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Tribuna:

No se puede callar

Cuando las bombas inteligentes estaban cayendo sobre Bagdad, y lo que veíamos en los periódicos y en las pantallas de televisión era imágenes de niños mutilados en camas de hospital desprovistas de todo, pensé que la batida del Gobierno de Cuba en contra de los escasos disidentes políticos, y los juicios de naturaleza sumaria a que fueron sometidos para condenarlos a largas penas de prisión, era una manera de actuar detrás de la cortina del humo levantado por los bombardeos de los aviones norteamericanos que sellaban la suerte de Irak como país ocupado.

Después, cuando la indignación mundial crecía ante el saqueo de los tesoros de la humanidad conservados en los museos de Bagdad, un saqueo vigilado por las tropas de ocupación de Estados Unidos, y las llamas consumían las bibliotecas que guardaban manuscritos milenarios, y vinieron los fusilamientos de los reos que habían querido secuestrar una embarcación en la bahía de La Habana, fusilamientos consumados en secreto y sólo anunciados después, creí que el ruido de los saqueos y, otra vez, el humo de los incendios estaba siendo usado como cortina de esas acciones, que pueden ser muy legales, pero no por eso dejan de causar estupor y rechazo.

Ahora, sin embargo, leyendo artículos que no pueden parecer sino concertados, publicados en distintos medios de prensa de América Latina por autores usualmente disciplinados con el Gobierno de Cuba, y que suelen defender sus medidas y acciones oficiales, creo poder entender las razones reales tanto de la prisión y juicio sumario a los disidentes, como los fusilamientos de los secuestradores. El alegato consiste en que Cuba no va a rendirse jamás, y que si es invadida por Estados Unidos, ahora que están a la orden del día las invasiones y las amenazas de invasión, los cubanos están dispuestos a luchar hasta el último hombre; y más importante que eso, para demostrar que no hay concesiones ni negociaciones posibles frente a las amenazas, se adelantan a demostrar que, en el caso de apretarse el cerco, los disidentes no serán dejados en paz ni libertad para formar una quinta columna que allane el camino del invasor.

Me parece que un país que se siente amenazado como seguramente se siente Cuba, en un clima enrarecido como el que el mundo está viviendo, cuando terminada la Operación Libertad para Irak todo parece indicar que se prepara el turno de Siria, tiene todo el derecho de formular una estrategia preventiva para tratar de evitar que se desarrolle, o se consolide, una agresión militar. Nadie puede ignorar que el enfrentamiento de Cuba con Estados Unidos, con altos y bajos, lleva ya casi medio siglo, lo mismo que las amenazas de invasión.

Pero las justificaciones se terminan cuando esa estrategia se hace con las vidas de seres humanos, fusilados por delitos repudiables como el secuestro, pero que en otras condiciones que no fueran consideradas de emergencia seguramente hubieran sido sólo dejados en prisión; o seres humanos procesados y enviados por largos años a la cárcel por el hecho de disentir en términos políticos y expresar esa disidencia de manera pacífica, a los que esa misma estrategia preventiva convierte en peones.

El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Felipe Pérez Roque, ha dicho en su más reciente conferencia de prensa que el hecho de que algunos de los disidentes no hayan sido apresados ni juzgados todavía, no quiere decir que no lo vayan a ser en el futuro, lo que no hace sino confirmar esta política de "cuotas" sacadas de un arsenal del que se irá echando mano si se necesita. Si los vientos cambian, ya se los entregarán como gracia a algún visitante extranjero de calibre, norteamericano o europeo, como ha sucedido antes.

La izquierda que se siente defensora de oficio del Gobierno de Cuba, yerre o no yerre, ya empieza a tratar de acallar a todos los que sienten sublevada su conciencia ante estos hechos deplorables, bajo el argumento de que se trata del derecho a la legítima defensa frente a los preludios de una agresión, y que cualquier voz en contrario le hace el juego al imperialismo. Es un viejo discurso que sólo hace honor a viejos preceptos escolásticos. La posición pública de José Saramago, por el contrario, siempre indeclinable en asuntos de principio, viene a decirnos que la lucidez crítica debe ser un atributo del pensamiento de izquierda.

No se puede guardar silencio bajo razones de alineamientos estratégicos, ese desgraciado "estás con Cuba o estás contra ella", porque sería lo mismo que pide Bush, o con los Estados Unidos o contra los Estados Unidos. Cuando se llega a aceptar que todo el que piensa diferente es un enemigo, y todo el que imprime una hoja volante en un mimeógrafo viejo es un delincuente, y que la falta de libertad de expresión total es el adorno de un sistema político, más bien que un defecto capital de ese sistema, porque se trata de un sistema "diferente", se está entonces dispuesto a justificarlo todo. Esa clase de socialismo no favorece ni enaltece a los seres humanos, sino que los mutila de la cabeza; es decir, los decapita.

Sergio Ramírez es escritor y fue vicepresidente de Nicaragua.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 1 de mayo de 2003