Entrevista:JUAN ANTONO GARCÍA ÁLVAREZ | Virólogo

"Patatas, zanahorias o tabaco sirven para producir vacunas de hepatitis B"

Hacer que el maíz o las patatas fabriquen vacunas de hepatitis B, o que los conejos se inmunicen contra una fiebre hemorrágica comiendo zanahorias puede parecer una fantasía de novela futurista. Sin embargo esos vegetales están aquí ya, se crean en los laboratorios de ingeniería genética y demuestran su viabilidad en ensayos controlados. Se trata de modificar plantas para que produzcan antígenos que desencadenen la respuesta inmunológica del organismo a vacunar, explica Juan Antonio García Álvarez, virólogo del Centro Nacional de Biotecnología (CSIC, Madrid) y experto en el virus de la sharka de los frutales. "La ingeniería genética es una herramienta tremendamente útil, y tiene la ventaja de que conoces perfectamente la composición de la planta transgénica que uno hace", afirma este científico. "Pero como es una tecnología muy poderosa tiene que haber controles para comprobar que lo que se hace realmente es beneficioso", añade.

"Hay cosas naturales que son buenísimas y otras que son peores que las modificadas"
"No hay forma de vacunar comiendo plátanos directamente con la dosis adecuada"

Pregunta. ¿En qué se diferencian las vacunas fabricadas en plantas de las clásicas?

Respuesta.Las vacunas tradicionales, como la de la viruela o la de la polio, usan el organismo patógeno entero atenuado; son muy eficientes pero peligrosas porque el patógeno puede hacerse virulento. Otro nivel son las vacunas completamente inactivadas, que no son tan eficaces pero tienen menos problemas. Las vacunas más recientes no usan el patógeno entero, sino sólo la parte del mismo -el antígeno- que desencadena la respuesta inmune del organismo, el caso más notorio es la hepatitis B, y se hacen por ingeniería genética. Uno puede producir el antígeno en bacterias, en levaduras, o también en plantas.

P. ¿Quiere decir hacer en una patata, por ejemplo, el antígeno de la hepatitisB?

R. Sí. Se ha hecho a nivel de laboratorio al menos en patata, en zanahoria, en tabaco, en lechuga y en maíz... Es una proteína del virus que produces en una planta y puedes o bien purificarla e inyectarla, o dársela de comer al individuo para que se inmunice.

P. ¿Y la vacuna se puede comer en la planta?

R. El problema es que normalmente los niveles de producción de anticuerpos que logras no son muy altos, no tanto como con una vacuna inyectada. Los primeros estudios se hicieron con patógenos intestinales: la escherichia coli y el cólera. Se ha probado en animales e incluso en ensayos preclínicos en personas y la respuesta inmune es tan buena como cuando infectas con la bacteria. También se ha probado con el sarampión.... Con hepatitis B se han hecho ensayos restringidos con voluntarios humanos que se inmunizaban comiendo patatas con la vacuna.

P. Se ha pensado hacer vacunas en plátanos que la gente se pueda comer.

R. Sí, la idea es muy buena. Un problema para las vacunaciones en los países en vías de desarrollo es que hace falta una cadena de frío para la conservación y el transporte. Por tanto, si consigues hacer las vacunas en un producto que se cultive allí mismo, se facilita todo mucho. Pero no me parece realista porque no hay forma de vacunar comiendo plátanos directamente con la dosificación adecuada y corres el riesgo de que la vacuna no sea eficaz porque la dosis sea insuficiente.

P. ¿O excesiva?

R. Sí. Con la vacunación oral corres el riesgo de tener el efecto contrario de lo que pretendes: cuando comes no tienes respuesta del sistema inmunológico porque el organismo sabe que es alimento, si no produciría anticuerpos contra las patatas, los plátanos o los filetes. Ahora bien, si te comes un plátano que lleva el antígeno de la hepatitis B, el organismo puede creer que es parte del plátano y que no tiene que reaccionar, de manera que cuando llega la infección el cuerpo dice: "esto es comida, no tengo que hacer nada para defenderme".

P. ¿Entonces para qué desarrollar vacunas que se produzcan en plátanos?

R. Puedes producir la vacuna, secar los plátanos, hacer un polvillo con ellos, analizar en laboratorio cuál es la cantidad de vacuna producida y luego hacer unas cápsulas de plátano disecado con la vacuna que puedes almacenar a temperatura ambiente y que se tome en dosis controladas. Lo más prometedor por el momento parece ser hacerlo en maíz, y se ha probado con hepatitis B.

P. ¿Qué han ensayado en su laboratorio?

R. Entre otras cosas hemos hecho una vacuna en plantas contra un virus de una enfermedad hemorrágica de conejos. Probamos dos maneras de administrársela: inyectándoles el extracto de la planta y dándoles de comer directamente las hojas. En la vacuna inyectada logramos una protección del 100% y en la ingerida, del 50%. La planta no es transgénica, sino que construimos por ingeniería genética un virus normal de plantas que tiene, además, una proteína del virus de la enfermedad hemorrágica.

P. ¿Se pueden hacer también otros fármacos?

R. Por ejemplo, anticuerpos, y eso va más avanzado que las vacunas. Está ya en fase de ensayos clínicos una pasta de dientes con un anticuerpo producido en plantas (tabaco y maíz) que es específico contra las bacterias de las caries. He leido que está en fase de ensayo un tratamiento tópico contra la alopecia generada por las terapias contra el cáncer. También se está intentando producir en plantas otros fármacos, como seroalbúmina, eritropoyetina, factor de crecimiento epidérmico, interferón, etcétera.

P. Todo esto sale de los laboratorios de ingeniería genética. Las plantas no hacen estas cosas naturalmente.

R. La idea de que natural es sinónimo de bueno no es sostenible. Hay cosas naturales que son buenísimas y otras que son mucho peores que las modificadas. En realidad no hay nada que estemos comiendo que sea natural, las plantas se han manejado, modificado genéticamente -por técnicas clásicas- durante miles de años. La patata natural no es comestible, el trigo natural no daría para comer ni a la millonésima parte de la población mundial.... La modificación es necesaria para que sean más eficientes.

P. Pero hay un salto entre hacer cosas que la naturaleza sería capaz de alcanzar por sí misma y hacer cosas por ingeniería genética que a la naturaleza no se le ocurriría jamás.

R. Las plantas han producido siempre compuestos de utilidad farmacológica. El origen de la aspirina es una planta que tenía en su corteza ácido acetil salicílico, y se purificó con procedimientos químicos; el tejo produce el taxol que se usa como medicamento antitumoral. Cuando modificamos una planta por ingeniería genética logramos que haga un producto nuevo pero no que haga algo distinto de lo que haría en sus condiciones naturales. Todo depende de dónde ponga uno el listón de lo que es natural y lo que no lo es.

P. ¿Y los riesgos?

R. Recuerde que en la tragedia del aceite de colza, hace unos años, no había nada de ingeniería genética, sino un mal manejo del producto. En el mal de las vacas locas tampoco había nada trasngénico. Si haces por ingeniería genética una planta nociva o que destruye el medio ambiente, el problema no es la técnica, sino que has hecho una planta inadecuada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 08 de julio de 2003.

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