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CATÁSTROFE ECOLÓGICA | Las movilizaciones ciudadanas

Los gallegos viajaron toda la noche en 1.200 autobuses para protestar en la capital

La marcha, con mayoría de jóvenes, se convirtió en una gran fiesta con música y disfraces

Los alrededores del parque del Retiro y la estación de Atocha se convirtieron en un enorme aparcamiento de autobuses. Más de 1.200, según los organizadores, llegaron desde todos los pueblos de Galicia para traer a unos 65.000 manifestantes, la mayoría jóvenes. Su presencia, la buena organización y las ganas de armar ruido, convirtieron el recorrido de la marcha, sobre todo al final, en una gran fiesta. Incluso las consignas críticas con el Gobierno, centradas en el presidente José María Aznar y muy duras en el fondo, tenían un toque irónico y juerguista: "Aznar: solidifícate".

Los movimientos contra la globalización, expertos en las nuevas y espectaculares formas de protestar, lo llaman la mani-fiesta-acción. Es una mezcla: consignas originales, individuales -cada manifestante lleva una pancarta personal o una camiseta pintada- música y actividades diversas, como ponerle banderas de Nunca Máis a Neptuno, el dios del mar. Un joven se sorprendió porque no esperaba lo que llamó una "discomanifa". Así se cumple con el objetivo básico, que es la protesta, pero no necesariamente de una forma aburrida. Nunca Máis siempre se ha destacado como movimiento ligado a la creatividad cultural, y se notó mucho en la manifestación. Carrozas, disfraces, coches con música a todo volumen, charangas, gaiteiros, bongos, tecno, muñeiras y jotas gallegas con letras para ridiculizar al Gobierno se mezclaron a lo largo de toda la marcha.

Los jóvenes gallegos, más organizados en cuanto a consignas e instrumentos musicales, animaban la fiesta de los madrileños que se solidarizaron con ellos. Apenas se les notaba en la cara la paliza que suponía un viaje de hasta siete horas de noche en autobús, para llegar a la capital a primera hora de la mañana. Muchos bailaron durante más de cuatro horas, lo que tardaron en llegar a la Puerta del Sol. Y de allí, poco después, de vuelta a Atocha, para subirse otra vez al autobús, que hoy es lunes.

La manifestación cumplió con otra norma que se está repitiendo en las últimas: un mejunje pacífico de reivindicaciones dispares coincide en la misma calle con un objetivo común. Ayer se protestaba por el Prestige, y nadie discutía eso. Es la única manera en la que pueden coincidir independentistas, republicanos, pacifistas, ecologistas, comunistas, socialistas, sindicalistas de Sintel, y gente sin filiación.

Cánticos y bilingüismo

Otra de las curiosidades de la marcha fue el dominio aplastante del gallego en los cánticos y lemas. Tanto que el consabido "con este Gobierno, vamos de culo" -que se canta caminando hacia atrás- lo transformaron algunos al castellano al darse cuenta de que algunas personas no podían seguir ese grito en un idioma que no conocen. De hecho, los discursos en la Puerta del Sol, que se prolongaron durante una interminable hora y media, fueron mitad en castellano mitad en gallego.

Los blancos de los ataques fueron Aznar, Francisco Álvarez-Cascos -también llamado monocascos y muy abucheado cuando se le citó- y Mariano Rajoy, "el señor de los hilillos". A Manuel Fraga los más radicales le recordaban su edad con cánticos muy duros. Pero no se olvidaron del presidente de EE UU: "Bush: si quieres petróleo, limpia el chapapote". Ya metidos en la juerga, el estribillo de Guantanamera fue transformada en "incompetencia, incompetencia total". La gente llegó a ladrar a coro para ridiculizar la acusación de Aznar, que dijo "ladran su rencor por las esquinas". También hubo espacio para la lírica: "Cuando el último mar sea contaminado y el último animal exterminado, os daréis cuenta de que el dinero no se come". Al final, madrileños, vascos y gallegos cantaron juntos el Miña Terra Galega de Siniestro Total.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 24 de febrero de 2003