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EL GOBIERNO DE LA COMUNIDAD DE MADRID, EN VILO

Dos diputados desertores del PSOE ponen en peligro el Gobierno de izquierdas en Madrid

La ausencia de ambos parlamentarios permite al PP hacerse con la presidencia de la Asamblea

Dos diputados del PSOE, Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez, permitieron ayer, al ausentarse de la votación, que la presidencia de la Asamblea de Madrid recayera en Concepción Dancausa, del PP. Tamayo aseguró luego que su gesto obedece al rechazo a la formación de un Gobierno de coalición con Izquierda Unida. El PSOE apenas podía creer lo que estaba sucediendo. Pasadas unas horas, reaccionó con la expulsión fulminante de los dos parlamentarios y la exigencia de que devuelvan el acta de diputado. Los socialistas niegan móviles políticos y aluden a otro tipo de razones, mientras IU habla de una "conspiración económica" para dinamitar la posibilidad de un Ejecutivo de izquierda.

La deserción de dos diputados socialistas pone en serio peligro que PSOE e IU puedan alcanzar el Gobierno regional de Madrid. Ambos parlamentarios -Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez- se ausentaron ayer de la Cámara antes de que se procediera a la votación del presidente de la Asamblea, lo que a la postre supuso que el PP se alzara con este puesto. El PSOE ha decidido expulsar a los dos desertores, que justifican su extraña actitud en su radical oposición a las concesiones que los socialistas deberían hacer a IU a cambio de que esta formación entrara a formar parte del Gobierno de coalición. El líder del PSOE en Madrid, Rafael Simancas, sospecha que la conducta de Tamayo y Sáez no obedece a cuestiones políticas, sino que reside "en otros ámbitos". El PP rechaza que haya pagado a los disidentes.

Los socialistas intentaron retardar la votación ante la 'fuga' de sus compañeros

Simancas: "La actitud de estas dos personas no responde a razones políticas o ideológicas"

Los dos diputados electos del PSOE dieron la espantada y dinamitaron la sesión constitutiva de la nueva Asamblea de Madrid. Eduardo Tamayo Barrena, de 44 años, y María Teresa Sáez Laguna, de 54, que figuraban en los puestos 13 y 46, respectivamente, de la lista del PSOE, abandonaron la Cámara minutos antes de que empezara la sesión.

Los ajustados resultados electorales -PP, 55 diputados; PSOE, 47; IU, 9- hacían prever que el socialista Francisco Cabaco sería el presidente de la Mesa de la Asamblea por un sólo voto de diferencia (56 frente a 55). También, que PSOE e IU gobernarían en coalición siempre y cuando se alcanzara un pacto que se negociaba desde hace una semana.

En el peor de los casos, estos resultados permitían que el PSOE gobernase en minoría la Comunidad de Madrid mediante acuerdos puntuales con IU.

Esas previsiones se fueron al traste ayer tras la deserción de dos diputados socialistas. La candidata del PP a la Mesa de la Asamblea, Concepción Dancausa Treviño, se convirtió, por un solo voto, en la presidenta del Parlamento, y la inicial mayoría de la izquierda por un diputado se transformaba, después de consumada la espantada de dos diputados socialistas, en mayoría del PP por un diputado.

Simancas, una vez finalizada la sesión, pidió disculpas tanto a los ciudadanos como al resto de grupos parlamentarios por lo que calificó como una situación "inaceptable" y aseguró que los dos parlamentarios desaparecidos "han sido expulsados del PSOE" y que nunca habían manifestado "discrepancia o malestar" en ningún órgano de la Federación Socialista Madrileña (FSM).

"La actitud de estas dos personas no responde a razones políticas o ideológicas. Las razones hay que buscarlas en otros ámbitos que se conocerán, sin duda, y de las que, sin duda, darán cuenta sus responsables", remarcó para exogir después a ambos que renuncien a "su condición de diputados".

