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Crítica:

Un hombre ejemplar

Solvente biografía de Tomás Moro, el gran humanista y estadista londinense. En ella se refleja no sólo su actividad pública, sino también su vida privada, el profundo atractivo de su carácter y lo ejemplar de su conducta tanto en la vida como ante la muerte.

La colección Biografías de Ariel se distingue por su irregularidad, ya que entre sus títulos coexisten las biografías solventes (como la Isabel I de Luis Suárez), las monografías solventes que no son biografías (como el Abderramán III de Joaquín Vallvé) y las pésimas biografías que no son sino caricaturas (como el Felipe V, esclavo de sus mujeres, de Philippe Erlanger). El libro dedicado a Tomás Moro se cuenta por suerte entre aquellos que cumplen todos los requisitos para satisfacer las exigencias del público, deseoso de acercarse con garantías a su figura, como podía esperarse de su autor, que es el fundador y actual director del Centro de Estudios Tomás Moro de Dallas (Tejas) y, por tanto, un profesional que ha consagrado buena parte de su vida académica a la investigación de la figura del gran humanista y estadista londinense.

TOMÁS MORO

Gerard B. Wegemer

Traducción de M. Covián Fasce

Ariel. Barcelona, 2003

310 páginas. 30 euros

Tomás Moro, por otra parte, es de aquellos personajes que despiertan un profundo interés en todos aquellos que tienen la oportunidad de conocerlo, sólo sea superficialmente, debido a lo atractivo de su carácter, a lo versátil de su actividad, a lo ejemplar de su conducta tanto en la vida como ante la muerte. Abogado de prestigio, juez intachable, humanista preocupado por el perfeccionamiento del hombre y de la sociedad, católico empeñado en la reforma de la Iglesia y hombre de Estado que alcanzó la suprema magistratura de Inglaterra su prueba de fuego llegó, como es bien sabido, cuando hubo de oponerse al divorcio de Enrique VIII y a la ruptura con Roma impulsada por el rey y sus consejeros. Una postura que, tras un juicio irregular y una sentencia inicua, le condujo al patíbulo.

Éste es el material manejado

por su biógrafo, que además se ocupa de reseñar los rasgos más destacados de su vida privada. Entre ellos, su apuesta por unas relaciones familiares basadas en el mutuo amor, su sentido de la amistad ("un hombre nacido y hecho para la amistad", según las palabras de Erasmo), su pasión por la filosofía y las artes (en detrimento a veces de otras obligaciones), su debilidad por las comodidades del hogar, su gusto por la conversación y su permanente inclinación al humor y la broma, que llevaría hasta el cadalso, cuando le pidió al verdugo que le dejara poner su larga barba sobre el tajo: "Así, de camino, me la corta".

La obra, que se enriquece con una serie de apéndices (la relación de sus viajes, el cuadro familiar, la cronología de su vida y la lista de sus escritos), quizá emplea abusivamente algún concepto (como el de "emperador" aplicado a Enrique VIII), quizá no discute lo suficiente los motivos de la tardanza de la Iglesia en elevarlo a los altares y quizá no concede el espacio debido a su obra más difundida, la Utopía, esa inmortal reflexión sobre la sociedad perfecta, basada en pocas leyes, elecciones populares y la supresión de la propiedad privada, fuente de todos los males. Sin embargo, en su conjunto resulta ser una biografía muy completa para uso del lector culto que quiera ampliar su visión del personaje magistralmente retratado por Fred Zinnemann en su conocida obra cinematográfica A man for all seasons, entre nosotros Un hombre para la eternidad. Un hombre que desde luego por su entereza moral puede servir de faro para los tiempos de tribulación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 14 de junio de 2003

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