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Crítica:JAZZ

La cantante y el compositor

Jane Monheit es una de las grandes esperanzas del jazz vocal femenino. Una joven promesa blanca para seguir los exitosos pasos de Diana Krall -su representante es la misma mujer que puso en órbita a la canadiense- en un universo históricamente dominado por las voces negras. La suya es blanca, muy blanca. Pese a una técnica envidiable y afinación impecable en el susurro y la delicadeza, no acaba de emocionar. Tampoco el cuarteto que la acompaña supone un gran estímulo para ella, aunque la chica de Long Island despierte sueños tórridos en algunos críticos. Hizo una buena versión en inglés de La chica de Ipanema con ayuda de su saxofonista, interpretó temas del cancionero estadounidense como Cheek to cheek, de Irving Berlin, e invitó a Ivan Lins a Once I walked in the sun.

Jane Monheit. Ivan Lins

Veranos de la Villa. Patio Central de Conde Duque. Madrid, 20 de julio.

Ivan Lins es el compositor favorito de Jane Monheit. Se la podía ver entre bambalinas disfrutando como la que más con las canciones del brasileño. Ser admirador de Ivan Lins tampoco tiene mayor mérito. Sus canciones las han grabado Quincy Jones, Sarah Vaughan, Barbra Streisand, Terence Blanchard, George Benson o Dianne Reeves. Lins es el creador de Somos todos iguais nesta noite, Madalena, Vitoriosa o Começar de novo, una de las canciones más hermosas que se hayan escrito en Brasil en los últimos veinticinco años.

Alma carioca

Alguien capaz de componer música popular con tanta calidad merece un lugar en el olimpo de los grandes creadores. Sin embargo, los arreglos que elige para presentar su música en directo tienden a confundir el alma carioca con la fusión californiana. Tanto reconocimiento público en Estados Unidos y tan escaso en su propia casa probablemente hayan dejado huella. Ivan Lins no es un gran cantante, si bien su voz tiene un timbre agradable y personal. Le pierde un poco su deseo de cantar cosas de otros. Está en su derecho de hacer lo que le venga en gana, pero debería entender que es un intérprete de tantos y un compositor único.

Esta vez no cometió el error de dedicar más de medio concierto a material ajeno, pero le cantó a su ciudad, en un doble homenaje a Río de Janeiro y a Antonio Carlos Jobim (Dindi, Vivo sonhando o Samba do avião), con alguna de esas canciones de cosecha propia que Ivan Lins ha bautizado como jobinianas. El peso de la nostalgia carioca para quien dijo terminar aquí su gira europea antes de emprender viaje a otro continente.

Regresó a su obra con She walks this earth (Soberana rosa), canción con la que Sting se llevó un Grammy, y le devolvió la gentileza a Jane Monheit al convidarla a cantar Love dance como ya habían hecho en el último disco de Ivan Lins, Love songs-A quem me faz feliz. Ivan Lins posee un don musical que inunda de vida. Y sus melodías sencillas sobre armonías imprevistas son de un lirismo que sólo puede emocionar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 22 de julio de 2003