Desde el Congreso de los Diputados, el portavoz del PP, Luis de Grandes, consideró que "el proyecto Zapatero tiene mucha falta de cohesión y mucha fragilidad". Fuentes cercanas a la cabeza de lista del PP para la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, especulaban con la posibilidad de que este episodio pueda desembocar en una nueva convocatoria electoral dentro de dos meses, "puesto que así lo permite el Reglamento de la Cámara".

El secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, compareció después de hacerlo Simancas y reiteró que la actitud de estos dos parlamentarios electos no responde a razones políticas, y anunció que su partido pondrá "todos los medios" y exigirá "día a día y minuto a minuto" que estas dos personas no puedan estar en el Parlamento autonómico.

La pesadilla para los socialistas madrileños comenzó a las nueve de la mañana. Y como las peores tormentas, lo hizo con un periodo de calma. Eso es lo que se vivió durante la reunión del grupo parlamentario socialista previa a la sesión de constitución. Según Simancas, ambos parlamentarios acudieron a esa cita y, allí -en bloque-, se demostró la cohesión y la unión de los 47 convocados. Nada hacía presagiar el torbellino que se avecinaba en el hemiciclo.

Más tarde, los vigilantes de seguridad de la entrada a la Asamblea contaban cómo habían visto a Tamayo y Sáez tomar un café en el bar de la Asamblea y, después, cerca de las 10 de la mañana, momento en el que comenzaba la sesión, abandonar el edificio. A esa misma hora, el socialista Óscar Iglesias, concejal electo de Madrid, se cruzaba con la pareja en la puerta de la Asamblea. Poco pudo imaginar Iglesias que, más que llegar, lo que hacían ambos era abandonar la Asamblea y a su partido.

Pasaban nueve minutos de las 10 de la mañana, cuando los 109 diputados presentes en el salón de plenos ocuparon sus escaños (además de los miembros del Gobierno saliente). El desastre comenzó a hacerse evidente. Entre las filas socialistas, dos sillones de color azul estaban vacíos.

Se formó la Mesa de Edad presidida por el diputado de más años, Carlos Westendorp (PSOE), al que acompañaban los dos más jóvenes, Borja Sarasola (PP), y Jorge García (IU). Los huecos en los sillones situados a la izquierda de la Mesa continuaban vacíos.

Habían transcurrido 13 minutos cuando la hasta ayer portavoz adjunta del PSOE, Helena Almazán, tuvo que solicitar a la Mesa un receso de diez minutos. Dos diputados de su formación (Tamayo y Sáez) habían tenido "un pequeño percance", argumentó.

Westendorp concedió árnica a sus compañeros de partido, que ya intuían el desastre aunque, después de la reunión celebrada una hora antes, todavía se resistían a admitirlo. Los diputados populares mostraron su enfado golpeando con las manos en sus mesas y gritando: "¡tongo, tongo!". La portavoz del PP, Esperanza Aguirre, se puso en pie: "El PP no conoce precedente de que se pare la votación aunque no estén los diputados". Aguirre intuía ya una situación diferente a la proyectada tras las elecciones del 25-M. "Debería seguirse con el guión previsto", exigió. Pero Westendorp paró la sesión argumentando que aún no había comenzado la votación en la que se elegirían a los miembros de la Mesa de la Asamblea.

La acción se trasladó en ese momento a los pasillos. Los teléfonos móviles de los socialistas echaban humo. También los de los populares. Tanto que hubo momentos en los que la red se colapsó. Unos llamaban para comentar su indignación. Otros, para intentar localizar a los dos diputados. Al menos así lo contó Almazán. Pero los teléfonos de Tamayo y Sáez estaban desconectados. Comenzaba a tomar cuerpo la teoría de la traición.

Mientras, la temperatura subía dentro del hemiciclo. El diputado electo y tesorero del PP, Fernando Martínez Vidal, increpó a a Westendorp: "¡No tienes vergüenza!". El también diputado popular Luis del Olmo discutía con los miembros de la Mesa de Edad.

