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Detenido un hombre de 24 años por el asesinato de dos mujeres en un aparcamiento de Barcelona

Los investigadores aseguran que el móvil fue económico y descartan más implicados

La policía detuvo ayer en Barcelona a Juan José Pérez Rangel, de 24 años, acusado de ser el autor del asesinato de dos mujeres ocurrido en el plazo de 11 días en un aparcamiento del barrio del Putxet. El detenido no tiene antecedentes de ningún tipo y actualmente estaba en paro. Los investigadores aseguran que el móvil de los dos crímenes fue económico, pero estudian otras hipótesis porque consideran una "desproporción" que dos robos acabasen con la muerte tan violenta de las mujeres. Lo que sí descarta la policía es que haya más personas implicadas.

La detención se produjo sobre las 14.30 horas de ayer cuando Pérez Rangel circulaba en un vehículo con un familiar por la Ronda Litoral de Barcelona, una vía de circunvalación. No ofreció resistencia durante el arresto. La policía piensa apurar el plazo máximo de 72 horas que le permite la ley antes de pasarlo a disposición judicial a la espera de la obtención de más pruebas contundes contra él, como el estudio de unos restos orgánicos del supuesto agresor encontrados en el cadáver de la primera de las víctimas. Horas después de su detención, la policía condujo al detenido a su domicilio para tratar de localizar el calzado que correspondería a una de las huellas encontradas junto a la segunda víctima. También dejó huellas en el vaso de un bar donde tomó una consumición cuando la policía ya seguía su pista y en una tarjeta de crédito de una de las víctimas que se atascó en el cajero automático.

Las dos mujeres fueron asesinadas en el interior de un aparcamiento situado en el número 28 de la calle de Bertrán, de Barcelona y de manera muy similar. El 11 de enero el agresor apuñaló a Maria dels Àngeles Ribot, de 49 años, pero lo que le produjo la muerte fueron los golpes propinados con un objeto muy contundente que le causaron el hundimiento del cráneo. La segunda víctima, Maria Teresa de Diego, de 46 años, fue asesinada el pasado día 22, cuando se encontraba también dentro del aparcamiento. En este caso el crimen fue mucho más sádico, según relata la policía, porque el asesino acudió al lugar con unas esposas, una cuerda y una bolsa de plástico, que utilizó para inmovilizar a su víctima, a la que también ató el calzado con los cordones. En este caso no hubo apuñalamiento y la mujer murió a consecuencia de los golpes recibidos también en el cráneo con el mismo objeto contundente que no ha sido hallado.

Un caso singular

Miguel Ángel Fernández Rancaño, jefe superior de policía de Cataluña, admitió ayer que el doble crimen es un caso singular en la historia criminal española y que todavía se tardará unos días en desvelar algunos interrogantes. El detenido vivía en el barrio de La Mina de Sant Adrià de Besòs, junto al término municipal de Barcelona, pero su último empleo durante los últimos tres años había sido en una empresa textil de Granollers, una ciudad situada a 30 kilómetros al norte de la capital catalana. Tres días antes de cometer el primer crimen, dejó de acudir al trabajo y se dedicó a vagar por la ciudad.

Pérez Rangel alquiló durante abril y mayo del pasado año una plaza para su motocicleta en el mismo aparcamiento en el que se cometieron los crímenes, por lo que conocía a la perfección el lugar. Los cadáveres fueron encontrados al final de la escalera del aparcamiento, en la quinta planta.

Los dos cuerpos estaban vestidos, por lo que la policía descarta el móvil sexual, pero en ambos casos, el asesino robó a las mujeres algunos de sus objetos personales, como el teléfono móvil y la cartera, pero no las joyas ni el reloj. La policía asegura que sería "prematuro y temerario" centrar la investigación en los robos, por lo que baraja otras hipótesis. "Lo que sí está claro es que se han evitado más muertes", aseguran las mismas fuentes, "porque el acusado tiene un perfil de psicópata y sádico".

Con una tarjeta de crédito de la primera víctima, el acusado extrajo 300 euros. Días después, llamó al marido de Maria Àngels Ribot y le exigió 2.000 euros por facilitarle información sobre el crimen. El hombre reunió el dinero y después de dar vueltas por la ciudad concertaron una cita en un bar, pero no acudió. Sin embargo, las cámaras de un centro comercial captaron su imagen en uno de los lugares donde habían quedado y eso facilitó su identificación. Era la misma persona que aparecía en otra cámara de una estación de ferrocarriles dos minutos después de usar la tarjeta de la primera víctima. La única pista que hasta ahora vincula al detenido con el barrio del Putxet es que frecuentaba un bar de alterne de la zona.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 31 de enero de 2003