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COLUMNA

Vámonos

Fulano y Mengana son las dos únicas personas de este mundo que ignoraban la decisión del PSOE de pactar con Izquierda Unida para acceder a la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Usted y yo lo sabíamos, como lo sabían las mafias de la construcción y los traficantes de suelo, y hasta mi sobrino, que tiene siete años, lo sabía. Por si hubiera dudas, Aznar montó su campaña sobre la existencia de esos pactos que no asustan ni a los niños, pero sí al crimen organizado. Mengano y Fulana, completamente ajenos a la realidad, pese a formar parte de las listas del PSOE, cogieron un disgusto al enterarse de que IU podría quedarse con la concejalía de la Vivienda. Fulano y Mengana son personas moderadas, honestas, alejadas de los extremismos, así que dijeron hasta aquí hemos llegado. La construcción no se toca.

Tiene uno la tentación de explicar a Mengano y Fulana que el electorado estaba al cabo de la calle y que los únicos que no sabían nada eran ellos. Pero en tal caso habría que decirles también que o son completamente idiotas o son una pareja de gánsteres al servicio del dinero negro lavado por el sector inmobiliario en Madrid durante los mandatos del PP. Como no queremos pensar que son idiotas, ni carteristas, ni corruptos, ni hijos de perra, ni mentecatos, ni extorsionadores, tenemos que dar necesariamente por buena su versión de que permanecían en la inopia. De otro modo, habrían renunciado antes de las elecciones a formar parte de esa lista presidida por un radical dispuesto a entregar el urbanismo y la vivienda a un rojo de la coalición Llamazares-Zapatero, de la que tampoco oyeron hablar a lo largo de la campaña.

Dicho esto, no dejamos de preguntarnos si el PSOE incluyó en la lista de Rafael Simancas a Fulano y a Mengana por su trayectoria de tontos, por su trayectoria de chorizos, o por la hábil combinación de ambas. Si los incluyeron por tontos, se merecen lo que les ha pasado; si los incluyeron por chorizos, también. Es más, en tales circunstancias, no podemos dejar de preguntarnos por la salud mental del PSOE y de sus dirigentes. ¿Acaso no aprendieron bastante con Roldán? En fin, compañero, que apaga y vámonos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 13 de junio de 2003