Transcurrieron 10 minutos interminables. "El móvil al que llama está apagado o fuera de cobertura en este momento", escuchaban una y otra vez los líderes socialistas que llamaban insistentemente a los móviles de los desaparecidos Tamayo y Sáez. "Alea jacta est", decía uno de los diputados socialistas electos al volver a entrar en el hemiciclo. Los dos sillones continuaban vacíos.

En las filas del PP, las caras de de tranquilidad ante una sesión de puro trámite comenzaron a tornarse en sonrisas. En los sillones destinados al público invitado los responsables de prensa del PP se afanaban en dar un nombre: Concepción Dancausa. Ella, que tan solo unas horas antes era candidata para ocupar la segunda vicepresidencia de la Mesa, optaba ahora a presidirla. Comenzó la votación. Los diputados electos eran nombrados por orden alfabético y depositaban sus papeletas de color verde en la urna. Cuando Rafael Simancas escuchó su nombre, se levantó. Su cara le delataba. Era de una seriedad extrema. Entregó su voto y, en lugar de regresar a su asiento, continuó andando hasta el lugar en el que se sentaba Alberto Ruiz-Gallardón, futuro alcalde de Madrid y presidente en funciones del Gobierno regional mientras no tenga a quién dar el relevo. Habló con él unos segundos. También con Esperanza Aguirre, que se sentaba tras Ruiz-Gallardón. Fuentes socialistas afirmaron, una vez terminada la sesión, que había pedido disculpas por lo ocurrido y había preguntado a los populares si tenían conocimiento previo de lo que acababa de ocurrir.

Los 55 votos que recibió Dancausa frente a los 54 del candidato socialista Francisco Cabaco no otorgaban a ninguno de ellos la mayoría absoluta. Westendorp pidió a los ujieres que abrieran las puertas del hemiciclo. Todavía se esperaba un milagro. Aguirre se puso en pie y esgrimió el artículo 54 del Reglamento de la Asamblea para evitar que las puertas se abrieran puesto que todavía había que hacer una nueva votación. El presidente de la Mesa de edad aceptó la protesta. El desastre estaba consumado: segunda vuelta y sólo 109 diputados en la sala.

En los pasillos ya se especulaba con todo tipo de posibilidades: que si hay maletines llenos de dinero; que si hay discrepancias por una consejería que se le negó a Tamayo; que si la pareja fugitiva ya está en el aeropuerto... Cualquier especulación era posible para explicar lo inexplicable.

Otras 55 veces se escuchó el nombre de Concepción Dancausa. Mayoría simple. Lo necesario para que el banco de los populares estallara en un aplauso. Dancausa ya era presidenta de la Asamblea.

Simancas hablaba por su teléfono móvil. Fuentes socialistas confirmaban que en todo momento estuvo en conexión con el secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero. Las mismas fuentes aseguraron que PP y PSOE habían llegado a un acuerdo para que los socialistas se hicieran con la vicepresidencia de la Mesa. Y así ocurrió: 45 votos convertían al guerrista Francisco Cabaco en vicepresidente, 44 al popular Alberto López Viejo en vicepresidente segundo, y 9 a Fernando Marín en vicepresidente tercero. Once diputados del PP votaron en blanco. Habían cumplido el pacto.

Durante la elección de los secretarios fue Ruiz-Gallardón el que devolvió el gesto a Simancas: se levantó de su escaño y departió con el candidato que podría perder la presidencia de la Comunidad. Y un comentario unánime: "Necesitamos un letrado de la Asamblea que explique cuál es el panorama que se abre ahora".

El morbo surcó el hemiciclo cuando corrió el rumor de que los dos fugados podrían aparecer a jurar sus cargos. "Tienen tres sesiones más para poder hacerlo", respondían miembros del PSOE.

Ahora, la marcha de las sesiones está en manos del PP. Incluida la de investidura.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 11 de junio de 2003