas de España con la silueta de un toro a modo de escudo sin que se produzca el menor incidente. La inmensa mayoría de los aficionados del Euskaltel se vuelca con los suyos, pero no deja de animar a ningún corredor, sea español, kazajo o colombiano. Y viceversa. "A mí me emocionó ver a catalanes que nos decían en los Pirineos: 'Aúpa Euskadi'", apunta Ardanza. "Este equipo es un gran embajador".

El Tour llegó a ayer a tierra vasco francesa sin que se cumpliesen los temores a un estallido de protestas radicales. Lo peor para los vascos ocurrió en la carretera, donde el Euskaltel tuvo que emplearse a fondo para aminorar la diferencia del escapado Tyler Hamilton, que amenazaba los puestos cuarto y quinto de Haimar Zubeldia e Iban Mayo. Una paradoja, ya que en Luz Ardiden, dos días antes, Gorospe ordenó a sus corredores que no colaboraran con Ullrich pese a que tenían la ocasión de distanciar a Vinokurov, tercero en la general, y situar a Zubeldia a tiro de piedra del podio. "Era Ullrich quien tenía trabajar, él se estaba jugando el Tour", se defiende Gorospe. "Si nosotros colaborásemos, sólo desperdiciaríamos fuerzas". Las discutidas estrategias del director, con fama de amarrategui, y la aparente rivalidad entre Zubeldia y Mayo han sido los únicos puntos oscuros del equipo. Pero la gente está tan enfervorizada que nada podrá enturbiar ya el Euskotour del Centenario.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 24 de julio de 2003