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Entrevista:TROTAMUNDOS | MIGUEL PALACIO | DISEÑADOR | AIRE LIBRE

Nubes en la torre Eiffel

Dónde recala un modista entre desfiles? En París, desde luego. Le atrae casi tanto como a Bogart en Casablanca, valga el tópico. Y eso que ya vivió en la capital gala durante seis años. Para que luego digan que la residencia rompe el flechazo.

No le quedará ni un átomo de turista.

Poco, allí me siento tan en casa como en Madrid. Me fui a trabajar hace ocho años y regresé en 2001, así que tengo una vida hecha, amigos, lugares a los que regresar, paseos imprescindibles, tiendas favoritas...

Si le pido que me lleve a la Torre Eiffel, ¿me fulmina?

¡Qué va! Cuando vivía allí subía cuando me daba el punto. No lo hacía en las horas punta, cuando está llena de japoneses, sino en el último trayecto, ya de noche. O los días nublados.

Dicen que es un paraíso para el turista y un infierno para el ciudadano.

Creo que cuanto más tiempo pasas allí, más te atrae. Es una ciudad para recorrer. Es como un almacén lleno de objetos con historia. Encima, tienes campo a sólo media hora, así que cada día al salir de casa repetía: ¡qué suerte vivir aquí!

Ahora hace escapadas de dos semanas. Confiese su particular ruta del bakalao.

Más bien es una ruta de tiendas y arte. Siempre recorro Saint-Germaine y Montaigne, para ver las tiendas de los diseñadores. Soy de los que miran mucho y compran poco, pero siempre regreso con algún que otro capricho. Después visito una zona junto a la Carre de Austerlitz con galerías donde expone gente joven los jueves alternos. Me interesa la foto y el vídeo más que la pintura.

Así que en el Louvre no se le pierde nada.

Sí, porque justo enfrente de la pirámide está mi café favorito, el Marly. Sentarse y ver pasar a la gente es un lujazo. Me atrae poderosamente su ambiente joven, extranjero y moderno.

Lo de que allá se respira moda, ¿es un topicazo?

No, es la pura verdad. Cenas en casa de un amigo, y aunque no tenga nada que ver con ese mundo, notas la cultura de moda del parisiense. Lo llevan dentro. En Madrid, la gente viste muy discreta, no arriesga.

Critique algo, o me dará un ataque de chovinismo.

Allí uno se acostumbra a la dureza de trato. No existe ese calor humano tan español, pero creo que para ellos es una señal de respeto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 22 de marzo de 2003