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Reportaje:

Mitos y falacias sobre el tratamiento de los piojos

Cortar el pelo, limpiar la ropa y dejar a los niños en casa son medidas poco útiles

Las plagas de piojos son una parasitosis habitual en el medio escolar. Estos pequeños parásitos, que ponen de cinco a seis huevos diarios y los depositan en los huecos del cabello, causan no pocos quebraderos de cabeza a padres y profesores. En las medidas usadas para combatirlos abundan los mitos y falsas creencias, como señala un artículo publicado en el último número del British Medical Journal. Beth Nash, la autora del trabajo, apunta algunos de estos errores:

- Eficacia terapéutica. Los tratamientos químicos como el malatión, el lindane, el permetrín y las piretrinas son eficaces. Pero otros tratamientos no están avalados por la investigación, como los preparados de herboristería y la aromaterapia, o la eliminación mecánica de los piojos con el peinado.

- Limpieza. No hay indicios que respalden la utilidad de limpiar las sábanas y la ropa, o de tratar los muebles con insecticida. Los piojos que se encuentran en las sillas, en las almohadas y en los sombreros están muertos, enfermos o viejos. O son simplemente fragmentos del caparazón y no pueden infectar.

- Asistencia al colegio. Prohibir que los niños con liendres vayan al colegio no tiene sentido. Aproximadamente la mitad de los niños enviados a casa por tener liendres en la cabeza no las tienen en realidad. Muchos expertos en salud pública creen que debería abandonarse la política de intentar suprimir completamente las liendres en los colegios.

- Corte de pelo. Muchos creen que cortar el pelo, o recogerlo atrás, es útil, pero no es así. Incluso puede aumentar la incidencia de la infestación al facilitar que los piojos se muevan de un lado a otro del cuero cabelludo.

- Niños y niñas. Los piojos de la cabeza son probablemente más comunes en las niñas no porque tengan el pelo más largo, sino porque tienen más tendencia a mantener un contacto más cercano durante el juego.

- Parásito y huésped. Los piojos que viven en la cabeza son completamente inofensivos. Si se separan de su huésped, los parásitos son vulnerables y mueren fácilmente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 10 de junio de 2003