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Editorial:

Colapso inexplicado

Los casi nueve millones de clientes de la compañía Vodafone, la primera empresa del mundo en telefonía celular, se quedaron el jueves sin servicio debido a una avería informática que, según la explicación de la empresa, provocó un colapso en la comunicación. Aunque Vodafone difundió a primeras horas de la tarde que la avería estaba solucionada, una gran parte de los usuarios siguieron sin poder comunicarse a través de su móvil durante toda la tarde y buena parte de la noche. Vodafone, en suma, dejó mudos y sordos a todos sus abonados debido a una avería sin precedentes que va a poner a prueba la capacidad de reacción de la compañía y, sobre todo, de los responsables políticos encargados de velar por la calidad del servicio telefónico en España.

El colapso de los móviles de Vodafone ha sorprendido al Ministerio de Ciencia y Tecnología, que dirige Josep Piqué, sin un reglamento aprobado que regule la calidad del servicio de telefonía móvil. Es una carencia tanto más sorprendente cuanto que el número de teléfonos móviles es ya superior al de aparatos fijos y la Administración prometió en 1999 que un vacío legal tan ostentoso sería cubierto con presteza. Cuatro años después, la desidia del Gobierno ha quedado sobradamente demostrada por la primera gran crisis técnica de una operadora de móviles en Europa.

La empresa está obligada ahora a ofrecer un servicio de reclamaciones ágil y generoso que compense la catastrófica gestión del jueves pasado; servicio que ayer brillaba por su ausencia. Pero, además de las indemnizaciones, Vodafone y la Administración tienen que aclarar varias cuestiones. Por ejemplo, si la compañía invierte lo debido en mantener y mejorar la calidad de sus redes y si la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones vigila que tales compromisos de inversión se cumplen, o si el Ministerio de Ciencia y Tecnología hará honor a su advertencia de no liberar los avales si la calidad del servicio es deficiente. Las conclusiones de los expedientes abiertos por el Gobierno central, catalán y andaluz no deberían demorarse hasta el olvido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 22 de febrero de 2003