Editorial:
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Los Balcanes y la UE

En Salónica se acaba de prometer a los países occidentales balcánicos su futura integración en la Unión Europea cuando cumplan un conjunto de estrictas condiciones, por el momento lejanas. En la reunión se anunciaron, para el mes próximo, las primeras conversaciones directas entre Serbia y Kosovo, una de las últimas disputas que amenazan la estabilidad y la seguridad de este flanco europeo. La UE, que apoya con casi 5.000 millones de euros hasta 2006 la transición de esta región inestable, ofrece además acuerdos de asociación, asistencia técnica y diálogo político.

Los Balcanes occidentales -Albania, Bosnia, Croacia, Macedonia y Serbia-Montenegro- son el último agujero negro de Europa, un paisaje moralmente asolado por las guerras de descomposición de la antigua Yugoslavia, el desgobierno y los nacionalismos excluyentes, donde florecen la corrupción, la inseguridad y múltiples formas de delincuencia. Las heridas dejadas por el odio interétnico sangran todavía, como ha quedado patente en el reciente viaje del Papa a Bosnia, donde Juan Pablo II pidió perdón por los desmanes cometidos por católicos.

La integración estable y a largo plazo en la UE de esta región exige la solución de las actuales disputas territoriales y fronterizas. En este sentido, el diálogo entre Belgrado y Pristina es sólo un primer paso. La esperanza de la UE y de EE UU, que patrocinan la iniciativa, es que ambos interlocutores acuerden su separación pacífica con fronteras reconocidas internacionalmente. Kosovo, de mayoría albanesa, es técnicamente parte de Serbia, aunque en la práctica sea desde 1999 un protectorado internacional. Pero el proceso puede acarrear más de un quebradero de cabeza si se consideran otros contenciosos abiertos en los Balcanes: la precaria unión de Serbia con Montenegro, por ejemplo, o el malestar de los albaneses de Macedonia.

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Pertenecer a la Unión Europea no se reduce a formalidades técnicas. Están destinados a integrarse en ella, antes o después, todos los países de su ámbito geográfico que abracen un conjunto de principios básicos sociales, económicos y políticos. En su marcha hacia la UE, los países balcánicos -se les ha dicho en Salónica- tendrán que hacer prevalecer el imperio de la ley, combatir sin fisuras la delincuencia organizada o entregar sin excusas a sus notorios criminales de guerra. Es decir, asumir las consecuencias de optar por Europa. La última palabra la tienen sus ciudadanos.

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