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Tribuna:CRISIS EN LA COMUNIDAD DE MADRID

No vale todo

No sabemos si algún día aparecerá la pistola humeante, aunque cada día que pasa será más difícil porque, para que apareciera, habría que buscarla. En los casos de corrupción es siempre difícil encontrar el maletín con el dinero o un vídeo con las conversaciones de los participantes, pero, si no se investiga, y el Gobierno del Estado ha hecho todo lo posible para que no se investigue o se retrase al máximo el inicio de la investigación, se puede tener la seguridad de que nos quedaremos exclusivamente con lo que ahora tenemos: constructores del PP que cobijan a los tránsfugas y hablan tres horas con el secretario general del PP de Madrid, abogados de los tránsfugas que conversan sin parar con el secretario general del PP de Madrid antes, durante y después de que la ausencia de los dos tránsfugas echara por tierra la decisión tomada el 25 de mayo por millones de electores de Madrid de que el Gobierno de la Comunidad pasara pacíficamente de manos de la derecha a las de un Gobierno progresista.

El PP no ha permitido resolver esta crisis a través de medidas contra el transfuguismo y, así, obligará a los ciudadanos madrileños a repetir las elecciones. El PP lo hace porque piensa que el error del PSOE -la inclusión de los tránsfugas en sus listas- le dará ventaja en unas nuevas elecciones y así conseguirá anular el resultado decidido por los electores de Madrid el pasado 25 de mayo. Pero puede equivocarse. Puede suceder que los electores decidan que la técnica del PP de "vale todo" para alcanzar el poder y mantenerse en él haya llegado a su fin.

Por no hablar de la política antiterrorista, ahora se ve más claro en que consistió el "vale todo" que utilizó el PP para llegar al poder por medio de acusaciones de conductas irregulares. Por ejemplo, hoy está clara la utilización repugnante del caso de Demetrio Madrid con el que Aznar consiguió hacerse con el Gobierno de la Comunidad de Castilla y León; o el denominado "caso Expo", del que acaba de ser absuelto el tantas veces llamado "corrupto" Pellón (¿cómo es posible que Arenas no haya pedido disculpas todavía?). Pero hay otros ejemplos de la política del "vale todo" más cercanos en los que, igual que ahora en la Comunidad de Madrid, se han utilizado empresas privadas para obtener fines partidistas. No hace falta ningún vídeo ni ninguna sentencia para saber la utilización que ha hecho el PP de la compañía Telefónica con el fin de controlar buena parte de los medios de comunicación españoles. El descaro con que dijeron "no tenemos nada que ver, Telefónica es una empresa privada", es el mismo que tienen ahora cuando alegan que los constructores y abogados cobijadores y asesores de los tránsfugas son simples militantes de base del PP y que la dirección del partido no tiene nada que ver con el robo del resultado electoral. Los resultados en ambos casos son los mismos: las televisiones y radios controladas ya no criticarán al PP, y los resultados electorales del 25 de mayo ya no servirán para expulsar al PP del Gobierno de la Comunidad de Madrid. El PP se aprovecha, lo utiliza, y les dice a los ciudadanos que no tiene nada que ver con lo que resulta ser un botín para mantenerse en el poder.

No se puede negar que la política del "vale todo" del PP ha sido eficaz para sus objetivos de obtener y mantenerse en el poder. La vemos constantemente en la utilización del fiscal del Estado, en el vaciamiento de la actividad parlamentaria o en la utilización de las instituciones para hacer política partidaria. Por ejemplo, todos los viernes se utiliza, sin ninguna vergüenza, la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros para atacar al resto de los partidos políticos.

Otro aspecto del "todo vale" es el incumplimiento sistemático de los pactos. Es el caso del Pacto de Toledo, en el que se acordó no utilizar las pensiones electoralmente, cuando se dice en plena campaña que los socialistas dejaron en quiebra la Seguridad Social. También se incumple el Pacto Antiterrorista, que obliga a discutir previamente las propuestas, cuando el Gobierno anuncia por sorpresa medidas que quiere presentar como únicamente suyas. Y también se incumple el Pacto Antitransfugismo, que obliga a no aprovecharse de los tránsfugas, con la excusa de que es un pacto municipal que no tiene por qué aplicarse a la Comunidad de Madrid. Todo ello son ejemplos de esa política sin escrúpulos que trae a la democracia española prácticas deleznables, pero a la que no se puede negar su eficacia.

El "vale todo" será eficaz hasta que los ciudadanos digan "basta ya". Y podrán decirlo cuando sean obligados a repetir unas elecciones porque el resultado no ha gustado a algunos. Es verdad que también valorarán negativamente los errores del PSOE, pero, por serio que sea equivocarse en la confección de una lista, la conducta del PP es mucho más grave desde el punto de vista de la democracia. El PSOE se hubiera ahorrado el problema si hubiera ofrecido a Tamayo una consejería y ahora estaría gobernando en Madrid. Es lo que hubiera hecho si tuviera como principio el "vale todo". Y a lo mejor vemos un día al propio Tamayo como consejero de un Gobierno del PP. No es algo impensable: Zaplana, que consiguió ser alcalde de Benidorm gracias a un tránsfuga, nombró consejero de la Comunidad Valenciana a un individuo que había sido consejero con el PSOE y al que este partido expulsó por estar involucrado en un proceso de corrupción.

Hay muchas formas de enfrentarse a la corrupción y al transfuguismo. Y esto es muy importante porque en todos los partidos han aparecido y pueden volver a aparecer conductas indignas. Pero la diferencia es que el PSOE, en vez de darles cargos o mantenerles en los mismos, los expulsa del partido inmediatamente. También son importantes las diferencias en cuanto a las formas y al comportamiento dentro de las instituciones. El PP insiste en crispar la vida política y no le importa que ello acarree el desprestigio de las instituciones. En lo que tenía que haber sido el debate del estado de la nación, su ultimo debate, el presidente Aznar dedicó más tiempo a lanzar improperios contra el líder de la oposición que a explicar qué había hecho con su Gobierno en el último año. En la Asamblea de Madrid, el pasado 28 de junio, los diputados del PP escucharon con más respeto al tránsfuga Tamayo que a los representantes de IU y del PSOE. Incluso llegaron a llamar "hijo de puta" al portavoz socialista, que hacía su discurso de investidura. Todo vale para evitar perder el poder.

Pero, algún día, las diferencias podrán ser apreciadas por los electores. Y en octubre el "todo vale" podría no conseguir sus objetivos. Los madrileños pueden querer una sociedad que no esté dominada por todas partes por el Partido Popular. Estoy convencida de que la gente quiere empezar a respirar. Y el "vale todo" se va a acabar.

Inés Alberdi es catedrática de Sociología en la Universidad Complutense y diputada del PSOE en la Asamblea de Madrid.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de julio de 2003