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Reportaje:

Casas inteligentes y artilugios futuristas en Sevilla

Se imagina que está en la oficina y su casa le llama por teléfono para decirle que tiene una inundación y preguntarle si cierra las llaves de paso o lo notifica a una empresa de servicios? No se trata de una película de ciencia-ficción, sino de algunas de las funciones de la casa domotizada que puede verse en el nuevo Pabellón de la Energía Viva, que abrió sus puertas el pasado 21 de noviembre. Este centro, que se ha erigido en adalid del ahorro y las energías limpias, ocupa el antiguo pabellón de Hungría de la Exposición Universal de 1992. El edificio, obra del arquitecto húngaro Imre Makoveck, es como el casco de un barco puesto boca abajo al que le han salido siete campanarios en el centro. La asimetría es reina absoluta del edificio, levantado en roble y pino y coronado con tejas de pizarra que parecen las escamas de un pez.

"Aquí todo se toca", dicen los monitores que abren las enormes puertas de madera a los visitantes para iniciar un recorrido por un futuro que ya es presente. Lo que muestra el pabellón, toda clase de artilugios que funcionan con energías renovables, engancha a todos los públicos y es el lugar ideal para visitar con niños. Además de las aplicaciones de la energía eólica, solar, térmica, fotovoltaica, de los usos de la domótica o de los cultivos hidropónicos (sin suelo), puede verse la sala del Árbol de la Vida, el paraíso del reciclaje. Este espacio, habitado por un enorme roble seco cuyas raíces pueden verse a través del suelo de cristal, funciona como un taller en el que los más pequeños pueden crear sus propios artilugios. Un buen final para la visita puede ser una merienda en la cafetería del pabellón, que lleva el Horno de San Buenaventura.

- Pabellón de la Energía Viva (954 46 71 46). Internet: www.pabellondelaenergiaviva.com. Marie Curie, s/n. Isla de La Cartuja. Sevilla. Abre a diario de 10.00 a 20.30. Precio: adultos, 5,60 euros; niños hasta 12 años, 4,95; menos de tres años, gratis.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 29 de marzo de 2003